El Banco (Magdalena), 2007

La piragua, José Barros

2014/01/23

Por Germán Yances

Quince años le dio vueltas “La piragua” en la cabeza a José Barros, hasta que en 1969, en las postrimerías de la década que cambió el mundo para siempre, la dio por terminada en un bar maloliente en Bogotá de donde salió con ella bajo el brazo a ofrecerla a las disqueras.

Todavía sonaba el eco de la movilización de tres millones de estudiantes en Francia, en mayo del 68, en la que protestaban contra la guerra de Vietnam y por el prohibicionismo. Eran los años del nadaísmo y Woodstock. Años de agitación y contracultura. Apareció el hippismo que promovía a la vez la anarquía, el rechazo a la violencia y la preocupación por el medio ambiente. Explotó el boom que puso la obra de un grupo de escritores jóvenes latinoamericanos que ensayaban una narrativa nueva y muy americana, en las vitrinas de las principales librerías del mundo.

En eso andaba el mundo, cuando el cantante Gabriel Romero se interesó por la canción inédita de José Barros, que combinaba la morriña de los pescadores y el sabor de la fiesta Caribe, y la grabó con la Orquesta Los Black Star. De inmediato se convirtió en un éxito que sonó en la radio junto al “(Can’t Get No) Satisfaction” de los Rolling Stones, y que desde entonces nunca ha dejado de sonar.

“La piragua” queda planteada como un punto de confluencia en el mapa colombiano de sonoridades regionales, en el cual el tiple, el bambuco y la guabina le abren camino de honor a los tambores de cumbia.

Para Orlando Fals Borda, citado por Rafael Bassi, “La piragua” es una cumbia que combina las etnias que conforman nuestra raza cósmica: los tambores de los negros, la guacharaca de los indígenas y las melodías de algunos estilos blancos, y que combinados se siente la esencia enriquecedora de lo anfibio.

El pedestal en el que Colombia venera a José Barros (1915-2007) está levantado sobre una larga lista de composiciones que suenan a vallenato, pasillo, tango, bolero, currulao y cumbia.

En una especie de “dónde nacen las canciones”, José Barros contó en El Espectador, en febrero de 2004, la circunstancia, modo y lugar en que nació “La piragua”, a comienzos de la década de 1960 cuando regresó a su pueblo, El Banco (Magdalena), enfermo tras andar durante años por Colombia y por Centro y Suramérica, y entabla amistad con Guillermo Cubillos, un “cachaco” de Zipaquirá que quería mover mercancías por el río Cesar desde El Banco hasta Chimichagua.

En un taller amigo le fabricaron en un mes una canoa de doce metros a la que uno de los trabajadores le pintó con brocha en la proa y sin consultar con nadie el nombre de “La piragua”. Enorme, navegó majestuosa las aguas del río Cesar para fascinación de todos, hasta cuando los motores fuera de borda decretaron su obsolescencia.

Era como el Titanic en el río Cesar, dijo alguien.

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