Los Carrangueros de Ráquira

La cucharita, Los Carrangueros de Ráquira

2014/01/24

Por Juan Carlos Garay

La historia detrás de “La cucharita” es casi tan sencilla como la letra de la canción. En 1980 Los Carrangueros de Ráquira solo eran conocidos –pero seguidos con fervor– por los oyentes de Radio Furatena, una emisora que cubre todo el territorio de Chiquinquirá y las veredas aledañas.

Los Carrangueros traían a colación varias coplas populares, las musicalizaban y las cantaban en vivo. Un día llegó la carta de un oyente desde la vereda de Velandia, en el municipio de Saboyá, que tenía información sobre coplas antiguas españolas. Los músicos decidieron ir hasta su casa y el oyente, Gregorio Martínez, los agasajó ofreciéndoles papas con ají.

Ahí es cuando entra en escena la cucharita: el ají se servía con una pequeña cuchara de hueso que al cantante Jorge Velosa le pareció una obra maestra de la artesanía. No solamente “se la hizo regalar” sino que la guardó todo el tiempo en su mochila y la convirtió en su amuleto. Hasta un día que tuvo que ir a Bogotá a hacer unas diligencias y le sonsacaron varias cosas de la mochila. “Se llevaron mis documentos, pero me dio más berriondera por la cucharita”. Y con esa berriondera viva, en el bus de regreso, fue armando en su mente los primeros versos de la canción. “Es casi un lamento”, observa hoy.

Fue el inicio de una asonada carranguera que tuvo mayor eco cuando el sello disquero fm los firmó para grabar su primer disco. Locutores populares como Libardo González “El ciego de oro” la dieron a conocer a un público más amplio, y luego vino una invitación a tocar en el Madison Square Garden de Nueva York en 1981, en un concierto transmitido por la televisión nacional que llevó al periodista Juan Gossaín a afirmar que Los Carrangueros eran “los Beatles boyacenses”.

Detrás de su evidente sencillez, “La cucharita” está narrando, sin proponérselo, una historia de éxodo del campo a las ciudades y una primera experiencia desagradable, como les habrá pasado a muchos campesinos, en la selva de cemento. La ayuda un sonido limpio, sin artificios (una casa disquera les había propuesto convertirlo en un tema tropical) y una transparencia que la destaca incluso dentro del espectro de la música andina. Al final, como dijo un sociólogo contemporáneo, “la cucharita no se perdió; está en el inconsciente colectivo de los colombianos”.

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