Alison Bechdel

La vida, minuto a minuto

Tras más de veinte años dedicada a retratar el mundo de las lesbianas en sus tiras cómicas, Alison Bechdel decidió escribir su autobiografía. Home Fun –una exploración del suicidio de su padre– fue un éxito rotundo y en el 2006 fue nombrado el mejor libro del año por la revista Time, un premio inédito a una novela gráfica. El motivo del suicidio es una confesión sorprendente.

2013/07/18

Por Giuseppe Caputo. Nueva York

En el 2008, y a punto de cumplir cincuenta años, Alison Bechdel dibujó un autorretrato al comienzo de de su libro Dykes to Watch Out For (Bollos de cuidado, en español). En él, aparecía con los ojos abiertos y las manos en la cara, sorprendida tras comprobar que llevaba toda la vida haciendo una tira cómica sobre “las vidas, los amores y la lucha política” de un grupo de lesbianas residentes de una ciudad mediana de los Estados Unidos.

En su intento por entender cómo y por qué terminó dedicando su vida a este proyecto, ahora emblemático, Bechdel revisó su archivo de diarios, que guarda meticulosamente desde tempranísima edad, y notó que, desde niña, tenía una obsesión por la iconografía masculina, un desinterés sincero por el matrimonio y los hijos, y una actitud despreocupada frente al dinero. Esos tres factores posibilitaron, según ella, la creación de su tira cómica que desde hace exactamente treinta años es publicada semanalmente en más de cincuenta periódicos alternativos norteamericanos y gracias a la cual ha recibido decenas de premios y el aplauso de muchos intelectuales, como la poeta y ensayista Adrienne Rich.

“Al comienzo entendía mis viñetas como un antídoto contra la imagen cliché de las lesbianas –dice la autora. Nos veían como mujeres indeseables, sin humor, enfermas o retorcidas, y yo quería representarnos como mujeres increíbles: librepensadoras al frente de todos los movimientos sociales”. ?Gracias a Dykes to Watch Out For, Bechdel se dio a conocer entre el público y la crítica. No fue sino hasta el 2006, sin embargo, con la publicación de Fun Home: una familia tragicómica, que su carrera se catapultó. La memoria se centra en la infancia de la artista en un pueblo de Pensilvania y en la relación con su padre.

Bechdel decidió contarles a sus padres que era lesbiana “aún antes de haber estado con una mujer” como una manera de independizarse de ellos. Pero en su libro explica que la noticia, en lugar de emanciparla, resultó acercándola aún más a la órbita familiar. Porque la confesión de la hija desencadenó una sorprendente contra-confesión: su madre le explicó que su papá tenía relaciones con otros hombres; el padre le dijo que “no era ningún héroe”, refiriéndose a su incapacidad de vivir abiertamente como gay.

http://www.nocreoqueseasreal.pe/wp-content/uploads/2012/04/Alison-Bechdel.jpgSeis años después, en el 2012, Bechdel publicó ¿Eres mi madre, su segunda memoria, en la que da cuenta de todas las dificultades que enfrentó mientras escribía Fun Home, centrándose en la manera como su madre abordó el hecho de que “ventilara los secretos familiares” y en su intento de sanar en psicoterapia la difícil relación que tenían. Según The Paris Review, esta obra es uno de los recuentos más certeros de lo que significa actualmente sentarse en el diván.

Capas
“Contar una historia visualmente es un reto porque los dibujos no ilustran las palabras: van por caminos completamente distintos”, dice Bechdel, y explica su meticuloso proceso creativo así: “Primero escribo los textos en las viñetas. Luego empiezo a dibujar con un lápiz, hago una suerte de bosquejo. Lo refino y pongo papel de calcar encima, agregando detalles. Hago lo mismo otra vez, agregando más detalles. Luego repaso con tinta lo que dibujé a lápiz. Borro el lápiz y escaneo el dibujo. Hago retoques en Photoshop. Por aparte hago las sombras con acuarela. Luego escaneo las sombras y combino ambas versiones, agregando color. Al final junto los dibujos con las palabras”.

