La Danza Negra

Danza negra, Lucho Bermúdez

2014/01/23

Por Juan Carlos Garay

Se oyen unos golpes acercándose, en un efecto de disolvencia inversa (es decir, del silencio a la música y no al revés) que debía de ser novedoso para su época. Son los tambores sensuales y contagiosos de la cumbia. Luego una trompeta que es seguida por la totalidad de la orquesta y, coronando esa melodía sencilla, la voz de Matilde Díaz: “Con el rumor de las palmeras / se siente el eco de música lejana / y a su compás las pilanderas / vienen cantando la cumbia colombiana”.

El músico Lucho Bermúdez plasmó varios retratos de la costa Caribe colombiana, pero este es casi cinematográfico: se ve la vegetación, se siente la brisa del mar, y al final se habla de un negro que sufre de mal de amores. Todo enmarcado por aquel estribillo que no deja lugar a dudas sobre el género que estamos escuchando: la cumbia colombiana.

Lo curioso de todo este asunto es que el compositor oriundo de Carmen de Bolívar escribió la canción en unas circunstancias y un paisaje muy distintos a los que está evocando.

En abril de 1946 Lucho Bermúdez y su compañera Matilde Díaz llegaron a Buenos Aires con el fin de impulsar su música y, aprovechando un auge de los sonidos tropicales en Argentina, grabar discos para la RCA Victor. Se sabe que la estadía se prolongó por diez meses, durante los cuales vivieron en el Hotel Madrid de la avenida de Mayo.

Era otoño. Las hojas de los árboles empezaban a teñirse de tonos ocres y el aire se tornaba incluso más frío que el de Bogotá. Por esos días se le presentó Bob Toledo, un cantante cartagenero que llevaba un año radicado en Argentina con relativo éxito: Toledo tiene el curioso honor de ser el primero que grabó tangos en inglés con la orquesta de Carlos Di Sarli. Bermúdez no dudó un instante del talento de Toledo y lo incorporó de inmediato en su siguiente proyecto: la primera versión grabada de “Danza negra”.

Aquella grabación no es tan famosa como la que hizo años después Matilde Díaz. Pero es bueno conocer el origen de la canción porque se entiende mejor su sentido nostálgico. El patriotismo se nos alborota a los colombianos cuando estamos lejos. Cuando Lucho se supo lejos de casa le escribió esa oda a las palmeras y a las pilanderas que no existían en su nuevo entorno porteño. Y remató con “el grito de un negro triste que canta sus amores”, que quizá no fuera sino un autorretrato emocional.

¿Y por qué la escribió en ritmo de cumbia? Una frase extraída de una entrevista que Bermúdez le concedió a Fabio Betancur en 1988 nos ofrece la gran pista: “La cumbia es la música más lenta, es el bolero de nosotros”.

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