Los Rolling Stones en su American Tour, 1969

¡Que viva la música!, Andrés Caicedo

2014/01/24

Por Catalina Holguín

Hoy la vuelven película. Hace dos años, Alfaguara hizo una reedición con textos introductorios, todos muy importantes. Pero antes de esta canonización mercantil, Colcultura publicó en 1977 una novela filosa y desfachatada, que instó a los impresores a remitirse a su editor, Juan Gustavo Cobo Borda. Le pidieron que reflexionara, que cómo iba a publicar esa cosa que atacaba las buenas costumbres, la familia y la moral. Imagínese una novela en la que una niña bien de Cali se entrega a drogas, sexo y salsa, cuando esa era música de burdeles y la psicodelia un invento de gringos deschavetados. “Era totalmente distinta”, cuenta Cobo. “Estábamos hasta las narices de la cosa rural violenta, de las quemas de casas, de las violaciones, todo en el marco de una Colombia vieja, de los machetes y los conservadores. Era sorprendentemente urbana, ágil, con mucho humor”.

La novela salió el 4 de marzo de 1977, llegó a manos de su joven autor y se convirtió en bomba que estalló primero en sus manos –Caicedo se suicidó ese mismo día–, y sigue estallando dentro de cada pelado que la lee a buena edad y hace suyo cada desvelo y cada golpe de tambor. La rebeldía y la autodestrucción son parte de este país, como lo son las drogas, la juventud febril, los ríos y los cuerpos. Lo sabemos hoy, pero Caicedo lo supo antes y compuso un texto que 30 años después se lee como manifiesto de vida y muerte, como el latido furioso de un corazón solitario que pelea contra la godarria enquistada de este país de católicos bien comportados.

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