Puerto Nariño (Amazonas). Álvaro Cardona / Semana

La nueva tierra del olvido, Carlos Vives

El 31 de julio se estrenó el nuevo video de la canción del cantante samario con la colaboración de artistas como Andrea Echeverri, el grupo Herencia de Timbiquí y el Coral group de Providencia. Recordamos la historia detrás de esta canción.

2014/01/24

Por Giuseppe Caputo

La tierra del olvido, ¿cuál es, dónde queda? La pregunta sorprende a dos barranquilleros que bailaban el tema: dijeron, antes de pararse, que es su canción, que siempre que suena la bailan. Él dice que nunca lo había pensado. Que para él, la canción es sobre amor, y repite los versos del coro: “Tú tienes la llave de mi corazón. / Yo te quiero / más que a mi vida porque sin tu amor / yo me muero”. Ella recuerda la portada del cd: dice que la tierra del olvido es la Sierra Nevada de Santa Marta, su rincón más alto, donde viven los los taironas.

Y dice que es Colombia, como puede serlo toda América Latina. Recordamos, así, el discurso de García Márquez en Estocolmo: su mención de la opresión, el saqueo y el abandono, y de “la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia” como el resultado de “injusticias seculares y amarguras sin cuento”.

La tierra del olvido es Colombia y la tierra olvidada de Colombia: la periferia de la periferia. Las 10.000.000 de hectáreas aptas para la agricultura que, según la revista Semana, aún no son productivas. El mapa del uso de nuestra tierra que, según el Instituto Agustín Codazzi, no podría ser peor. Todos los departamentos relegados. Y vuelven a sonar las palabras del diputado Rodrigo Mesa, para quien “la plata que uno le meta al Chocó es como meterle perfume a un bollo”.

Mesa, en un principio inhabilitado de su cargo por tráfico de influencias, y luego por insultar a un departamento entero y por falsedad en su hoja de vida, logró volver a la Asamblea de Antioquia: la tierra del olvido es la tierra que no quiere tener memoria. La tierra que, desde un olvido voluntario –es decir, desde el autoengaño y la indolencia– le ha dado la espalda a la realidad, a la pobreza y a la violencia que sigue existiendo y sigue desarrollándose, para pensarse, digamos, el país más feliz del mundo.

“La tierra del olvido” es, claro, un canto al amor romántico. Y como canto, invierte los roles convencionales de hombre y mujer. Porque la mujer, aquí, no es una mujer a la espera: no es la princesita en el castillo, aguardando, pasiva, a un hombre que la salve o a un beso que la despierte. Aquí, el hombre es el bello durmiente, el sujeto pasivo: “Como el mar espera al río / así espero tu regreso / a la tierra del olvido”. Es la voz que se dirige a un femenino que no solo “alerta los sentidos” y “mueve el alma”, sino que es capaz de dar la vida: “Sin tu amor yo me muero”. La mujer, entonces, es diosa, o Dios, y en la tierra del olvido, el amor romántico se vuelve amor místico.

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