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La socióloga de la fama

Lady Gaga.

Lady Gaga en Colombia

La declaran un ícono cultural, la reina del amor propio, la primera superestrella de la era digital, la mujer más famosa del mundo. En cuatro años Lady Gaga ha generado una discusión intelectual entre sus críticos y fans que la academia no ha pasado por alto. ¿Sí vale la pena pensar el fenómeno?

Por: Giuseppe Caputo* Nueva York.
Publicado el: 2012-10-30

Que los paparazzi la adoran y que ella le toma fotos a los pa-? parazzi. Que prefiere pasar los viernes comiendo albóndigas con su papá que emborrachándose con celebridades. Que usó un vestido que funciona a control remoto y que el vestido se llama “el traje viviente”. Que actuó su suicidio en un escenario. Que se cayó en un concierto porque usa tacones imposibles. Que se volvió a caer. Que llegó a los Grammy metida en un huevo, que permaneció tres días en el huevo. Que fumó marihuana en Holanda y se hizo un tatuaje en la cabeza. Que lanzó el primer perfume negro de la historia. Que chupa diamantes cuando toma café.

Que ella es como Campanita y, si no la aplauden, muere. Que su vestimenta estrafalaria asombra a estrafalarios como Elton John. Que el mundo es más bello, según John, porque Gaga existe. Que llegó a los premios MTV con un vestido de carne. Que le pidió a Cher sostener su cartera de carne. Que medios como la BBC y The New York Times publicaron análisis sesudos del traje. Que Gaga ya había usado prendas de carne cuando salió en la edición japonesa de Vogue y que los vegetarianos no entienden por qué lo hace. Que Ellen Degeneres le regaló un bikini de vegetales.

Que fue la primera artista en superar el billón de visitas en YouTube. Que es, según Forbes, la celebridad número uno del mundo. Que “Born This Way” es el sencillo que se ha vendido más rápido en la historia de iTunes. Que Madonna la envidia, que Madonna la apoya. Que ella ama a Madonna. Que fue bulímica y tuvo problemas con las drogas. Que quiere dejarle claro a sus fans que, para llegar alto, no hay que ser bulímico ni consumir drogas. Que es bisexual, que es asexual. Que es hermafrodita. Que se puso un pene de plástico para burlarse de quienes le dijeron hermafrodita. Que conoció a la Reina de Inglaterra con un vestido de látex. Que prometió no usar nunca un abrigo de pieles, que algunos fans se ofendieron cuando lo hizo.

Que estuvo saliendo con Slavoj Žižek. Que estuvo con Julian Assange. Que Lady Gaga apoya a Obama y que Obama habló de sus tacones. Que cantó “Bad Romance” en una gala para Bill Clinton, que adaptó la letra y dijo: I want a Bill Romance. Que la serie Glee le ha dedicado dos capítulos. Que apareció en Los Simpsons como una heroína. Que ahora tiene una peluca electrónica. Que es famosa y será famosa. Que dejará de serlo.

Tan impresionantes como divertidas y tan perturbadoras como ridículas son las noticias sobre Lady Gaga que, desde hace cuatro años, han aparecido y continúan apareciendo en los medios y redes sociales. Su biografía antes de la fama (“Yo siempre he sido famosa –suele decir –. Solo que nadie lo sabía”) puede condensarse así: nació en Nueva York en 1986 y fue bautizada Stefani Germanotta. Su madre la obligó a estudiar piano a los cuatro años. Asistió a un colegio católico privado y fue acosada, intimidada por las bullies del instituto: se burlaban especialmente de su nariz. De adolescente escribía baladas, interesada siempre en la cultura pop. Alguien un día la oyó cantar y le sugirió contactar al tutor de voz Don Lawrence. Lawrence le aconsejó escribir sus propias canciones. Y mientras lo hacía, cantaba y bailaba en bares de Nueva York: hizo rutinas de burlesque, fue gogó. A los veinte años ya estaba escribiendo canciones para Britney Spears, The Pussy Cat Dolls y The New Kids On The Block. Para romper con su pasado, dice, y empezar a vivir como una estrella, se hizo llamar Lady Gaga, en honor a la canción de Queen “Radio Gaga”. Le presentaron al célebre productor musical Rob Fusari, el punto de quiebre en la carrera de la artista. Gaga sacó en el 2008 su primer sencillo “Just Dance”, un éxito internacional inmediato.

“Llegó a la cima de la industria del entretenimiento haciendo un pastiche con las sensibilidades de otros artistas”, dice el escritor Richard Rushfiel, refiriéndose a la combinación ecléctica de referencias e influencias de la cantante: Madonna, Michael Jackson, David Bowie, Marylin Manson, Björk, Marina Abramovi´c , Andy Warhol, Stanley Kubrick, Lady Di, Alexander McQueen. “Entre más toma de otros, más la celebraban sus fans. Pero cruzó los límites del pastiche con “Born This Way”, un sencillo calcado de “Express Yourself” de Madonna”.

