Elizabeth Bishop

Golpes de amor

Llega a librerías la narración de la hermosa historia de amor y dolor que unió a la gran poeta norteamericana Elizabeth Bishop, premio Pulitzer de poesía, y a la brasilera Maria Carlota Costallat. El escritor Julio Paredes celebra la aparición del libro.

2013/07/18

Por Julio Paredes. Bogotá

Con un título que hace referencia a una serie de dibujos botánicos fantásticos del arquitecto y artista brasileño Carlos Leão, el libro de Carmen L. Oliveira, publicado originalmente en portugués en el 2002, y que llegó a las librerías de Bogotá como parte de las novedades de la última Feria del Libro, se estructura sobre una exhaustiva reseña cronológica de las biografías de dos mujeres, sin duda excepcionales, durante su relación sentimental entre 1952 y 1967 en Brasil: la poeta norteamericana Elizabeth Bishop (1911-1979) y, para llamarla de alguna manera, una de las figuras más carismáticas e influyentes en la escena pública de Río de Janeiro entre las décadas de los años cincuenta y sesenta: Maria Carlota Costallat de Macedo Soares (1910-1967), arquitecta y urbanista autodidacta.

Oliveira abre y cierra el libro con una misma escena: una mujer mayor que mira por una ventana el muelle de Boston en 1978, mientras trata de continuar y terminar un poema, cuyas dos primeras líneas parecen resumir la memoria equívoca y borrosa de una vida pasada, extraviada muchos años atrás. Aunque el lector descubrirá pronto que ese fugaz perfil pertenece a la poeta de “carne y hueso” Elizabeth Bishop, el tono y el ritmo de las frases, las imágenes con las que el narrador describe el mundo alrededor de la mujer, podrían hacerlo pensar que se sumerge en una novela, con enigmas, sensaciones y acontecimientos cotidianos traídos desde los propios terrenos de la ficción.

Este pronóstico se cumplirá a todo lo largo de Flores raras y banalísimas, pues el caso es que Oliveira, entre elipsis, flashbacks, giros dramáticos, voces múltiples, monólogos, diálogos y una lista adicional de recursos narrativos, ha querido contar la historia de una pasión verídica como la historia de los avatares, dichosos y a la vez terribles, de un amor ideado solo por ella, a pesar de que todos los datos de esta cronología sean verificables. La decisión (a propósito o no) no sorprende, pues a medida que se avanza en la lectura todo lo que se narra parece ajustarse al trillado lema de las realidades que superan cualquier ficción. A las dos protagonistas, Elizabeth y Lota, mayores de cuarenta años, con pasados y presentes dispares y lejanos, no solo geográfica sino socialmente, y personalidades que nadie imaginaría compatibles, el accidente simple que las reúne en Río de Janeiro una tarde a finales de noviembre de 1951, para convertirse cada una, casi de inmediato, en la persona más importante para la otra durante los siguientes dieciséis años, suena a una verdadera ilusión.

No haría falta más que hacer un breve repaso de algunos de los hechos que antecedieron al encuentro definitivo para vislumbrar, quizás, ese destino literario que plantea la narración de Oliveira. Gracias a los 2.500 dólares que recibe por un premio, y como huida de una de las tantas crisis nerviosas y alcohólicas que la han atacado y la seguirán atacando, Elizabeth decide lanzarse, en octubre de 1951, a un viaje “loco”: circunnavegar América del Sur y cruzar el Estrecho de Magallanes. Hace, sin embargo, una primera parada, transitoria, en Santos, y después en Río de Janeiro, donde la reciben Pearl Kazin y Mary Morse; la última, pareja en ese momento de Lota.

Mientras espera a que zarpe el siguiente barco hacia el sur, en enero, Bishop pasa los días en el penthouse frente a Copacabana, propiedad de Lota. Un día, Lota la invita a la hacienda Samambaia, en Petrópolis, donde intenta terminar una casa diseñada por ella y el arquitecto Sergio Bernardes, una construcción en mitad de la roca que recibirá el primer premio de la segunda bienal internacional de 1954 en São Paulo. Bishop encuentra el lugar perfecto para la contemplación poética, para una escritura siempre esquiva y que, a pesar de un reconocimiento creciente y algunos premios en Estados Unidos, solo le ha permitido terminar un libro de poemas. No sabe aún que será su casa para los siguientes quince años. Entonces, como en los giros inesperados de un cuento de hadas, después de un almuerzo allí en Samambaia Lota le ofrece un acajú, especie de combinación entre fruta y castaña, provocándole una severa reacción alérgica que por poco la mata. Y como en otra metáfora del fruto prohibido y mortal, Oliveira cuenta que solo el amor de Lota la traerá de vuelta dándole, de paso, un estudio propio en Samambaia y, claro, un primero y verdadero hogar. En menos de dos meses en Brasil, Bishop le confiesa en una carta a su médica y confidente Anny Baumann que no se había sentido tan feliz en los últimos “diez años…”.

En esta temporada en común, Elizabeth y Lota quizás alcanzaron los momentos de mayor florecimiento profesional. Lota se convierte en la diseñadora, cabeza y principal defensora del complejo proyecto de intervención urbana Arreto do Flamengo, el parque, jardín y espacio libre más grande y ambicioso para la ciudad de Río. Elizabeth, por su parte, escribirá y publicará sus primeros textos narrativos, dos libros de poesía más, A Cold Spring y Questions of Travel, dedicado este último a Lota; traducirá al inglés el clásico Minha vida de menina de Helena Morley, y recibirá, entre otros reconocimientos internacionales, el premio Pulitzer de poesía en 1956.

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