Daniel Cassany, invitado a la Feria Internacional del Libro de Bogotá

Contra la educación conservadora

De acuerdo, Internet cambiará el futuro del libro. Pero ¿alguien se ha preguntado cómo transformará la educación? El catalán Daniel Cassany, invitado a la FILBO, sí lo ha hecho. Arcadia lo entrevistó.

2013/04/12

Por Catalina Holguín Jaramillo* Bogotá

El lingüista y profesor catalán Daniel Cassany se hizo famoso por escribir libros rigurosos y bien documentados sobre la enseñanza de la escritura, orientados a profesores y otros expetos del lenguaje. La cocina de la escritura, bestseller publicado por Anagrama que cuenta con una docena de reimpresiones, es un libro sencillo y lúcido sobre la escritura: cómo enseñarla, cómo pulirla y cómo evitar errores comunes. Cassany pronunciará la conferencia inaugural del Onceavo Congreso Nacional de Lectura en esta edición de la Feria del Libro de Bogotá.

La aceptación de Cassany en el cuerpo docente es amplia. Como atestigua su página web en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, esta autoridad está fundamentada en un voluminoso trabajo de investigación. Es notable entonces que sea él, justamente, quien publique En_línea. Leer y escribir en la red, un libro que aborda el reto de actualizar la educación en el aula. “En este momento la escuela tiene edificios del siglo XIX, docentes del siglo XX y alumnos del XXI”, afirma Cassany en esta entrevista conducida por Skype. Su último libro aborda esta tarea de dos maneras. La primera parte es un ensayo informativo y ameno que resume polémicas en torno al asunto digital y aborda algunos de los mitos más frecuentes con respecto a los “nativos digitales” (i.E. toda persona nacida después de mediados de los noventa). La segunda parte es práctica y tiene una serie de ejercicios concretos orientados a aprovechar los conocimientos y aptitudes que ya tienen los “nativos digitales” para crear conexiones significativas entre el aula y su vida real y así generar competencias de lectura y escritura.

“¡A ver cómo envejece el libro!”, dice Cassany en la introducción de un libro que en un futuro bastante cercano dará cuenta del remesón cultural y educativo que ha provocado Internet. Arcadia habló con él sobre los cambios que Internet está imponiendo sobre el lenguaje y el libro y, sobre todo, de los cambios que no están ocurriendo en el aula de clase y las altas esferas que regulan la educación.

Me gustaría comenzar citando un comentario suyo aparecido en una revista para educadores hace diez años. Decía: “Hablo de un nuevo tipo de lector: alguien todavía más habilidoso y crítico, que sabe lo que necesita y dónde puede conseguirlo, que se responsabiliza de construir el significado, navegando con rumbo acertado, analizando críticamente los discursos que le llaman, descubriendo engaños, ¡porque nada resulta neutro! Este es el único tipo que sobrevivirá intelectualmente en el mundo digital que nos acecha. Es también el futuro que deseo a mis alumnos. Trabajemos para conseguirlo”. ¿Qué ha cambiado en el mundo de la educación en estos últimos años?

Supongo que lo más importante de estos últimos diez años es la evolución de Internet. Es algo que empezamos a ver de una forma más intensa: porque la población escolar ya es íntegramente nativa digital, porque en muchos países de América Latina se han desarrollado programas de dotación informática, porque ya se han dado cambios importantes en la manera de leer y escribir, de entender lo que es un lector y de enseñar a leer y escribir. Probablemente estamos viendo de una forma mucho más evidente y cruda la inutilidad de una enseñanza mecánica, centrada exclusivamente en los procesos de codificación, de una enseñanza que se enfoca en las cuestiones gramaticales y léxicas. Vemos un mundo más vivo y más dinámico fuera de la escuela que muchas veces el aula no reconoce.

¿Hay valores o competencias que los “inmigrantes digitales” deban proteger y transmitir a las nuevas generaciones de “nativos digitales”?

