San Basilio de Palenque, 2012. Juan Carlos Siera / Semana

La rebelión, Joe Arroyo

2014/01/24

Por Iván Benavides

En este país de silencios y exclusiones, la voz de Joe Arroyo resonó con fuerza inusitada para contarnos “un pedacito de la historia negra”. En 1986, “La rebelión” marcó un hito en la historia de la música colombiana y terminó de consagrar al Joe a nivel nacional e internacional.

Álvaro José Arroyo nació en 1955 en el barrio Nariño de Cartagena, asentamiento de palenqueros herederos de lo más auténtico de la cultura negra y cimarrona. Joe, que siempre fue un innovador, nunca perdió esa conexión con lo ancestral y de ahí el acento étnico de muchas de sus canciones. No olvidemos que Cartagena fue el escenario principal de entrada de negros esclavizados por parte de los europeos, que es la ciudad más inequitativa de Colombia y que un alto porcentaje de la población marginal es afrodescendiente.

Discípulo aventajado de la calle y de la noche, empezó a cantar en bares y burdeles de Tesca siendo todavía un niño. En 1971, apenas saliendo de su adolescencia ya estaba en tarima con Fruko y sus Tesos con quien cantó sus primeros éxitos. En 1981 fundó su propio proyecto, Joe Arroyo y La Verdad, y se convirtió en el rey indiscutido del Carnaval de Barranquilla, su ciudad adoptiva. Joe bebió ávidamente de diferentes fuentes: la salsa, los sonidos africanos, la música antillana y el folclor de nuestra costa Caribe y con esos ingredientes creó una mezcla rítmica original, potente y contagiosa. García Márquez dice que nuestra insignia es la desmesura, y el Joe tan exuberante en su canto y en su búsqueda se extravió muchas veces en los oscuros caminos del exceso.

En “La rebelión” nos encontramos con una síntesis de lo mejor del Joe vital, espiritual y social: a su inigualable voz y su habilidad para sonear y pregonar, se suma su capacidad como compositor (a pesar de no tocar ningún instrumento), su carisma y entrega en escena y su capacidad de comunión con el gran público. El resultado: un sonido callejero y moderno fuertemente enraizado en lo mejor de los sonidos de la diáspora africana. Al ensamble de su orquesta La Verdad, contribuyen de manera importante grandes músicos como el Michi Sarmiento, arreglista del tema, y el pianista Chelito de Castro quien lo acompañó en sus mejores años.

Joe decía que “La rebelión” no era una canción sino un guion cinematográfico. Pocos artistas en el mundo han logrado captar el alma y la historia de los pueblos afro como lo hizo el Joe con esta pequeña obra maestra. |

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