En una de las escenas más incómodas de J’ai tué ma mère —película que Xavier Dolan escribió, produjo, dirigió y protagonizó a los diecinueve años—, la madre del personaje principal se entera, por accidente, de que Hubert, su único hijo adolescente, es gay. La mujer, que siempre se ha declarado liberal, tolerante y una buena mamá, no puede ocultar el desagrado: se queda en silencio varios minutos y hace una mueca de profunda decepción. Después de un rato comenta con resignación: “Se obsesionó con Leonardo DiCaprio cuando vimos Titanic. Le escribió una linda carta en inglés”. La escena, cargada de humor negro, es un agudo comentario de Dolan sobre lo que significa salir del clóset. La única forma de asumir completamente la homosexualidad, parece decirnos el joven director —y de ahí el título de la película—, es matar un poco la estrecha relación con la madre.
Lo sorprendente de las primeras películas de Dolan es que documentan, casi en tiempo real, cómo el joven fue descubriendo y asumiendo su sexualidad. Nació en Montreal, Canadá, en 1989. Es hijo del actor y cantante de origen egipcio Manuel Tadros, pero escogió utilizar el apellido de su madre, Geneviève Dolan. Desde los cuatro años empezó a participar en comerciales y en series de televisión canadiense. También dobló las voces de algunos personajes en la versión francesa de South Park, Harry Potter y Twilight. Sin embargo, cuando entró en la adolescencia, se convirtió en un joven rebelde y problemático. Sus padres decidieron entonces mandarlo a un internado en las afueras de la ciudad. Ahí empezó a ver cine: “Descubrí muy tarde el lenguaje del cine, a los dieciséis o diecisiete años. Algunos de mis amigos veían películas de Truffaut desde los nueve años, mientras que yo adoraba Mi pobre angelito y me parecía que era el mejor cine del mundo”, le contó a la revista Filmmaker.
Antes de cumplir diecinueve años se escapó del internado y decidió no estudiar ninguna carrera universitaria. Dolan escribió entonces su primer guión, lleno de rabia, en tres días: la historia explora todos los miedos de un joven que no encuentra su lugar en el mundo y detesta a sus padres. Los personajes y los diálogos tienen una clara influencia de Woody Allen: “Cuando escribí esta película, en mi cabeza estaban películas como Maridos y mujeres o Hannah y sus hermanas. Por su humor y psicología. No se me ocurre una manera mejor de acercarse a una historia que la suya. Sus películas han sido para mí verdaderas lecciones sobre el mundo de los adultos y sus múltiples caras”, le dijo a El País. La cinta —decididamente autobiográfica— retrata la compleja relación de un joven neurótico con su madre divorciada y sobreprotectora.
Después de escribir el guión, Dolan se lo enseñó a varios directores. Muchos de ellos estaban interesados en dirigirlo, pero el joven tomó una decisión arriesgada: “Empecé a dirigir porque quería actuar. Cuando escribí J’ai tué ma mère era obvio para mí que nadie más podía hacer ese papel. No es que dudara del talento de otros actores, pero nadie más podía interpretar ese personaje porque se trataba de mi vida. Pensé que si alguien más dirigía la cinta, le daría el protagónico a algún chico guapo e irritante y que yo sería ignorado”, le contó a Black Sheep Magazine. Dolan utilizó lo que había ganado como estrella infantil y les pidió dinero prestado a sus amigos. Rodó la cinta y, al poco tiempo, esta fue seleccionada para presentarse en el festival de Cannes del 2009: ahí obtuvo una ovación de ocho minutos y se llevó los premios Regards Jeunes y Director’s Fortnight. También fue seleccionada para representar a Canadá en los premios César y Oscar. La crítica quedó asombrada por la capacidad de Dolan —quien nunca antes había trabajado detrás de una cámara— para escribir diálogos, crear ambientes y dirigir actores. El canadiense se consagró como el nuevo niño genio del cine.
En su siguiente película volvió a tocar el tema de la difícil relación entre una mujer y un joven homosexual. Dolan escribió el guión durante un viaje en tren en el que habló con varios amigos: sobre sus experiencias en triángulos amorosos. Y lo rodó al poco tiempo: Les amours imaginaires narra el tenso enfrentamiento entre dos grandes amigos: Nicolas (Dolan) y Marie (Monia Chokri), quienes se enamoran al mismo tiempo de Francis (Niels Schneider). Los dos empiezan una competencia delirante por ganarse el amor —imaginario— del joven. En esta ocasión Dolan hace una reflexión sobre cómo los gays tienen una relación ambivalente y competitiva con las mujeres de carácter fuerte. La cinta tiene una fotografía impecable y una banda sonora extraordinaria. De nuevo, la película fue estrenada en Cannes con muy buenos resultados: fue nominada al premio Un Certain Regard y volvió a recibir el premio Regards Jeunes.
Pero esta vez hubo varias críticas: algunos dijeron que Dolan repetía fórmulas de su anterior película y que le daba más importancia al estilo que a la historia. Él se defendió: “Algunos me han dicho que mi película parece un video. Pero su estética es deliberada. Necesitaba expresar cómo sublimamos las cosas cuando estamos enamorados: idealizamos las cosas”, le dijo al portal AskMen. Dolan no ocultó, en este caso, un estilo en el que la paleta de colores, el vestuario y la música son una manera de expresar una sensibilidad. “No me estoy especializando en el tema queer, como muchos sugieren. Soy gay, así que para mí es natural contar historias a través de personajes gays. No hay un mensaje, no hay una lucha social ni la defensa de una causa, simplemente quiero mostrar que hay diferentes identidades sexuales y que todas cohabitan”, le dijo a El País sobre las acusaciones de que su cine no va más allá del tema homosexual.
Les amours imaginaires
Su tercera película, Laurence Anyways, es su proyecto más ambicioso hasta ahora. La cinta, que fue estrenada en el pasado festival de Cannes, es su más larga y costosa producción: dura tres horas y narra una década en la vida de un hombre que decide convertirse en mujer. Es protagonizada por Melvil Poupaud, quien hace el papel de un joven que, después de vivir una vida heterosexual hasta los treinta años, cambia su identidad. Fue recibida de nuevo con entusiasmo, pero, para decepción de su director, no fue incluida en la selección oficial. Dolan se quejó y dijo públicamente que Laurence Anyways no era la mejor del año, pero que era bastante superior a muchas de las que estaban en competición. De inmediato sus críticos dijeron que el joven se había convertido en un ególatra y que era evidente su afán por ser el director más joven de la historia en obtener la Palma de Oro. El récord, por cierto, lo tiene Steven Soderbergh, quien ganó a los veintiséis años por Sexo, mentiras y video.
A Dolan le quedan un par de años para lograrlo. Y, de paso, demostrar que dejó de ser un niño terrible con buenas ideas y se convirtió en un cineasta maduro.
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