Miley Cyrus y robin thicke surante su presentación en los VMA 2013

Disney tiene la culpa

La presentación de Miley Cyrus en los pasados Video Music Awards fue tildada de vulgar por los medios tradicionales y por muchos de sus seguidores, pero más vulgares resultaron las reacciones ante una cantante que, en su papel de Hannah Montana, hizo parte de la educación sentimental de una generación que apenas está llegando a la mayoría de edad.

2013/09/12

Por Francisco Barrios. Bogotá.

Me enteré del escándalo por la presentación de Miley Cyrus en los VMA (Video Music Awards) de MTV, el pasado 25 de agosto, por cuenta de mis estudiantes de octavo grado, para quienes Cyrus es un referente cultural por haber protagonizado Hannah Montana, la serie infantil del canal Disney que se emitió entre el 2006 y el 2011. Cuando llegué a mi casa después del colegio, quise ver el video en YouTube de inmediato, pero me tardé unos minutos en encontrar la versión original de la presentación. Pocas horas después de la transmisión, YouTube ya estaba inundado de versiones comentadas en las que se destacan los términos “objeto sexual”, “extraña”, “perturbadora” y “zorra”. En Twitter, por su parte, una de las imágenes más reproducidas fue la foto de una perra pitbull despatarrada en el suelo, disfrazada con un bikini como el que usó Cyrus y con la leyenda: “¿Eres tú, Miley”?.

Las reacciones negativas a la presentación de Cyrus llegaron a su punto más alto el viernes 30, el día en que la prensa estadounidense divulgó las declaraciones de Steve Chmelar, el inventor del gigantesco guante de espuma con la leyenda “#1” y el dedo índice levantado, que usan los hinchas gringos en los partidos de beisbol y que popularizó Homero Simpson cuando les hace barra a “Los Isótopos” de Springfield. “Ella utilizó un ícono honorable que se usa en eventos deportivos por todo el mundo y lo degradó”, afirmó Chmelar. Hacía así referencia a la alusión a la masturbación que hizo Cyrus al rozar su pubis con el gigantesco dedo. “¿Cómo se le ocurrió a esta estrella del pop usar de esa manera el dedo de espuma”, parecía ser la pregunta. Bueno, pues un dedo erguido también sirve para eso, ¿no? ¿O es que acaso su patente limita sus usos? Al parecer sí. Y lo hace de la misma forma en que haber sido una estrella infantil de Disney ha limitado la carrera de muchos artistas, sobre todo mujeres, porque Miley Cyrus corrió una suerte parecida a la que en su momento corrieron Christina Aguilera, Britney Spears, Selena Gomez y Lindsey Lohan, cuyos esfuerzos –muchas veces torpes, hay que decirlo– por desmarcarse de la imagen de niñas de Disney han sido destrozados por los medios y por sus seguidores. En el caso de Cyrus las cosas fueron más lejos, ya que se trata de una artista que en el 2008 fue incluida en la lista de las cien personas más influyentes del mundo por la revista Time y que fue considerada por Vanity Fair como “quizás la mayor estrella infantil desde Shirley Temple”.

Miley Ray Cyrus nació en 1992 en Nashville, Tennessee, la meca de la música country. Su padre es Billy Ray Cyrus, un cantante de este género, que entre sus créditos tiene el de haber sido el artista que ha permanecido por más tiempo en el primer lugar del Billboard: siete semanas consecutivas, en 1992, con su sencillo “Achy Breaky Heart”, que vendió veinte millones de copias. Billy Ray es también miembro del conservador PTC (Consejo Televisivo de Padres, por su sigla en inglés). Miley fue bautizada como “Destiny Hope”, ya que Billy Ray y su esposa, Letitia Fish, le auguraban un destino esperanzador (a manos de ellos, supongo). Más adelante, el apodo “Miley” (apócope de “Smiley”, sonriente) se convirtió en su nombre artístico. Su debut fue en el 2003 en Big Fish, la película de Tim Burton, y tres años después presentó la audición para el papel de Hannah Montana, una colegiala que lleva una doble vida como estrella pop.

El éxito de la serie fue tan grande que el personaje y la actriz se convirtieron en uno solo y Disney dio inició así a uno de sus productos más exitosos. Además de la serie, Hannah Montana lanzó dos discos, hizo dos giras mundiales y, en el 2008, una película sobre la gira: Hannah Montana & Miley Cyrus: lo mejor de los dos mundos, que recaudó alrededor de cien millones de dólares. Ese mismo año, Cyrus coescribió y grabó la canción I Thought I Lost You (Pensé que te había perdido), que interpretó con John Travolta para la película Bolt y por la que recibió una nominación al Globo de Oro. En ese momento, Cyrus ya tenía quince años y aunque su contrato con Disney se prolongaría por dos años más, su deseo de desligarse de la imagen de Hannah Montana empezó a aflorar. En junio del 2008 la cantante posó para Vanity Fair con el torso desnudo, cubierto solo por una sábana. En algunas de las fotos aparece sola y en otras con su padre, y estas estuvieron a cargo de Annie Leibovitz. Las imágenes fueron criticadas por los padres de familia y por Patti McTeague, una portavoz de Disney, que afirmó: “Desafortunadamente, como el artículo lo sugiere, crearon una situación para manipular deliberadamente a una quinceañera y así vender más revistas”. Como si el contrato de Cyrus con Disney no hubiera sido lo mismo.

