Serigrafía sobre tela. Colección de arte del Banco de la República

Decoración de interiores, Beatriz González

2014/01/24

Por Humberto Junca

Si había gente que coleccionaba chistes de Turbay –comenta Beatriz González a Álvaro Barrios– yo lo que coleccionaba eran sus fotos (…): Turbay borracho (…), Turbay comulgando (…). Frente a la obra mía sobre Turbay, cualquier persona se da cuenta de que ahí hay algo más que la simple re-creación de una figura grotesca: la irracionalidad de su ejército, la inmoralidad, todo eso está ahí”. Así González se dedicó a recortar de revistas y periódicos las imágenes de Turbay para luego dibujarlas, pintarlas, imprimirlas, obsesiva y críticamente. Una de las obras más impactantes de ese periodo suyo como “pintora de la corte” (como ella misma se proclamó), es Decoración de interiores. Primero que todo, la pieza es monumental: una serigrafía a color (o dos si se cuenta su versión en blanco y negro) sobre tela, de tres metros de alto por catorce metros de largo, en donde se emplea como módulo la imagen de Turbay con una copa en una mano y un papel en la otra, en medio de una fiesta cantando coplas mexicanas. La artista instaló esta obra en el año 1981, en la Galería Garcés Velásquez pendiendo de un riel, como si fuera una cortina, con pliegues y todo; de tal manera la imagen del mandatario y sus acompañantes no se ve nunca por completo: se vuelve un patrón repetido sobre un telón larguísimo, sin centro, fragmentado, caprichoso. El título de la obra subraya lo que uno piensa frente al telón: esto es mera decoración (caprichosa y repetida, como lo que salía en el periódico a diario: Turbay borracho, Turbay comulgando, Turbay de gala en gala). Pero además, esa cortina, ese telón parecía ocultar algo (para eso son las cortinas, los telones) y eso es lo más importante al analizar esta obra. Frente a Decoración de interiores es inevitable preguntarse: ¿qué hay detrás de tanta pompa y festejo? Con esta pieza Beatriz González señaló, sagazmente y con mucho humor, la forma en que los medios de comunicación encubrían varias “realidades” tras las inocentes veladas del mandatario. Como se comprobaría después, detrás de la imagen pública conscientemente decorativa del gobierno de Turbay se ocultó (entre otras cosas) el horror del Estatuto de Seguridad y el sistemático y criminal exterminio de la oposición. Además, al vincular simbólicamente la decoración del interior de Palacio (donde fue tomada la fotografía) con la decoración del interior de la galería (donde se colgó la cortina impresa), González se pone a sí misma como blanco de su crítica (lo recalco: esta generación de artistas fue ejemplarmente autocrítica) pues parece estar diciendo: yo pinto, yo estampo telas, yo cuelgo cortinas, yo también decoro, porque el arte en este país es decorativo, es otra costosa y enorme fachada que sirve al poder hegemónico y no hay escapatoria… a menos que alguien corra la cortina.

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