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Continente ambiguo

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, activo promotor de los derechos de la población elegebeté.

Políticas gay en América Latina

¿Cuál es la posición oficial de los gobiernos latinoamericanos con respecto a los homosexuales? Estas son las posturas de algunos de los gobiernos de la región.

Por: Camilo Jiménez Santofimio, Bogotá.
Publicado el: 2012-06-21

CUBA

“Soy el responsable de la persecución a homosexuales que hubo en Cuba. ¡Una gran injusticia!”. En el 2010, Fidel Castro pronunció estas palabras ante la directora del diario mexicano La Jornada. Se refería a la persecución y la violencia de que habían sido víctimas los homosexuales en Cuba. La entrevista fue la oportunidad para pedir perdón. Si bien antes del comunismo el país ya ofrecía un ambiente cosmopolita que soportaba la diversidad sexual, no fue hasta 1979 que el sexo entre personas del mismo género fue legalizado. Más tarde, el ocaso de Fidel, la llegada al poder de su hermano Raúl y el compromiso de Mariela Castro —hija de este último— a la cabeza del Centro Nacional de Educación Sexual impulsaron lo que hoy los cubanos llaman la nueva “revolución sexual”. Su mayor logro es la subvención de operaciones y terapias para el cambio de sexo. En ciudades como La Habana la escena gay es vigorosa, pero también está en manos de la prostitución y la trata de personas. Aunque Cuba se encuentre entre los países más liberales de América Latina, los matrimonios gay aún no son legales.

VENEZUELA

“Lo que sí estoy en contra es cualquier persecución a nadie por inclinaciones sexuales. (…) Pero yo pienso como la mayoría de los venezolanos que no lo vemos bien”. Son palabras de Hugo Chávez y aparecen en un video que circula en páginas web de activistas. Las frases dejan claro que si en trece años de gobierno a Chávez algo no le ha salido bien es su política hacia los homosexuales. Mientras sus diatribas contra la discriminación de indígenas y afroamericanos son famosas, la comunidad elegetebé sigue siendo marginal. La ley no reconoce la unión civil ni el matrimonio. Hoy, la participación social es amplia debido a los esfuerzos de los activistas. En el 2003, organizaciones como Unión Afirmativa llevaron a la Corte Suprema exigencias como el derecho a la pensión, la herencia y la seguridad social de la pareja. Desde el 2009, la Asamblea Nacional busca legalizar “asociaciones de convivencia”; aún sin éxito. Recientemente, un presentador de televisión estatal se refirió despectivamente a Enrique Capriles, el adversario de Chávez, como homosexual. Este, a su vez, ha lamentado no haber “podido” fortalecer los derechos de los homosexuales. Todo indica que el obstáculo no son sus convicciones, sino la resistencia de una sociedad católica y machista con la que el comandante teme chocar.

MÉXICO

Si algo bueno le ha dejado a México la influencia de su vecino norteño ha sido la lucha por la igualdad de géneros. En los años setenta, el Movimiento de Liberación Gay de Estados Unidos pasó la frontera y gestó fuertes organizaciones. En 1979, en el D.F. tuvo lugar la primera Marcha del Orgullo Gay: un hito en una nación machista que justificaba la homofobia con argumentos de “indecencia” e “inmoralidad”. El Frente de Liberación Homosexual, fundado en 1971, fue uno de los primeros del subcontinente. Veinte años después, en México se reunió la Asociación Internacional Elegebeté por primera vez fuera de Europa. Con el cambio de siglo el país se adhirió a la tendencia global: surgió el apoyo político, incluido el del corrupto PRI (en cambio, el PAN del actual presidente Felipe Calderón brilla por su ausencia). En algunos estados hay políticos gay, los transexuales pueden cambiarse de nombre y sexo, los homosexuales pueden unirse civilmente, casarse y adoptar. La influencia del D.F. ha sido definitiva. Algunos de sus barrios son bastiones de la libertad de género y modelos ya seguidos por Monterrey, Guadalajara y Tijuana.

BRASIL

En Brasil los homosexuales vivieron su primavera tras la caída de la dictadura. La represión había creado una comunidad elegebeté que, impulsada por la Constitución de 1988, salió fortalecida de la clandestinidad. El país es el destino de turistas y de migrantes que buscan garantías para sus derechos. La Marcha del Orgullo Gay de São Paulo es la más grande del mundo. Políticos como Clodovil Hernandes, un fallecido estilista y presentador que se convirtió en el tercer congresista más votado en el país, o como el travesti Leo Kret, que llegó a la Cámara de Salvador Bahía, contribuyeron al cambio. La campaña “Brasil sin homofobia”, lanzada en el 2004 por el presidente Luiz Ignacio Lula da Silva, fue precursora de otras como la Conferencia Nacional para Elegebeté y el Plan Nacional de Promoción de Ciudadanía y Derechos Humanos con más de cincuenta leyes por la igualdad de géneros. En las elecciones del 2010, todos los partidos declararon su intención de defender los derechos de los gay. Las parejas disponen de seguridad social, pensión, beneficios tributarios y visitas en prisión. Sin embargo, la violencia y la prostitución arrojan una sombra sobre la situación, especialmente en las clases más bajas.

