Video. Cortesía Juan Manuel Echavarría

Guerra y pa, Juan Manuel Echavarría

2014/01/24

Por Pedro Adrián Zuluaga

Maniquíes mutilados, huesos humanos que simulan flores cortadas, bocas que cantan contra el olvido, escuelas abandonadas, cuerpos arrojados al río de la indiferencia a los que unos “desconocidos” les rinden homenaje y protección, pinturas que exorcizan fantasmas. La obra del artista antioqueño Juan Manuel Echavarría ha registrado desde hace casi dos décadas las huellas de la guerra. No la guerra en sí misma, la cual permanece irrepresentable.

En este opus sobre los desastres de la guerra –pero también sobre los gestos de dignidad que resisten a sus efectos– los formatos son flexibles: fotografía, video, pintura, documental, sin que se afecte la unidad. Lo que obras como Retratos, Corte de florero, Bocas de ceniza, Escuela Nueva o Réquiem NN transmiten, tiene por lo general la contundencia de lo simple, lo que las convierte en poderosas sinécdoques que nos permiten dimensionar la totalidad del conflicto colombiano.

Guerra y pa es un video de nueve minutos realizado en el 2001, en un contexto político marcado por el fracaso de las negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las Farc. Echavarría trabaja con elementos mínimos y un lenguaje decantado: la imagen y el sonido de dos loros que ocupan y desocupan un palo de madera –que también es una cruz– emplazado sobre un fondo claro. Son diez fragmentos, cada uno separado por un fundido en blanco de la imagen. Uno de los loros dice “guerra”, el otro “pa”. Los animales, peleando por su espacio a picotazos como si ambos no cupieran en él, interpretan a su manera la tragicomedia política colombiana.

Los loros fueron entrenados por Bonifacio Pacheco, un amigo del artista, en el Caribe colombiano, en el municipio de Barú. Esto explica que el animal preparado para decir paz no pronuncie la “z”. Lo que en principio fue un accidente lingüístico no previsto por Echavarría terminó por producir significados nuevos: la paz es una palabra mutilada. Mientras la guerra suena nítida, la paz es casi ininteligible. Pa es también la onomatopeya que se ha popularizado para recrear el sonido de los disparos: ¿hay que hacer la guerra para conquistar la paz? Echavarría muestra cómo las palabras “guerra” y “paz” se convierten en eslóganes vaciados de contenido, palabras que los políticos repiten mecánicamente. El logro de este video es haber encontrado la manera de ser crítico de forma llana, evitando cuestionar la retórica política con retórica artística. En medio de las conversaciones en La Habana, y a propósito del uso político de los discursos sobre la guerra y la paz, el video de Echavarría gana una perturbadora actualidad.

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