Tavi Gevinson e Iris Apfel.

Los dos extremos de una misma aguja: Iris Apfel

¿Qué tienen en común Tavi Gevinson, una bloguera de 16 años que ha pasado media vida frente a la pantalla de un computador, e Iris Apfel, una diseñadora de 85 que ha pasado media vida en un avión?

2012/10/31

Por Felipe Restrepo Pombo* Bogotá.

Iris Apfel

Uno podría pensar que Iris Apfel no hace nada. No es, de hecho, una gran académica ni una científica destacada ni la directora del Fondo Monetario Internacional. Es solo una mujer que se viste bien. O no, ni siquiera: se viste como quiere. Y eso, aunque suene superficial, le basta para ser un ícono.

A los ochenta y cinco años Apfel mandó al diablo al mundo de la moda. Trece años después de haberse retirado de su trabajo y a una edad en la que la mayoría apenas puede salir de la casa, dejó claro que el estilo no es solo para los bellos, jóvenes y ricos.

Nació en Queens en una época en la que las mujeres estaban destinadas a quedarse en casa cuidando a su familia. Sin embargo, su familia, de origen judío, era fuera de lo común: su padre era decorador de interiores y su madre era propietaria de una boutique. Como era hija única, sus padres se dedicaron a convertirla en una niña fashionista: en lugar de libros de cuentos le leían artículos de Vogue y en vez de juguetes le regalaban objetos de diseño. A pesar de que pasó gran parte de su niñez durante la gran crisis de los veinte y los treinta, Apfel recuerda que su madre siempre la vestía con modelos exclusivos, fabricados con los materiales más costosos. Durante su adolescencia empezó a engordar: “Fui una adolescente muy infeliz. Comía sin parar y no encontraba ropa de mi talla”, contó en una entrevista reciente.

Estudió diseño y ganó un concurso de ensayos sobre moda. Así obtuvo su primer trabajo como redactora en el legendario diario de moda Women’s Wear Daily: “Ganaba la asombrosa suma de quince dólares a la semana. Todas las mujeres que trabajaban ahí eran de edad mediana y sin aspiraciones. Eran demasiado viejas para casarse y tener hijos y eran demasiado jóvenes para morir. Me di cuenta de que si me quedaba allí me convertiría en una de ellas, así que decidí huir”. Entonces renunció y consiguió un trabajo como ilustradora en el que ganaba tres veces más. Durante esa época empezó a fumar con intensidad: cuatro cajetillas diarias. Su vicio a la nicotina, paradójicamente, le ayudó a bajar de peso.

Con el dinero extra que ganaba, Apfel empezó a comprar ropa y joyas. Siempre buscaba las cosas más extrañas: texturas, colores y materiales que pocas mujeres se atrevían a utilizar. Gracias a su estilo excéntrico empezó a llamar la atención de las celebridades. Se hizo muy amiga de Duke Ellington durante un concierto y empezó a frecuentar los bares de jazz de Nueva York. Justamente ahí conoció a Carl, también diseñador, con quien se casó unos años después. Juntos crearon una empresa de textiles, Old World Weavers, que abastecía a las grandes casas de moda. Iris y su esposo trabajaron en su empresa por cinco décadas. Durante ese período se volvieron protagonistas de la escena nocturna neoyorquina: eran invitados a los eventos más glamourosos, donde Iris siempre sorprendía por su estilo arriesgado. Se convirtió en un referente de la moda y aparecía en las listas de las mejor vestidas.

Apfel empezó a ser considerada también una de las mejores decoradoras de interiores de su país. Tanto así que la Casa Blanca la contrató para que remodelara sus espacios. Ha sido asesora de estilo de nueve presidentes: Truman, Eisenhower, Nixon, Kennedy, Johnson, Carter, Reagan y Clinton. El gobierno de los Estados Unidos le pagó varios viajes alrededor del mundo para buscar piezas únicas. Apfel aprovechó estas travesías para enriquecer su delirante colección personal de objetos.

En 1992 dejó su compañía y su trabajo en la Casa Blanca y se dedicó a escribir críticas de moda. Sin embargo, en el 2005, una llamada la sacó de su retiro: el Museo Metropolitano de Nueva York quería hacer una retrospectiva con su ropa, objetos y accesorios. Iris aceptó: “En un principio quería que fueran pocas piezas. Pero llegaron a mi casa y empezaron a revolver los cajones. Se sorprendían con cada cosa que encontraban. Al final se llevaron casi todo lo que tenía”. La retrospectiva, Rara Avis: la irreverente Iris Apfel, fue un éxito rotundo. El New York Times dijo: “Antes de que la palabra multiculturalismo existiera, la señora Apfel ya lo tenía puesto”. La colección empezó a viajar por varios países y su protagonista se volvió una estrella.

En los años siguientes Ralph Lauren y Jimmy Choo lanzaron colecciones inspiradas en ella y la marca de cosméticos Mac produjo maquillajes basados en la paleta de color de sus joyas. El director Albert Maysels está preparando un documental basado en su vida. Apfel se define como “la adolescente más vieja del mundo”, aunque detesta cómo se visten los jóvenes: la actriz Lindsay Lohan le pidió que fuera su asesora de imagen, pero la rechazó porque “no puedo hacer milagros. Es imposible enseñarle a tener estilo a alguien que tiene tan mal gusto”. Para ella la edad es un estado de ánimo: “Nada hace ver a una mujer más vieja que tratar desesperadamente de parecer joven”.

* Editor de cultura de Semana.

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