Cuento

Cinco nuevos libros de cuentos que estarán en la FILBO 2013.

2013/04/12

Por Revista Arcadia

Un libro sin secretos

Francisco Barrios*Periodista y profesor

El  secreto de Alicia, Roberto Burgos Cantor. Seix Barral.

Roberto Burgos se encuentra en el momento más interesante de su oficio, y lo que lo hace interesante es, a mi parecer, que él siempre ha escrito lo que ha querido, con una prosa lírica, enumerativa y adjetivada, de la que se vale para narrar las historias de unos pobres diablos o para imaginar episodios históricos. Siempre haciendo guiños a Europa, a Cartagena y a sus amigos. El secreto de Alicia es su décimo libro en tres décadas, y los recursos narrativos que mencioné ya están lo suficientemente afilados como para que sus lectores sepan que esta es una apuesta segura. En este libro, Burgos distribuye trece cuentos de extensión variada en tres secciones denominadas “del infierno”, “del cielo” y “de la tierra”. Así, entre los relatos del infierno está el de un hombre que solo observa a una mujer que se mira en un espejo de bolsillo, el de un reservista del ejército al que atracan en la Avenida Jiménez, el de una viuda del conflicto que evoca el asesinato de su hombre, y el de Evaristo Márquez, el palenquero que disfrutó de quince minutos de fama por protagonizar la película Queimada al lado de Marlon Brando. Al cielo le corresponden cinco relatos, dentro de los cuales destaco “Tartufos”porque narra con humor el peregrinaje absurdo de “las tías”–esas que todos tenemos– a Roma, en busca del dedo de Santo Tomás. De la tierra son los relatos de la ejecución de José María Córdova, el cuento que da título al libro, y dos relatos más. No hay en este volumen secretos, pero sí me llamó la atención que en algunos de los relatos haya más humor que en sus libros anteriores, con lo que Burgos demuestra que puede alternar con maestría su gusto por el habla popular con las referencias cultas, que también disfruta. La falta de novedad es, en este caso, una virtud, porque leer El secreto de Alicia es como el gusto de entrar a un anticuario: el atractivo no está en ofrecer novedades, sino en saber que cada pieza es valiosa porque tiene esa pátina que solo da el paso del tiempo y el conocimiento del propio oficio.

Rarezas editoriales
Julio Paredes* Escritor

La casa inundada, Felisberto Hernández. Atalanta.

En el prólogo a la selección publicada por Einaudi en 1974, Italo Calvino afirmaba que Felisberto Hernández “no se parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos; es un ‘irregular’ que escapa a toda clasificación…”. Sin duda, la tajante afirmación mantiene una vigencia inapelable para cualquier lector contemporáneo, medianamente atento, que decida sumergirse en esta nueva antología de Ediciones Atalanta, con un afectuoso y detallado prólogo del narrador Eloy Tizón y bajo la dirección de Jacobo Siruela, quien ya para 1990 publicaba una variación de los textos de Hernández con el título de Narraciones incompletas. Continuación editorial que no parece sorpresiva, pues en los dos catálogos al lado del narrador uruguayo vienen otros de voces ‘inclasificables’: Alberto Savinio, Francisco Tario, Robert Walser o Eliot Weinberger.

Pero la ‘rareza’ que cifra estas narraciones y, claro, la obra de Felisberto Hernández, no se limita a una manera excéntrica de escribir, a una retórica con una lógica interna engañosamente aleatoria, semejante a la de los sueños, y heterodoxa para cualquier época. Tampoco se restringe a los temas particulares, de rasgos fantásticos, que se pasean por su obra: el tiempo y el espacio inasibles de la infancia, pero simultáneos al presente real del narrador; el desdoblamiento del cuerpo y de cada una de sus partes; la irrupción de una especie de agua primordial que permea los límites intemporales de una casa, o la de los objetos con vida propia (como los pianos y las prendas de vestir); la inusitada voz de caballos que narran miedos y alucinaciones, o de mujeres siempre corpulentas, con una sensualidad que provoca un deseo sobrenatural…

La sorpresa sin par que deja la literatura de Felisberto Hernández, lo deliciosamente extraño, surge de la experiencia tangible, creciente y cada vez más vertiginosa, de una manera única de leer y, claro, de releer y escuchar las otras músicas que atraviesan y sostienen el mundo. Una especie de sonambulismo que, tal vez, habrá experimentado con Kafka, uno de los autores que confesó haber leído. Como una feliz broma fantasmal para el lector, la edición viene con una errata desconcertante: ¡en lugar del título “Explicación falsa de mis cuentos” (quizás el arte poética más certera sobre el género del cuento, dictada de un tirón a una de sus cinco esposas), dice: “Explicación falsa de mis sueños”!

El primer Rosero

34 cuentos cortos y un gatopájaro, Evelio Rosero.Destiempo.

