Elenco de la telenovela

Caballo viejo, Bernardo Romero Pereiro

2014/01/24

Por Juan José Botero

Melodramas hay en cualquier parte del mundo. Pero es en Latinoamérica donde constituyen un rasgo definitorio de su cultura, particularmente en su versión de telenovela. Y entre los melodramas hay un género que es característico de la cultura popular colombiana: el de la (mal) llamada “telenovela regional”. Se puede sostener que el desarrollo de este género representado en Caballo viejo, ha contribuido a la emergencia de una identidad nacional, y ello de un modo particularmente adaptado a nuestra realidad histórica: a partir del reconocimiento de la riqueza de su pluralidad regional.

En primer lugar, se trata de un melodrama que no se toma en serio. Que la némesis de Epifanio del Cristo se llame Reencarnación Vargas (“¡Yo!”), y que este haya participado en cuanta batalla histórica se pueda evocar es una muestra clara de ello. La obra está llena de personajes que encarnan de manera “mamagallística” los estereotipos de los culebrones. Además, las situaciones dramáticas, al involucrar este tipo de personajes, explotan los conflictos típicos de las telenovelas de un modo que reemplaza la truculencia por el ingenio. Por eso, quienes la vieron recuerdan que Caballo viejo era una telenovela que se miraba con una sonrisa.

En segundo lugar, apuesta a la calidad literaria, narrativa y dramática por encima del estereotipo del culebrón. Y lo logra al apoyarse en la fortaleza de rasgos culturales regionales, trabajados con talento y creatividad, y por ello mismo capaces de captar audiencias globales. Más allá de la división administrativa del país, hay conexiones entre diversas y distanciadas regiones que pueden resultar imperceptibles a la observación analítica. Estas conexiones, en cambio, operan de un modo eficiente en productos como Caballo viejo porque allí emergen en la fluidez de su existencia cotidiana y se integran a la vivencia experiencial de una audiencia desprevenida.

Creo que una lección importante de la telenovela Caballo viejo podría resumirse del siguiente modo: Colombia construye su identidad cultural de abajo hacia arriba, desde la riqueza de su diversidad, y no desde ideologías omni-abarcantes. Y una característica de esta identidad parece que podría ser una inclinación hacia el “buen vivir” más que hacia la “vida correcta”. Por eso es una sociedad que, a pesar de todo, se considera “feliz”.

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