Yo creo que un docente es como un médico: tiene que ofrecerle lo mejor al alumno. El problema es que para un médico está muy claro qué es lo mejor: que el paciente siga vivo y que tenga calidad de vida. En cambio, en el caso del docente, lo que significa la educación de la ciudadanía en un contexto democrático no es tan claro. Este es el problema. Pero yo creo que tenemos que tomar conciencia de una frase que se dice mucho: en este momento la escuela tiene edificios del siglo XIX, docentes del siglo XX y alumnos del XXI. Nos encontramos con una gran complejidad, pues el que tiene más poder para cambiar esto es el docente. Creo que el docente tiene la misma responsabilidad que el doctor para ofrecer una educación de presente y de futuro para los niños. Esto no significa que no se puedan utilizar textos relevantes y prácticas importantes de lectura y escritura que siguen vivas hoy en día. Pero la clase de hoy tendría que enseñar a navegar, a utilizar los motores de búsqueda, a discriminar las informaciones, a identificar ideología (no solo las ideas principales), tendría que enseñar a conectar las necesidades del chico con la información que hay disponible en la red, tendría que enseñar a leer fotografías, a analizar críticamente videos, a buscar información desde otros puntos de vista, a desarrollar el hábito de buscar varios puntos de vista de un mismo hecho para tener información contrastada. Eso hay que asumirlo. Si no, lo que estamos enseñando en clase va a tener cada vez menos utilidad en el día a día.

¿Cuáles son los miedos o prejuicios más comunes de los docentes frente a este cambio que plantea la tecnología?

Lo primero que hay que decir es que la escuela es muy conservadora. Por hacer una comparación fácil, la escuela es más parecida al derecho que a la economía o la medicina. La economía es una disciplina que pretende ganar dinero, y si se descubre una nueva manera de ganar dinero, pues todo cambia radicalmente para perseguir el dinero. La medicina también es una disciplina que pretende curar al enfermo y mejorar su calidad de vida. Si se descubre algo nuevo, pues rápidamente cambia todo y se adopta esa terapia. En cambio, el derecho no. El derecho es una disciplina que se basa en la tradición, se basa en la jurisprudencia, se basa en lo que hemos estado haciendo durante muchos años. El aborto, por ejemplo. Deben morir muchas mujeres en malas prácticas abortivas y tienen que cambiar los puntos de vista de la mayor parte de la sociedad para que cambie la ley. Entonces la escuela es un poco parecida al derecho en el sentido en que los docentes están muy aferrados a los valores que aprendieron en la escuela y a las prácticas que desarrollaron como alumnos y como docentes. Entonces los cambios son muy lentos. Algunas investigaciones dicen que se necesitan unos cuatro o cinco años para que poco a poco vayan cambiando las prácticas de una escuela en el aula.

Cuando menciona en su libro En_línea los cambios que se avecinan a editores, librerías y bibliotecas se refiere al libro como un servicio. ¿Podría expandir esa idea? ¿Ha visto ejemplos de ese orden?

El ejemplo más evidente es la música. Ha cambiado radicalmente la manera de construirla, producirla, distribuirla, consumirla, pagarla, etcétera. Ya no tenemos discos, ya escuchamos en streaming a través de Spotify o nos bajamos la música que nos interesa en Amazon o en iTunes, etcetera. Eso no ha matado a los artistas, los músicos o los intérpretes. Todo lo contrario, yo diría que hay mucho más que antes. Pero sí que ha cambiado el modelo de negocio y la forma de educarnos musicalmente, en el sentido que es un contexto más abierto y más diverso. Con el libro probablemente será un proceso más lento; el texto escrito es más complejo. Lo que nos muestra la historia es que no desaparece nada, todo coexiste. Las enciclopedias ya han desaparecido y no creo que nadie compre enciclopedias en Colombia o España. Esto va por sectores: en el caso de las novelas, vamos a leerlas en una pantalla, pero es la misma novela de siempre. No sé qué va a pasar con los libros de información científica, si realmente habrá un mercado muy amplio para ese tipo de libros. Digamos, ¿quién va a comprar un libro mío si tiene en la red gratis distintas conferencias, muchas presentaciones en SlideShare y artículos míos? Claro, es más cómodo el libro, es un producto más maduro, más elegante, pero también es más caro. Probablemente se va a reducir el mercado.

Otro de los cambios radicales se evidencia en el lenguaje mismo. Usted habla de la ruptura del monopolio del lenguaje estándar en Internet y de nuevas expresiones más cercanas a la oralidad. ¿Qué hay de los emoticones?

Hay estudios ya bastante serios que hacen una clasificación de los distintos tipos de emoticones. Hay emoticones de estilo occidental y otros de estilo oriental donde tienen una configuración distinta pues se utiliza de otro modo el espacio. También hay investigaciones pragmáticas que analizan el valor comunicativo que tiene un determinado emoticón, por ejemplo, el :) o la :(, y básicamente lo que nos dicen es que son elementos gráficos que hemos inventado para intentar suplir la ausencia de comunicación no verbal en el texto escrito. Lo que sería la entonación, la gesticulación, la mirada, la posición del cuerpo, que son elementos que muestran la actitud, los puntos de vista, la ironía, el sarcasmo, y que dan pistas sobre cómo hay que interpretar unas determinadas palabras.

