La Orquesta de Lucho Bermúdez en el Club Campestre de Medellín a finales de los años cuarenta.

Prende la vela, Lucho Bermúdez

2014/01/23

Por Iván Benavides

Durante las fiestas novembrinas de 1938 en Cartagena, sobre el ritmo frenético del mapalé, suena por primera vez la poderosa orquestación de un tema que narra la alegría de una rueda de baile. Cuando Lucho Bermúdez compone “Prende la vela”, las élites de nuestro país rechazaban la música tropical. Mientras el maestro mencionaba a los negros como “vigilantes de nuestros movimientos artísticos y espirituales”, Enrique Santos Montejo, Calibán, director de El Tiempo, escribía con desdén acerca de su música, a la que definía como “una merienda de negros”. Éramos un país parroquial, conservador y pacato, en el que todo estaba por hacerse. Ese rechazo por nuestra música popular era un síntoma manifiesto del desprecio por el pueblo por parte de una minoría esnob, algo que desafortunadamente sigue ocurriendo en algunos sectores de nuestra sociedad.

La resistencia de la élite comienza a ceder ante la irrupción de la música grabada y el auge de la radio. Las industrias culturales en los años cuarenta realizan una labor de reingeniería en el imaginario de los latinoamericanos, que termina proyectando el son, el bolero, el tango y la ranchera como aires pan-latinos. Lucho Bermúdez entiende que la verdadera modernización no consiste en el consumo pasivo, ni en la imitación de los productos culturales foráneos, sino en una dinámica creativa que reconoce las expresiones propias y dialoga con lo contemporáneo. Explora los aires de nuestra Costa Atlántica e incorpora las sonoridades del jazz tan en boga en su tiempo. En ese diálogo fecundo encuentra el vínculo esencial que hermana a todas las músicas de la gran cuenca del Caribe y conecta al Mississippi con el Magdalena.

Su vida itinerante lo lleva de su natal Carmen de Bolívar, a Cartagena, Barranquilla, Bogotá, Medellín, Buenos Aires, La Habana, México, ciudades donde reside por temporadas y realiza grabaciones que hacen que durante esos años Colombia fuera reconocida por su música.

Lucho Bermúdez logra desarrollar gran parte de su obra musical en medio de una de las épocas más sombrías de nuestra historia. Su aporte a la construcción de nación e identidad es invaluable. En un país excluyente, que no se sentía orgulloso de su tradición musical ni de su música popular, Lucho prende la vela, su música se propaga como el fuego, derrumba prejuicios regionales y abre el camino para el inatajable ascenso de nuestra música tropical en Colombia y el mundo.

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