Clímaco Urrutia, el manzanillo creado por el actor Jaime Santos .

El doctor manzanillo, Luis Enrique Osorio

2014/01/23

Por Alejandro González Puche

Luis Enrique Osorio construye en El doctor Manzanillo a unos de los pocos personajes que el teatro colombiano ha legado a la cultura popular. La obra, de corte costumbrista, fue estrenada en el Teatro Municipal de Bogotá por la Compañía Bogotana de Comedias el 6 de agosto de 1943, y en solo un mes realizó 50 representaciones. La obra recurre al mecanismo de la galería de personajes, en la que desfilan gamonales, curas, bobos, viudas, oficinistas, etc. La trama describe el asenso al poder de un personaje un tanto gris: César Manzanillo, candidato liberal a la asamblea, que cita a Locke, Rousseau y Engels y que, pese al dominio conservador de los años cuarenta, logra ascender en la política nacional hasta convertirse en gobernador encargado. En su vertiginosa carrera se vale de la adulación, la astucia y el verbo agudo como recursos certeros. La obra trascurre, en dos de sus tres actos, en un pueblo llamado Chirití, en la sala de la pensión que da al balcón de la plaza principal, tribuna y epicentro de la lucha política. La suerte del municipio depende del poder de don Lino, un cacique que se apropió del pueblo durante la hegemonía conservadora amenazando a los votantes con la excomunión. Mientras el mundo está en suspenso por los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, Chirití, con deficiente suministro de agua potable y luz eléctrica, se encuentra conmocionado por las elecciones.

En este entorno, Manzanillo es elegido diputado para después ascender hasta ser nombrado gobernador encargado; una vez en el poder pasa de la adulación y la tolerancia al despotismo clientelista: destituye sin misericordia, entrega puestos a los miembros de su maquinaria, endosa presupuestos, engrasa la prensa y simula obras públicas. Mecanismos por todos conocidos, pero que al ser puestos en escena debían dar la sensación de una enorme denuncia política, de ahí el éxito con que contó la obra. Desafortunadamente, cuando el personaje ya está configurado en la línea dramática de la corrupción y la denuncia política, el autor, en el tercer acto, lo devuelve a Chirití: privilegia la línea sentimental y su relación con la hija del gamonal conservador.

Luis Enrique Osorio ha sido un autor incómodo para el teatro colombiano, el cual nunca ha reconocido ni celebrado plenamente sus virtudes; se le considera bajo la influencia del español Alejandro Casona tanto en la forma de composición de sus obras, como en la relación que los dramaturgos sostuvieron con los regímenes de Franco y Rojas Pinilla, respectivamente. Pero pese a las deficiencias propias de su época, El doctor Manzanillo y, en general, su teatro se puede enmarcar dentro de algunos de los preceptos del Nuevo Teatro que tanto lo cuestionó; es decir, una dramaturgia que trata de reescribir la historia colombiana y de configurar personajes nacionales. Si la escena colombiana asumiera frecuentemente el montaje de esta obra como un clásico colombiano nuestra concepción sobre Manzanillo se configuraría con mayor plenitud.

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