Tiempo de morir, Jorge Alí Triana

Tiempo de morir, Jorge Alí Triana

2014/01/24

Por Ricardo Silva Romero

En cuestiones de cine, da miedo, a veces, ver atrás. Vale darle a la audiencia, pues, la buena noticia de que no resulta ni un poco traumático repetirse Tiempo de morir: la estupenda película de Jorge Alí Triana, basada en un guion de Gabriel García Márquez (que en 1966, disminuido y sin corregir, sirvió de base para una película del mexicano Arturo Ripstein), 27 años después de su estreno sigue siendo una estremecedora tragedia en tierra hirviente habitada por un puñado de personajes memorables que hacen lo mejor que pueden para estar a la altura de sus destinos.

“¡Juan Sáyago!”, grita el amenazante Julián Moscote una, dos, tres, cuatro veces, resignado a enfrentarse en un duelo de cine del oeste con el hombre que mató a su padre. Sáyago, que ya ha pagado 18 años de cárcel por aquel crimen y ha vuelto a su pueblo con la esperanza de vivir algo semejante a la vida, soporta todas las afrentas: que Moscote le lance una vejiga de cerdo en el pecho, que le deje en la puerta un perro moribundo, que le eche abajo su casa, que lo persiga por las calles del lugar. Sabe, sin embargo, que está escrito en donde todo está escrito que un día tendrá que encarar a los hijos de su víctima.

Gustavo Angarita encarna al expresidiario Juan Sáyago con todo el misterio y toda la humildad que requiere el personaje. Sebastián Ospina interpreta al vengativo Julián Moscote con todo el miedo y toda la rabia que vienen al caso. Jorge Emilio Salazar hace el papel del dubitativo Pedro Moscote con toda la compasión y toda la ansiedad que darán paso a la tragedia. Y detrás de todo se encuentran el guion de García Márquez, que tiene claro, como su literatura hiperbólica pero precisa, que el lejano oeste aún sucede en ciertos parajes de Colombia (Tiempo de morir es, sin duda, un western colombiano), y la firme dirección de Triana, que unos meses antes ya había ensayado planos y movimientos de cámara y actuaciones mientras grababa una versión mucho más larga para la televisión.

Filmada durante ocho semanas en el Tolima, empujada por un presupuesto de 300.000 dólares de 1985, Tiempo de morir fue recibida por los jurados de los festivales, por los críticos y por los espectadores de a pie como una película importante. Podría decirse que tanto Gabriel García Márquez como Jorge Alí Triana lograron, por obra y gracia de su trama y de su puesta en escena, la mejor de sus películas. Verla no se ha vuelto un drama. El drama, contundente y abrumador, es, aún hoy, el que sucede en la pantalla.

 

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