Capa a capa, Bechdel va componiendo las imágenes de sus memorias y tiras cómicas, cuyo contenido tiene, a su vez, varias capas. La primera y quizás más evidente es la escritura del yo, que en el caso de Bechdel parte de sus diarios, fotografías, cartas y notas que solía tomar cuando hablaba con su madre. La autora ha dejado claro en sus libros y en entrevistas que mientras escribía y dibujaba sentía culpa por los sentimientos de vergüenza que la publicación de sus obras podría despertar en su familia, y especialmente en su madre. “Escribir una memoria sobre personas que aún viven es una tarea problemática –reconoce. Creo que lo hice porque mi familia estaba jodida de una manera muy particular”. Y entonces cuenta que su madre le soltó las siguientes palabras cuando supo que sería la protagonista de su nuevo libro: “El yo no tiene lugar en la buena escritura”. Sintiéndose insegura por la frase y preocupada por la reacción, Bechdel le preguntó: “¿Y no crees que si escribes sobre tu propia vida minuto a minuto, y con la suficiente rigurosidad, puedes trascender tu propio yo”. La madre la liberó de su angustia citando a Dorothy Gallagher: “La tarea del escritor es servir a su historia. No debe servir a su familia ni servir a la verdad, sino a su historia”.


La segunda capa de su trabajo es el diálogo constante con su tradición literaria, plasmado en las conversaciones sobre autores y libros que tienen los personajes, en las clases de literatura que toman o dictan, en las obras que se recomiendan o que reposan en sus bibliotecas y mesas de noche. Es verdaderamente impresionante la cantidad de escritores y obras que Bechdel menciona en su trabajo: van del mito de Ícaro a Winnie The Pooh, pasando por Woolf, Proust, Joyce, Forster, Butler, Camus, Nin, Colette y decenas más.

La tercera capa es el psicoanálisis. El diván aparece en Dykes to Watch Out For y Fun Home, pero en ¿Eres mi madre? se vuelve protagonista. En esa memoria, la autora acude muy especialmente a las teorías psicoanalíticas de Donald Winnicott y Alice Miller en su intento de entender la relación que tiene consigo misma, con su madre y con los otros. A través de la teoría del espejo de Winnicott, según la cual el primer espejo de una persona es el rostro de su madre, y valiéndose de El drama del niño dotado, obra en la que Miller habla del “falso yo” que un niño desarrolla cuando intuye que incomoda a sus padres y quiere ganarse su aprobación, Bechdel revisita su vida en desorden cronológico, dejándole claro al lector que así lo hace porque “en el inconsciente no hay cronología”.

Una cuarta capa de su obra es histórica, pues sus libros definitivamente dan cuenta de una época. La escena underground de los cincuenta, la revolución sexual de los sesenta, la contracultura gay y lésbica radical de los setenta, la epidemia del sida en los ochenta y principios de los noventa; la política estadounidense; y la búsqueda y consecución de derechos por parte de la comunidad elegebeté en los últimos años, todo es documentado, analizado y problematizado por Bechdel en sus memorias y tiras cómicas.

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La última capa está constituida por la militancia feminista y queer presente en la producción gráfica-literaria de la autora. Vale recordar la ya célebre “regla Bechdel”, que surgió justamente en Dykes to Watch Out For, en una viñeta de 1985. Ahí, uno de los personajes revela que solo ve películas que cumplen con tres condiciones: que aparezcan en ella al menos dos mujeres; que las dos tengan una conversación; y que esa conversación no sea sobre un hombre. La regla se ha vuelto una suerte de test para detectar si una película es o no machista (y muy pocas, hay que decir, pasan la prueba).

Las lesbianas de este cómic son mujeres decididas a “desmantelar el patriarcado” protestando en las calles y cuestionando su comportamiento día a día. Sostienen discusiones acaloradas alrededor de la lucha por el matrimonio igualitario y critican fervorosamente a los “gays blancos que intentan convencer a los homofóbicos de que los acepten porque ellos también son normales, machistas, racistas y capitalistas con temor de Dios”.

Los personajes de Bechdel se preguntan por la monogamia, por la familia, por la posibilidad de tener hijos, y siempre entran en conflicto cuando se descubren reproduciendo de alguna manera la vida heteronormativa. “Las lesbianas no estamos para cambiar pañales –dice una–, sino para cambiar el mundo”. Y estalla enseguida una nueva discusión.

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