Fotograma de la película.

Garras de oro, P.P. Jambrina

2014/01/23

Por Jaime E. Manrique

Nuestro cine casi nunca tiene la oportunidad de ondear la bandera de la novedad, es decir, no somos los pioneros de casi nada, al menos en lo que respecta al séptimo arte. Sin embargo, sí podemos preciarnos, según los historiadores del cine nacional, de tener la primera película antimperialista del cine mundial. Esta es Garras de oro de P.P. Jambrina (seudónimo de Alfonso Martínez Velasco, alcalde de Cali en 1930), que desde su título en inglés, The Dawn of Justice, empieza a revelar sus intenciones de denuncia.

Pese a no estar completa, los 50 minutos que se encuentran conservados nos permiten disfrutar del arriesgado ánimo por dejar, un par de décadas después de la pérdida de Panamá por un puñado de dólares, una evidencia de cómo el gobierno colombiano cedió ante las presiones y ofrecimientos norteamericanos para entregar una parte de su territorio, con la única finalidad de permitirle a una fuerza extranjera el desarrollo de un proyecto interoceánico para beneficiar el crecimiento de su economía en detrimento de nuestra soberanía y dignidad.

A través de una intricada historia que tiene como protagonista a un periodista norteamericano del periódico The World, quien intenta limpiar el nombre de su director al atreverse a denunciar públicamente a Theodore Roosevelt y la infamia colonizadora de sus tratados, nos sumergimos en una trama de espionaje que revela tristes personajes de nuestra historia y sus inexistentes principios morales.

Los seudónimos que se presentan a lo largo de toda la ficha técnica de este osado largometraje nacional, son clara evidencia de la inminente polémica que intuían atinadamente sus creadores, quienes con más valor que eficacia no dudaron en dejar para la historia este valioso testimonio que hoy continúa recordándonos la impunidad que reinó y reinará frente a un capítulo más que vergonzoso de nuestra historia de servilismo ante las naciones poderosas. Y aunque el discurso puede llegar a sonar profundamente trasnochado, son los juegos simbólicos que la película propone los que nos permiten ingresar lentamente en lo profundo de nuestra dignidad histórica, para sentirnos desgarrados en medio la ingenuidad narrativa con la que se van presentando los hechos de esta ficción que se atreve a enfrentarnos a la historia.

Los destellos de genialidad, pero sobre todo de dolor de patria, son claros desde el letrero inicial de la película cuando leemos “Cine-Novela para defender del olvido un precioso episodio de la historia contemporánea, que hubo la fortuna de ser piedra inicial contra uno que despedazó nuestro escudo y abatió nuestras águilas”.

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