En el 2009 la cantante manifestó su deseo de terminar su contrato con el canal, pero Disney se valió de su derecho de extenderlo por un año más. En el 2010, cuando aún le quedaba una temporada de Hannah Montana, Cyrus lanzó el álbum Can’t Be Tamed (Imposible de domar). En la canción que da título al álbum, Cyrus aparece con una trusa negra de cuero, botas y unas alas gigantescas, representando a una especie de pájaro enjaulado que quiere escapar. Este video también generó críticas en los medios por la “imagen sexualizada” de Miley Cyrus, quien, de paso, entró a la lista de las cien celebridades más ricas de la revista Forbes.

Después de Cant’ Be Tamed, Cyrus lanzó la canción We Can’t Stop (No podemos parar) el pasado 3 de junio, como preámbulo a su álbum Bangerz, que saldrá al mercado el 4 de octubre. Los VMA parecían la ocasión perfecta para presentar una versión de la canción, en la que Cyrus toma elementos del hip-hop, en concreto, el twerking (o “perreo”), un paso de baile en el que las mujeres mueven las caderas y el trasero dándole la espalda a su compañero de baile. La canción fue compuesta originalmente por los músicos Timothy y Theron Thomas para Rihanna, y en la versión de los VMA, Cyrus la mezcló con “Blurred Lines” de Robin Thicke (una especie de imitador de George Michael, lo que ya es bastante malo).

Una vez que pasaron las reacciones inmediatas por la “vulgaridad” del baile de Cyrus, las críticas se dividieron. Algunas columnistas celebraron lo que consideran un gesto de apropiación de su propia sexualidad, mientras que otras acusaron a Cyrus de prestarse para el imaginario machista en el que las mujeres se ofrecen como un objeto sexual. Las feministas afroamericanas, por su parte, acusaron a Cyrus de apropiarse de elementos de barriada negra y pretender “ser una de ellas”, cuando en realidad es una niña rica blanca. Por ejemplo, Tressie McMillan, en su blog Cottom Social Reader, anotó: “Cyrus representa una falsa bisexualidad para la mirada masculina y se vale de los cuerpos de mujeres negras y gordas y de cuerpos mestizos un poco más delgados como telón de fondo porque esta yuxtaposición de su sexualidad con la de ellas busca resaltar a Cyrus, antes que desafiar su supremacía”. Sadhbh Walshe, columnista de The Guardian, salió en defensa de Miley Cyrus y se preguntó por qué el número de Lady Gaga, que apareció en tanga en la misma ceremonia, fue celebrado como “arte” mientras que el de Cyrus fue tachado de “vulgar” y “vergonzoso”. Creo que McMillan y Walshe no se equivocan del todo en sus análisis, pero me llama la atención que nadie haya hecho alusión a la canción de Thicke que, como lo comenta la misma Walshe sin mayor elaboración, es prácticamente una incitación a la violación. En el video, al lado de tres mujeres semidesnudas (una trigueña, una rubia y una afroamericana) Thicke canta que ellas son “niñas buenas” a las que él “les va a sacar” su “lado animal” en una noche. La canción de Cyrus, por su parte, habla de una fiesta en la que ella y sus amigos pueden hacer lo que quieran porque es su fiesta.

La calidad del número musical de Miley Cyrus, que es el asunto sobre el que debió girar la discusión, es mediocre por cuenta de una apropiación descontextualizada de elementos del hip hop y por el uso de gigantescos osos de peluche que no tienen ninguna relación con la letra de la canción ni con el baile. Pero más que moralmente “perturbador”, me resultó estéticamente desacertado.

Vender a un hijo a una franquicia tiene su precio, parece ser la lección para los padres de Miley Cyrus, que ha recibido los peores insultos que he visto en las redes sociales en mucho tiempo. En lo que al canal Disney atañe, hacer de los niños consumidores también tiene su precio una vez que sus ídolos alcanzan la mayoría de edad. Pero al parecer ni los padres de Cyrus, ni sus fans, ni el canal Disney, parecen dispuestos a pagarlo. “Que lo pague Miley –parece ser la respuesta– que para eso la hicimos millonaria”. El día después de los VMA, Cyrus se alegró del éxito de su presentación, pero al cierre de esta edición ya había declarado para la edición dominical del 1 de septiembre del Daily Mirror, como disculpándose: “Estoy tan jodida. Todo el mundo hace burradas cuando está hecho un desastre”. Pero el desastre es, en mi opinión, el perverso modelo de explotación de las estrellas infantiles.

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