Fotograma de la película. Raúl Parra / Archivo Laboratorios Black Velvet

La cerca, Rubén Mendoza

2014/01/24

Por Samuel Castro

Cada vez que aparece una cinta o una serie de televisión donde la violencia es importante, sale algún periodista a preguntarle al director si no había otros temas más “positivos” para ser tratados. Y resulta que lo que falta es todo lo contrario: más propuestas. Que en el cine colombiano se hagan reflexiones y relatos que nos permitan explorar y entender la violencia de nuestra historia desde ángulos originales. Por eso es tan importante La cerca de Rubén Mendoza.

En ella, un padre y un hijo que no se quieren se encuentran el último día del año para resolver un pleito. La mamá de uno y esposa del otro les dejó como compromiso que una década después de su muerte tumbarían la cerca que separa el potrero del papá del que ella le heredó a Francisco, el hijo, seguramente con la intención de que los hombres intentaran hacer las paces. Pero desde el comienzo, con unos diálogos que hacen buen equilibrio entre el habla campesina y la dramaturgia, y gracias a una sólida estructura argumental, sabemos que el odio entre ambos será fácil de superar. Que el único muro donde Francisco no tiene un hueco para sacar la bandera blanca que lo protege contra la chusma sea el que da a la casa de Juan Cristo, es buen ejemplo de ello.

 

A diferencia de otras propuestas, Mendoza decide mostrar no solo lo superficial de la violencia, lo gráfico. Su exploración va más allá, intenta encontrar explicaciones a las preguntas fundamentales: ¿qué hace que nos estemos matando desde hace ya varias generaciones?, ¿por qué es tan difícil el perdón? Comprimidas en la duración de su cortometraje, casi impecable en su narración audiovisual (la iluminación justa para las escenas nocturnas, la edición que pasa con elegancia de la fantasía a la realidad sin necesidad de efectos artificiosos de posproducción), encontramos hipótesis y alegorías: el que la distribución de la tierra sea el detonante del conflicto entre los personajes principales; la mención de la violencia entre liberales y conservadores, en la que el padre, Juan Cristo, era uno de los asesinos; o que el único parecido entre ambos personajes sea su afición por el licor.

No es entonces que se hagan muchas películas sobre la violencia. Como lo demuestra La cerca, no se hacen las correctas, lo cual es distinto.

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