No es nada nuevo decir que Evelio Rosero es uno de los escritores vivos más importantes que tiene Colombia en la actualidad. Es un prosista impecable, de especial precisión en los detalles. Estos cuentos que publica la editorial independiente Destiempo reafirman el talento de Rosero, en este caso, para los cuentos breves. Este libro es fruto de una exhaustiva pesquisa por archivos y bibliotecas de sus cuentos escritos entre 1978 y 1981 y que fueron publicados en diversos periódicos y revistas literarias. La bella edición y el buen gusto de los editores hacen justicia a estos primeros textos de Rosero en los que ya se intuye su posterior potencia narradora.




La profundidad del mundo
Julio Paredes* Escritor
Mientras los mortales duermen, de Kurt Vonnegut. Sexto Piso.

La fama del escritor Kurt Vonnegut (1922-2007) se sostiene principalmente sobre las inolvidables y sombrías páginas de Matadero Cinco (1969), novela donde revisita, entre saltos de tiempo y geografías fantásticas, su experiencia como prisionero de los nazis cuando, detenido en un matadero de cerdos, termina como testigo involuntario de la también inútil destrucción de la ciudad de Dresde al final de la Segunda Guerra Mundial. Gracias a una nutrida obra, tanto de ficción como de ensayo y periodismo, Vonnegut se posicionó como uno de los autores más carismáticos y críticos de la segunda mitad del siglo XX. Vale mencionar Las sirenas de Titán (1959), Cuna de gato (1963), El desayuno de los campeones (1973) o los libros autobiográficos y de opiniones contundentes, como Palm Sunday (1981) y Un hombre sin patria (2005).

Para un lector fiel, resulta una agradable sorpresa dar con Mientras los mortales duermen, la segunda colección póstuma de la narrativa breve inédita de Vonnegut, que reúne dieciséis relatos de la etapa cuando intentaba abrirse paso como escritor enviándolos a revistas como Collier’s y Saturday Evening Post con el propósito inmediato de recibir algunos dólares para ayudar a sostenerse. Acompañados de las particulares ilustraciones que trazaba Vonnegut, el lector se encontrará en estos cuentos con argumentos sencillos, algunos con ciertas intenciones fantásticas y casi todos atravesados por el humor y un giro de cierre y solución que los aproxima a narraciones con final feliz y, hasta cierto punto, bondadoso con el destino de los personajes; individuos, diríamos, enfrentados a los comunes avatares que traen el amor perdido o reencontrado, la amistad o las falsas vanidades. Aunque por momentos resulta difícil atravesar el filtro de una traducción “peninsular” y se trate de óperas primas, el lector sin duda reconocerá una de las mayores preocupaciones estilísticas para Vonnegut: la sencillez en el lenguaje como cualidad, casi sagrada, para nombrar la profundidad del mundo.

Del amor y sus paradojas
Luz Mary Giraldo* Poeta y crítica literaria

El lejano amor de los extraños, Tomás González. Alfaguara. 

Tomás González, poeta y narrador traducido a varios idiomas, empezó a publicar en los años ochenta. Muchos lamentan el poco conocimiento de su obra, destacada por la capacidad de decir tanto lo más leve de la realidad como lo más truculento, y por la sencilla manera de transmitir la soledad. La premio Nobel Elfriede Jelinek, el poeta Erich Hackl, el escritor Karl-Markus Gauss y el antólogo Peter Schultze-Kraft resaltan su pureza, sensibilidad y contención. Sin embargo, hoy, cuando en beneficio de historias la ficción ha abandonado la reflexión, y cuando autores como J. M. Coetzee afirman que para que la novela no se anquilose y muera debe ser interrogada y renovada mediante la experimentación, la narrativa de Tomás González, de escritura convencional, parece ir en contravía: se detiene en determinados temas de la existencia que apelan a muchos lectores.

La prosa llana de los veinte cuentos de El lejano amor de los extraños narra situaciones posibles, relaciones problemáticas, tensiones, complicidades y miserias; y, claro, están en ellos la luz y la oscuridad forcejeando como las olas del mar, y el amor con sus incomprensibles apegos. Sin embargo, estas no son propiamente idílicas historias de amor. Por el contrario, los protagonistas se ven atrapados en un oscuro destino en el que la adicción al otro, la imposibilidad de olvidar, la amenaza y la invasión del otro, en fin, tantas formas de amar, parecen una condena.

Sobresalen cinco cuentos: “Largo es el arte del olvido”, “Miel”, “Flor de azalea”, “Luz de tus ojos” y “Las palmas del guetto”. Estos textos cuentan del arte de no olvidar como una forma de eternizar la soledad; del amor perdido y purificado por el fuego y la irónica venganza ante la infidelidad; de la necesidad del otro como paradoja del amor; de la destrucción y la necesaria liberación; del miedo, la desilusión y la ruina. Sin mayores pretensiones, la vida pasa entre la sombra y la luz.

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