ARGENTINA

Poco antes de cambiar la historia, dos jóvenes se besaban en un bar. Alex Freyre y José María di Bello estaban a punto de hacer lo imposible: contraer matrimonio. El 29 de diciembre de 2009 se casaron en Ushuaia, en Tierra del Fuego. La pareja transformó la suerte de los homosexuales en Argentina, pues desde entonces la sociedad y el gobierno se han volcado sobre la defensa de sus derechos. Desde el 2010, los matrimonios son legales e incluyen derechos de adopción. Un avance admirable para una comunidad elegebeté que sufrió la “década infame” de los años treinta y cuarenta, las ambigüedades del peronismo y la represión de la dictadura. La comunidad homosexual es legal desde 1992; pronto aparecieron bares con la bandera del arcoíris en Buenos Aires y Rosario. El fallecido Néstor Kirchner y su esposa y actual mandataria Cristina Fernández han sido fundamentales, sobre todo para enfrentar los ataques de la Iglesia. En el 2007, Argentina organizó el décimo Mundial de Fútbol Gay. En el 2009, una reforma permitió a los homosexuales prestar servicio militar. Desde el pasado 9 de mayo una ley autoriza incluir en los planes de salud cirugías y terapias para el cambio de sexo.

ECUADOR

A diferencia de otros populistas, el presidente Rafael Correa no ha olvidado a la comunidad elegebeté. Organizaciones locales celebran una “transformación” en relación con la inclusión de los homosexuales. La mayor señal de apoyo fue el nombramiento, el pasado enero, de la activista lesbiana Carina Vance como Ministra de Salud. Ya desde 1998 Ecuador castiga la discriminación, pero hoy las leyes son robustas: las uniones civiles son reconocidas, los cambios de sexo están permitidos y el servicio militar para los gay es legal. En varias ciudades tienen lugar marchas del orgullo gay y, aunque hasta hace poco la policía las interrumpía, cada vez son más masivas. En el 2011, el país fue sede del Festival de Cine Elegebeté. La liberalización, no obstante, concierne solo a la ley, que todavía no tiene impacto social. Más allá de los progresistas de Correa, la intolerancia y la hostilidad aún viven en la sociedad. El año pasado, la hoy ministra Vance reveló que más de doscientas clínicas ofrecían ilegales “terapias reparativas” para homosexuales. En Quito y Guayaquil, la escena gay permanece en un tímido submundo. Con razón, los activistas dirigen sus lemas no al gobierno, sino a la gente: “¡No más miedo!”.

URUGUAY

Bajo la batuta del revolucionario retirado y presidente José “Pepe” Mujica y su antecesor, el socialista Tabaré Vázquez, Uruguay se ha convertido en un país de leyes progresistas que los gobiernos de América Latina deberían tener como modelo. Es el caso de la inclusión social y legal que viven los homosexuales en este pequeño país. Las organizaciones internacionales examinan a las naciones con “vistos buenos” o equis para elogiar o criticar a la comunidad elegebeté. En Uruguay, las calificaciones son excelentes. Desde hace diez años la ley castiga la discriminación y la instigación a la violencia contra homosexuales, que pueden prestar servicio militar. Los transexuales y travestis tienen derecho a cambiar de sexo, las uniones civiles son legales y abarcan los derechos de cualquier matrimonio, incluida la adopción. Aun antes que Brasil, Uruguay comenzó a otorgar beneficios tributarios, sanitarios, pensionales y familiares a las parejas homosexuales. Sin tabús, el gobierno promociona el turismo para la comunidad elegebeté. Al presidente Mujica solo le falta legalizar el matrimonio para alcanzar estándares internacionales. Una iniciativa ya llegó al Congreso.

BOLIVIA

El país de la revolución indígena parece apenas advertir la urgencia de incluir a su comunidad elegebeté. En Bolivia ser homosexual no es tabú, pero el país carece de leyes e iniciativas para garantizar los derechos de quienes lo son. La Constitución de Evo Morales, que en el 2009 declaró a Bolivia un Estado plurinacional, prohíbe la discriminación de una persona por su orientación sexual, pero no hace más concesiones. Estas están tan lejos de los intereses del gobierno que hoy no es posible casarse o siquiera legalizar una unión libre. El mismo vicepresidente Álvaro García Linera, un socialista, dijo hace un tiempo que no planeaba aprobar el matrimonio gay. Y sin embargo, los activistas ya ganan atención. Un proyecto de ley de abril de este año, que busca legalizar las uniones civiles, ha superado varios debates en el Parlamento, dominado por Morales. Comentaristas, la Iglesia e incluso líderes indígenas lo rechazan vaticinando “perjuicios para el pueblo”. Una lucha dura, pero esperanzadora.