El Cholo Valderrama

Entrada de Orocué, Corrido anónimo

2014/01/23

Por Marta Ruiz

Dicen que las revoluciones no se hacen con canciones, pero tampoco se hacen sin ellas. Ahí están los corridos mexicanos que permearon toda la cultura popular de ese país, o los sones campesinos de Cuba que narran las gestas heroicas del Che Guevara y de Fidel Castro. En Colombia los intentos revolucionarios han fracasado y por eso quizá sus canciones han quedado condenadas al olvido.

Sobreviven pocos, como los corridos de las guerrillas del Llano, que misteriosamente siguen vivos en la memoria oral colectiva. Unos pocos de ellos han sido grabados por artistas como El Cholo Valderrama. Es el caso de “Entrada a Orocué”, una canción que narra la batalla más sangrienta que se vivió en Casanare en tiempos de La Violencia.

Este corrido es una narración épica centrada en la figura mítica de Guadalupe Salcedo, el más radical de los guerrilleros liberales, que se levantó en armas contra la tiranía conservadora. Aunque Salcedo combatió apenas cuatro años, sus batallas fueron legendarias. Especialmente aquella del 18 de febrero de 1952, en Orocué, a orillas del río Meta.

Cuentan que eran 200 guerrilleros –armados casi todos con carabinas y varios con el cuatro terciado a un costado– los que atacaron una base militar desde la que el gobierno ordenaba bombardeos por toda la Orinoquía. Los bravos llaneros asaltaron por sorpresa a la tropa y al final de la escalofriante contienda el reguero de muertos superaba el medio centenar. Hay quienes dicen que aquel ha sido el revés militar más grande que ha recibido el Ejército incluso hasta nuestros días.

La canción relata con crudeza cada uno de los episodios de la toma y, con humor, cuenta la huida del capitán Quintero, quien dejó solos a sus hombres mientras corría a esconderse. La canción subraya el valor de los llaneros a la hora de pelear, y con una fuerte dosis de machismo les recuerda a los “montañeros” que “pelear en el llano no es como sembrar papa en el cerro”.

Estos corridos poco tienen que ver con las bucólicas postales del Llano. Son cantos militares y de protesta, denuncias construidas por los mismos combatientes, que no eran más que campesinos del Meta, Casanare y Arauca. No ha faltado también quien los acuse de ser piezas apologéticas o de propaganda bélica, en lo cual también hay mucho de cierto.

Si canciones como “Entrada a Orocué” no hacen parte de nuestro canon de música popular es quizá porque la propia historia de Guadalupe Salcedo ha sido desdeñada por el establecimiento. Después de que fue asesinado a traición en 1957, tres años después de dejar las armas, se le ha mantenido en la categoría de bandolero, y no como el héroe revolucionario al que tantas canciones le hicieron sus centauros.

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