Fernando González durante su recorrido. Archivo corporación Otraparte

Viaje a pie Fernando González

2014/01/23

Por César Mackenzie

Fue Gonzalo Arango quien en 1967 resucitó este libro, casi muerto desde 1930 cuando el monseñor Manuel Caycedo decretó en Medellín que la lectura de Viaje a pie era un pecado mortal. Pero su autor, Fernando González, un raro, cínico y genial, un joven ya muy viejo que nació en Envigado en 1895, que se graduó de abogado en Medellín, era todo un filósofo y los líos con la Iglesia poco o nada lo desvelaban. Lo alegraba sí que los 20 ejemplares que publicó la editorial Le Livre Libre, en París, hubieran hecho sus estragos no bien llegaron al país en diciembre de 1929.

A finales de 1928, González se fue de viaje con su amigo Benjamín Correa; parten de Envigado y emprenden un periplo de 29 días en los que pasan por La Ceja, Aguadas, Manizales, Cali… Viaje a pie nos cuenta cómo fue ese recorrido, pero eso es apenas algo, muy pequeño, de lo que se trata este libro.

Es la Colombia de Miguel Abadía Méndez, último presidente de la hegemonía conservadora; son los tiempos en que llega el Partido Comunista y el Gobierno comienza a perseguirlo. Se inicia entonces una violencia inenarrable, hija de la farsa del poder que tanto inauguraba confederaciones obreras como reprimía a sangre y fuego las manifestaciones sociales. Se fundan y prohíben sindicatos; en 1926 los estudiantes de la Universidad Libre se levantan. El entonces ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, pontificaba en 1927: “Ha surgido un peligro nuevo y temible, quizás el más grande que haya tenido durante su existencia la patria (…). ¡Tal es el peligro bolchevique!”. Hasta que a finales de 1928 Abadía Méndez firma una ley contra el bolchevismo y el comunismo y limita también la libertad de prensa. El pueblo se levanta, hay disturbios; y viene la huelga y la posterior muerte de cientos de obreros bananeros en Ciénaga: mercantilizados, recibían 2 pesos de la United Fruit Company al día en bonos redimibles en las cooperativas de la misma United.

Estos hechos marcarían, desde luego, un antes y un después en la historia de Colombia; así como Viaje a pie marca un hito en la historia de la literatura y la filosofía colombianas. No se ve, de frente, tocado por el anticomunismo ni por el discurso del Komintern, pero es de facto un texto político, que habla de y para Colombia, anticlerical y liberal, de una sabiduría natural y nostálgica; una ética del desapego; un libro y un autor que aman y enseñan a amar a su país, a pesar de ser muy tristes. “Pero la gran tristeza es nuestra Colombia de hoy, que ya no tiene energía siquiera para producir revolucionarios. Vivimos en una paz cadavérica”, acotaría el filósofo de Otraparte.

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