Poemas de la ofensa, Jaime Jaramillo Escobar

2014/01/23

Por Luis Fernando Afanador

Poemas de la ofensa es uno de los grandes libros de la poesía colombiana. Aunque por su carácter bizarro tardó en ser aceptado en el canon poético nacional, no puede decirse que haya pasado desapercibido: en 1967 ganó el Premio de Poesía Cassius Clay, organizado por el Nadaísmo. La publicidad del premio sacó a la luz no solo una obra sino también a un autor: el mítico X-504 no era un personaje maldito, ni el seudónimo de un poeta famoso, sino la máscara de Jaime Jaramillo Escobar, un cumplido funcionario de la administración de impuestos que se convertiría en el nadaísta menos nadaísta.

En su Antología crítica de la poesía colombiana (1979), Andrés Holguín todavía se preguntaba: “Lo extraño es que esta lírica impar no haya sido valorada, situada adecuadamente, todavía”.  La crítica tardó en asimilar su importancia pero no los lectores ni los poetas, según lo ha expresado Darío Jaramillo Agudelo: “Los poemas de la ofensa es un libro que conserva la misma fuerza, la misma originalidad, la misma belleza, idéntico misterio –y más–, que en aquellos tiempos en que eran joven poesía”.

Uno de los temas centrales de Poemas de la ofensa es la muerte. Con el formato del versículo, del poema en prosa, el poeta aborda la muerte en un tono que va de lo trascendental a lo burlesco. En apariencia, una poesía metafísica, en la que no aparece por ninguna parte nuestra realidad, como sí ocurrirá en los siguientes libros: Sombrero de ahogado y Poemas de tierra caliente. Sin embargo, al repasar la historia de la poesía colombiana, es fácil concluir que el tema de la muerte fue obsesivo en los poetas de los años cincuenta y sesenta. Y también resulta fácil encontrar la respuesta: son las décadas de La Violencia partidista y del surgimiento de la violencia guerrillera y contraguerrillera. Aviso a los moribundos, escribe Jaramillo Escobar; Moirologhia, escribe Álvaro Mutis. Las coincidencias entre los dos poemas son asombrosas. La historia se cuela hasta en la torre de marfil de los escritores.

Hay otro tema en Poemas de la ofensa que no se ha resaltado como se merece y que lo convierte en pionero: la homosexualidad masculina. Y no tanto por el hecho de abordarla por primera vez sino por la forma natural en que lo hace en una época en la cual estaba proscrita: “Hoy tengo ganas de encontrarte en la calle, / y que nos sentemos en un café a hablar largamente de las cosas pequeñas de la vida, / a recordar de cuando tú fuiste soldado (…)”.

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