Escena de la obra

Kilele, Felipe Vergara

2014/01/24

Por Eduardo Arias

El 2 de mayo de 2002 un combate entre guerrilleros y paramilitares en Bojayá (Chocó), obligó a centenares de habitantes del pueblo a refugiarse en la iglesia, donde estalló un cilindro de gas que lanzaron guerrilleros de las Farc y que provocó la muerte de 117 civiles. Esta circunstancia llevó al dramaturgo Felipe Vergara (Bogotá, 1977) a investigar durante tres meses en el Chocó y escribir el texto de Kilele, una obra de teatro que recrea la masacre y sus consecuencias. “La obra se alimentó de los más diversos imaginarios sobre el conflicto armado y de las verdades a medio decir. Surgió de los relatos de muchos velorios y novenas truncadas, de lágrimas prohibidas y de muertos insepultos. Tomó su forma gracias al brillo misterioso que tienen los ojos de quienes cultivan la resistencia”, dice Vergara.

Para los habitantes del río Atrato la palabra kilele significa fiesta y rebelión, y también es una manera de despedir y recordar a sus muertos. La obra se estrenó en el 2004 en Leeds (Reino Unido) y un año más tarde la montó el Grupo Varasanta, que dirige Fernando Montes. En el texto alternan menciones a los sucesos históricos y testimonios de quienes vivieron la tragedia con cantos tradicionales del Pacífico, así como alegorías y paralelismos con la tragedia griega y la Ilíada, como el que se establece entre el Caballo de Troya y la pipeta de gas. A los señores de la guerra de ambos bandos se los identifica como dioses, siendo los paramilitares aquellos que siembran “palma africana para satisfacer a su Dios. El árbol maldito que adoran los hijos del dios Elmer” (refiriéndose al bloque paramilitar Elmer Cárdenas). Algunas frases dan fe del dolor que padecen las víctimas de la masacre y de la lenta agonía de los sobrevivientes en su papel de  excluidos. “Los niños de por aquí son antipáticos. Dicen que no pueden jugar con desplazados”. “Por eso lo mataron. Al que más cosas sabe lo mata cualquiera”. El humor también se hace presente en la obra, como en la sátira de la ayuda humana a través de la ong Modelos Sin Fronteras.

La obra enmarca y analiza las distintas miradas de un conflicto más complejo que una simple lucha entre buenos y malos. Al final, el único consuelo de las víctimas es regresar para enterrar de manera digna a sus muertos. Además de sus aciertos teatrales y literarios, Kilele es una valiente propuesta artística que se enmarca en la necesidad de que las masacres no caigan en el olvido.

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