Grabado, litografía sobre papel. Colección de Arte del Banco de la República.

Colombia, Antonio Caro

2014/01/24

Por Lucas Ospina

Los jóvenes saben mucho y hacen poco”, dice Antonio Caro en un video en el que habla sobre Colombia Coca Cola. Caro tenía 27 años cuando hizo en 1976 esa pieza emblemática que le significó su grado como artista y reconocimiento nacional e internacional. Pero la hizo sin graduarse de arte: se ganaba la vida, en parte, haciendo trabajos de publicidad y mantenía sus gastos al mínimo, como siempre lo ha hecho, para tener autonomía y seguir así, sabiendo mucho pero haciendo poco.

Antes Caro había hecho una imagen con la tapa esquemática de la cajetilla de Marlboro pero cambiando el nombre de los cigarrillos por un letrero que decía “Colombia”. “Un artista es alguien que produce cosas que la gente no necesita tener pero que él, por alguna razón, piensa que sería una buena idea darles”, decía Andy Warhol. Se puede trucar artista por publicista, solo que el artista, o algunos artistas como Caro, pueden darse el lujo de producir vacío, pues, ¿qué quería decir ese Marlboro Colombia? Puro humo…

A Caro alguien le dijo: “Si usted ya hizo el Marlboro, pues haga la Coca Cola”. Caro no quería tener que ver con la pintura y le encomendó la pieza a un artista de letreros callejeros que, apenas vio el boceto de la idea, dijo: “Eso está choneto, yo se lo mejoro”.

Caro en el video explica lo obvio, la sincronía rítmica entre Colombia y Coca Cola: “Ocho letras por un lado igual ocho letras por el otro”, una música básica que adquiere visos de epifanía mercantil, de poema concreto, de juego jugado con seriedad, como debe ser.

Caro comenta los problemas de diseño, las letras que se repiten en ambos nombres. El problema eran la m, la b y la i, que había que inventar. A un papel oficial de la “International Company” le roban dos de los tres tipos faltantes. “El problema fue la b -dice Caro-, la b de bobo, ese fue el problema grave y, como soy bobo, pude hacer la b de bobo”. Y agrega: “El arte es simplemente darle o no darle al blanco”.

Y Caro le pegó a algo. La obra estuvo en un Salón Nacional de Artistas y se reprodujo por varios medios; era tan fotogénica como las calcomanías paródicas que ya adornaban algunos buses anárquicos de servicio público y decían “Coma-Caca” con la letra de Coca Cola, solo que el mensaje de Caro era tan abierto como incierto: mientras un curador entusiasta interpretaba la pieza como “ejemplo de verdadero arte político”, un crítico reaccionario la graduaba de “tontería simpática, o sea una boutade”.

Pero para Caro el foco del problema estaba en otro lado: “Fue el punto sobre la i, porque yo soy una persona que no pone puntos sobre la i, y la gente decía, ¿será que hace falta?, ¿será que no hace falta?, ¿será que se equivocó?”. En el video Caro hace un boceto de Colombia, le pone el punto faltante a la i y lo usa de comienzo para trazar un signo de interrogación. “Afortunadamente uno nunca sabe lo que está haciendo -dice Caro-, y mucho menos para dónde va”. 

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