“Ella se presenta como una artista de vanguardia y una revolucionaria política –escribe Alex Knepper, del sitio web The Truth About Gaga–. Que no intente presentar sus canciones como alta cultura porque no lo son. Ke$ha, por ejemplo, no pretende ser nada distinto de lo que es: una artista pop que hace música para fiestas. Punto”.

“No nos engañemos –agrega Colin McGuire, columnista de Pop Matters–. Lady Gaga no está en la cumbre de la cultura popular porque “Poker Face” sea una pieza de arte perenne. Ella tiene esa posición por el personaje esotérico que ha creado: la marginada más popular del mundo que ayuda a trillones de otros marginados y excluidos a navegar por sus marginales vidas”.

Así, la crítica a Lady Gaga puede concentrarse en estos tres aspectos: que no solo se ha apropiado de un imaginario anterior sino que directamente imita a quienes la influyeron. Que su música no es buena ni culta aunque pretenda ser vanguardista. Que solo busca llamar la atención y no es una auténtica freak.

Para sus fans, sin embargo, los “préstamos” que hace Gaga son en sí mismos una forma de arte, un comentario sobre la naturaleza transitoria de la realidad artística. Y en los mismos sitios web de quienes la critican han hablado de collage (y no de pastiche); comentado que toda producción cultural es derivativa; y recordado al economista Joseph Schumpeter, para quien la innovación es recombinación. El periodista Anderson Cooper, por su parte, considera que Lady Gaga ha estudiado el arte de los otros pero es una creación en sí misma.

En cuanto a su música, tan desmesurados son los elogios que recibe la artista como inclementes los juicios. El crítico de Rolling Stone Rob Sheffield dijo que el trabajo de Gaga tiene “una grandeza que desarma” y el superfan Ryan Lee Johnson considera que sus canciones son “casi otro género musical”.

Es la misma Gaga quien responde con más fuerza a quienes sostienen que su objetivo principal es llamar la atención. “Yo tengo la atención –dijo a Rolling Stone–. ¿De verdad creen que voy por la vida tratando de alarmar a las personas? ¿No será que ha pasado mucho tiempo desde que alguien abraza el arte de la forma como yo lo hago? Desde hace al menos dos décadas un artista no había sido tan vocal como yo con respecto a la cultura, la religión, los derechos humanos, la política. ¿Por qué esperan tan poco de los artistas, por qué no quieren más? ¿Por qué si doy y doy y doy, asumen que soy narcisista?”. Y en el documental Lady Gaga: One Sequin at a Time, agrega: “Lo que quiero es seguir siendo relevante, memorable y prolífica por mucho tiempo. Cambiar la escena musical y la moda, mantener en línea la una y la otra. La meta nunca ha sido ser famosa. La meta ha sido ser una estrella”.

Al respecto dice McGuire: “Hay que ser un monstruo para llegar a la cima. Pero hay que ser otro tipo de monstruo para mantenerse”.

La madre monstruo

Es justamente la metáfora del monstruo de la que se vale Gaga para hacer un análisis del deterioro de las celebridades: The Fame, su primer álbum, trata sobre el ascenso a la fama, y el segundo, The Fame Monster, se enfoca en sus consecuencias.

“Es nuestra era: todo el mundo quiere ver a quien lo tiene todo perderlo todo. Es dramático”, dijo en 60 minutes luego de declararse una maestra en el arte y la sociología de la fama. “Yo he estudiado cómo algunos famosos alcanzaron la celebridad y cómo la perdieron: su error es haber mentido. Yo no miento. Mis fans saben quién soy”.

Gaga entiende que los fans son la base que sostiene la fama de un artista y que, sin ese apoyo, la fama no existe. “Nos une un cordón umbilical que no quiero cortar jamás”, suele decir, y en su rol de “madre monstruo de los nerds, inseguros y privados de voz” (a quienes llama “pequeños monstruos”) agrega: “La fama está en tu corazón. Está ahí para confortarte, traerte confianza y un sentido de valía”.

En Born This Way, su tercer álbum, se presenta mitad mujer, mitad motocicleta, pretendiendo así ser un testamento de liberación a través de la transformación: “Siempre estoy mutando y andando. Soy el vehículo de la voz de mis fans y permanezco en un viaje de libertad hacia mí misma y hacia cualquiera que esté dispuesto a derramar sangre, sudor y lágrimas en la búsqueda de su identidad”.

El álbum está atravesado por la idea de querer –y poder– cambiar el mundo: “Entendí que tenía una habilidad para lograr un cambio cuando empecé a recibir cartas de mis seguidores”, explica la artista. “Algunos decían que les había salvado la vida literalmente. Mis fans me ven como un ser humano y como un ser sobrenatural. Me ven, pues, como a la súper-humana que soy”.