En el mundo offline nos estamos llenando de palabras que reflejan los cambios que está produciendo la tecnología, como ‘innovación’, ‘interactivo’ o ‘Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC)’, pero que son vacías de contenido. ¿Pasa lo mismo en España o es cosa de la burocracia colombiana?

Siempre ocurre que hay determinadas expresiones, como las que has mencionado, que se ponen en los titulares de los periódicos o en los libros de texto, o los manuales y las investigaciones de educación, y se convierten en palabras que todo el mundo utiliza, puesto que todo el mundo quiere parecer moderno, todo el mundo quiere estar à la page. Claro, lo que ocurre es que llega un momento en el que esa palabra ya significa muy poco porque la han utilizado tantas personas de modos tan diferentes para decir tantas cosas distintas que se pierde un poco el significado que tuvo originalmente. Por ejemplo, la palabra ‘TIC’. Ahora en España se habla mucho de ‘TAC’, que significa Tecnologías del Aprendizaje y del Conocimiento. Lo que se plantea es que basta ya de hablar de TIC en la escuela, pues se pone énfasis en las máquinas, los artefactos, el hardware, el software, la informática. Pero a nosotros no nos interesan el aprendizaje y el conocimiento basados en TIC, lo que nos interesa es el TAC. Estamos en un momento en el que TIC ya está un poco vaciado y entonces usamos TAC. Dentro de unos años ya estará vaciado y necesitaremos otra palabra para poder referirnos a lo nuevo.

‘Contenido’ es otra de esas palabras que se ha quedado vacía. ¿Siente que las propuestas de ejercicios pragmáticos que usted hace en su libro En_línea serían más efectivas si la oferta de ‘contenidos’ de calidad en español fuera tan buena como la que existe en inglés?

En Internet hay muchas cosas. Hay mucha basura, pero también hay buenas cosas. Cuando pones una conexión Wi-Fi en un salón de clases y alumnos y docentes pueden acceder a los contenidos, pues si el profesor es un buen profesional y está bien documentado e informado, podrá encontrar buenas orientaciones. Aquí es donde un bibliotecario documentalista tiene una buena función. El bibliotecario ya no debe guardar los libros, ponerlos en un estante, catalogarlos. Eso lo hará alguien, pero uno solo para Colombia y uno para España porque ya todo estará en la red. Pero sí que necesitamos personal calificado en documentalismo para asesorar a los docentes en distintas disciplinas sobre materiales que necesitan en cada clase. Para las editoriales se viene un momento complicado porque los profesores son mucho menos dependientes del libro de texto. Yo he encontrado muchos profesores que no tienen libro de texto desde que tienen conexión a internet.

¿Pero no hay un rezago en el sector editorial en la producción de contenidos por los que alguien, un profesor, por ejemplo, pagaría?

Sí, estoy de acuerdo. Lo que pasa es que en España quienes deciden qué libros se compran son los maestros. Entonces los maestros eligen los libros del catálogo de las editoriales que han sancionado los gobiernos, y normalmente eligen el libro más conservador, el que se acerca más a lo que conocen, que les supone menos cambio. Y las editoriales lo que buscan es vender libros. Mientras estén sancionados positivamente por el gobierno, les da igual. Evidentemente, creo que el que tiene más responsabilidad es el gobierno, que tendría que imponer condiciones más innovadoras a las editoriales para que realmente se adapten a los cambios que estamos viviendo.

Eso implicaría que los gobiernos cambien sus políticas educativas y culturales de forma eficaz. ¿Cómo se ha dado ese cambio en España? ¿Es tan lento como en Colombia?

Acá ha sido un desastre absoluto. En la última época del gobierno de Zapatero se lanzó un plan muy importante de lo que sería el modelo 1x1 (un portátil por alumno), que es un modelo muy desarrollado en distintos lugares anglosajones y también en el mundo hispano como Uruguay y Argentina. Y luego, cuando cambió el gobierno y sobrevino la crisis económica, lo han tenido que clausurar. Esto es comprensible. Pero lo que no es comprensible es que el gobierno que tenemos ahora y el que teníamos entonces hayan cambiado varias veces de modelo y hayan cambiado varias veces los contenidos educativos con criterios claramente ideológicos. En vez de que los partidos importantes se pongan de acuerdo en algo tan básico como es la educación o la sanidad y que desarrollen un modelo consensuado que permita sobrevivir a los cuatro años del mandato de un político, nos encontramos con que un partido nuevo quiere cambiar la ley. Entonces es un desastre.

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