Foto: León Dario Peláez

Treno, Clemencia Echeverri

2014/01/24

Por María Victoria Uribe

Cuenta Clemencia Echeverri que un día cualquiera recibió la llamada telefónica de una mujer angustiada que le dijo: “No sé qué haremos, señora; se llevaron a mi hijo… A media noche llegaron y se lo llevaron”. La mujer llamaba desde una vereda de Caldas. La conversación telefónica fue para Clemencia un llamado áspero y seco, un llamado de reclamo y sin réplica. Dice la artista: “Sentí por un momento que caminaba por la casa, cuartos interminables, uno a uno, las camas tendidas, la madera reseca y sonora, corredores sin fin. Seguí buscando y encontré las chambranas peladas, el comején trabajando, los sanitarios sin agua, los baños sin espejos… retratos amarrillos en las paredes, mis abuelos, mis bisabuelos, mis padres, los perros, la quebrada”.

“Treno” es un canto fúnebre (o lamentación por una desgracia) en la poesía griega antigua. Y es el vocablo que da origen a esta videoinstalación de catorce minutos con sonido en la que dos proyecciones de video enfrentadas muestran el fluir del río Cauca, en su pasaje por la vereda de Caldas, donde la artista pasó parte de su infancia. Las enormes imágenes en movimiento (en su proyección en el Museo de la Universidad Nacional) y el sonido poderoso y abrumador del agua reclaman la atención del espectador casi con violencia. Quien mira está en medio del río, entre sus dos orillas, viendo el cauce que sube y baja y cambia de coloración con el movimiento de la luz del sol.

Treno hace alusión a la destrucción sin signos que ha caracterizado la desaparición forzada en Colombia, a partir de unos gritos desgarradores que buscan en la nada. La artista practica una delicada alquimia con el fin de apropiarse de unos sonidos que, aunque provienen de otro lado, hacen eco en su propia psiquis y en la de tantos otros colombianos. Treno es una obra abstracta pero paradójicamente contextual, desgarradora y contundente.

La materia viva y el documento han sido esenciales para esta artista preocupada por buscar y encontrar el sustrato invisible de los acontecimientos. Su obra semeja una compleja estratigrafía de sentidos como la que leen los arqueólogos que buscan trazas de sentido en los restos que deja la vida cotidiana. “Conocer lo que allí se removía” parece ser el sentido de las construcciones sonoras y visuales de Clemencia Echeverri, hurgar en el sentido de algo que está allí pero que ha sido transformado. Su obra nos remite a la profundidad del sentido de lo auditivo, a lo más primario de nuestra memoria sonora.

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