Y así, en asociación con la Universidad de Harvard, Gaga creó la fundación Born This Way en un intento de abordar la intimidación escolar: la artista entiende el bullying, la crueldad en los colegios, como un abuso contra los derechos humanos que necesita un mejor espacio en las agendas políticas.

“Lo que quiere Gaga es iniciar un movimiento entre los jóvenes, poner de moda la bondad –escribió Nicholas Kristof en The New York Times–. Le pregunté si no le parecía que la gente sería muy cínica ante una agenda tan simple y me dijo que era justamente ese cinismo lo que estaba tratando de cambiar”.

Gagalogía

Lady Gaga se ve a sí misma como una persona que ha escogido vivir su vida artísticamente: “Cada día soy una obra de arte viviente –le dijo a Cooper en 60 minutes–. Es un error pensar que yo he creado un personaje, que cuando no hay cámaras me quito el maquillaje y dejo de serlo. Yo siempre soy Lady Gaga”.

En esa misma entrevista, Cooper le pregunta si no cree que los fans, sus críticos, la toman muy seriamente. Gaga mete un diamante en su café y le responde lo siguiente: “A veces la gente me toma muy seriamente y en otras ocasiones no me toma con la suficiente seriedad”.

No es el caso, este último, del sociólogo Mathieu Deflem, quien dicta en la Universidad de Carolina del Sur el curso “Lady Gaga y la sociología de la fama”. Ni el de Richard Gray, editor de The performance identities of Lady Gaga, el primer libro académico sobre la artista, integrado por ensayos de diversos críticos.

“Su obra tiene una cualidad literaria y una profundidad que la academia está empezando a descubrir”, explica Gray en el prólogo de la antología, a lo que siguen páginas y páginas de lo que él mismo denomina Gagalogía: que ella es un monstruo porque deslumbra y disgusta a su público constantemente. Que su obra nos recuerda que el monstruo, etimológicamente monstrum, era tanto señal de advertencia como revelación. Que Séneca identificaba al monstrum como una revelación visual y horrífica de la verdad. Que Gaga encarna ese concepto.

Que ella trasgrede los límites del ícono del pop hiperbolizando y haciendo monstruosa la sexualidad radical de ese rol. Que hace que lo sexual se vuelva monstruoso y que lo monstruoso se vuelva sexual y deseable. Que en su papel de madre monstruo hace un comentario de los problemas sociales que afectan al mundo: el consumismo, el racismo, el sexismo y la homofobia.

Que Lady Gaga es performance. Que la constancia del personaje que ha creado sirve para problematizar la falsa dicotomía entre la identidad real y artificial de los artistas. Que su trabajo refleja una narrativa personal y la narrativa de sus espectadores, retratando así una experiencia colectiva.

Que su caótico y disruptivo collage es parte de una estrategia ética y estética coherente, una estrategia que reconoce un “sin sentido con sentido”. Que su obra está inspirada y nos recuerda a artistas surrealistas como Max Ernst, Salvador Dalí y Francis Bacon. Que el repertorio surrealista de Gaga, incluyendo la representación de sujetos andróginos, contiene una variedad de elementos que retan la heteronormatividad.

Que según Hélène Cixous, las mujeres deben escribir y escribirse, y que Gaga así lo hace. Que al mostrar en sus videos cuerpos monstruosos de tan esqueléticos critica el discurso patriarcal, insidioso, que vuelve deseables a los cuerpos anoréxicos. Que la artista invita a sus espectadores a salirse de la mirada masculina. Que la suya es una narrativa de la emancipación femenina.

Que Gaga concibe su cuerpo, su realidad física, como un componente integral de su arte: un arte que fluye íntegramente entre la música, el video, el performance en vivo, el activismo político y la más mundana de sus apariciones públicas. Que su cuerpo en permanente devenir es la ofrenda que le hace a sus fans.

Que subvierte lo que se considera bello y grotesco, y que lo grotesco es necesario e inevitable para disolver las jerarquías. Que la artista explora nuevas realidades en su deseo de representar al individuo no como un reflejo de percepciones externas sino como una manifestación de la propia esencia: una identidad auténtica, un “ser simplemente”. Que Gaga comparte la idea de Søren Kierkegaard: “Si me encasillas, me niegas”.

Que muestra cómo la exploración del dolor conduce al descubrimiento de la belleza que subyace en las experiencias de vida intolerables. Que su discurso trasciende todas las barreras socioculturales, socioeconómicas y sociopolíticas. Que Lady Gaga estremece a sus seguidores y que ese estremecimiento los obliga a reexaminar sus nociones de la realidad. Que ha redefinido los límites de lo que se considera arte. Que desafía el statu quo de nuestra era.


* Periodista.