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El momento de la independencia

El fenómeno del año

El fenómeno del año

No son un movimiento, no piensan igual ni tienen los mismos gustos. No están en contra del mercado, pero tampoco les incomoda tener éxito comercial. Son los independientes, jóvenes entre los 20 y 40 años que dijeron no a la abúlica y conservadora oferta artística y decidieron arriesgarse a hacer su propia empresa. Retrato de una audacia.

Por: Lina Vargas*

Publicado el: 2012-12-19


Cuando uno es independiente hace lo que quiere”, dice Francisco Toquica de la editorial Caín Press. “Ser independiente es tener tu propio ritmo”, dice Daniel Jiménez de la editorial Robot y director de la revista de cómic Larva. “Es hacer las cosas y no esperar a que alguien más las haga”, dice Andrea Triana de Jardín Publicaciones. Para María Montoya, editora del blog El cassette, y Melissa Paerez de La peluquería, la independencia tiene que ver con el crecimiento personal y la búsqueda de una identidad. “Es autogestión”, dice el artista Carlos Alfonso, y el músico Andrés Gualdrón cree que una persona independiente es aquella que gestiona su propio proyecto sin necesidad de patrocinio. Juan Francisco Soto, director del medio online El antagonista, se niega a tener publicidad y a Manuel Kalmanovitz, director de la revista Matera, le gustaría publicar más ejemplares pero también le parece importante no tener propagandas. “Nosotros no entramos en las lógicas de mercado convencionales, pero tampoco estamos en contra de ellas”, dice Juan Peláez, artista y fundador del espacio artístico Miami. “No somos antisistema”, dice Marco Sossa de la editorial y librería La Valija de Fuego, y Kalmanovitz concluye: “Ser independiente es mostrar cómo la cosa se puede hacer bien en vez de señalar lo que está mal”.

La mayoría de estas personas no se parece entre sí mucho más de lo que cualquiera se parece a sus compañeros de oficina o a la gente que nació en la misma década. Los independientes no son un movimiento como lo son, por ejemplo, los raperos. No se visten igual ni escuchan la misma música, ni votan por el mismo candidato, ni tienen gustos idénticos, aunque comparten una característica fundamental: todos tienen un proyecto artístico propio, autogestionado y alternativo a los modelos tradicionales, que puede ir de la edición de libros a la fotografía de alimentos; de la creación de un espacio para la discusión sobre arte al corte de pelo y de la ilustración al diseño de medias.

Para entender lo que está pasando hay que retroceder unos diez años. Entonces las cosas funcionaban así: un escritor triunfaba si algún gigante editorial publicaba su libro. Mientras tanto un artista intentaba entrar a una galería para que su obra se valorizara, un músico a una disquera y un diseñador de moda repetía patrones en alguna marca. Era gente que tarde o temprano conseguiría un trabajo tal vez a costa de su creatividad. Detrás de ellos venía una nueva generación de jóvenes que había crecido bajo todo tipo de influencias: una anacrónica e irreal fórmula del éxito que consistía en ir a una buena universidad y conseguir un empleo hasta jubilarse; la caída de las ideologías y la apatía política y la llegada de Internet con su firme creencia de que todo estaba por hacer, desde escribir blogs hasta filtrar secretos de Estado. Y por qué no, crear algo y ser ridículamente millonario antes de cumplir los treinta años. La mentalidad y los niveles de autoconfianza de toda una generación debieron cambiar. Al fin y al cabo para hacer la nueva revolución no se necesitaba más que un portátil.

Los independientes salieron de allí. Casi todos hablan del vacío que había en la oferta creativa. Por ejemplo, hace diez años a ninguna de las grandes editoriales en Colombia se le hubiera ocurrido lanzar un cómic. Entonces un grupo de universitarios decidió publicar sus propios fanzines. Hoy son una editorial. Uno de los rasgos más interesantes de los independientes es no estar en contra del sistema económico y tampoco sentirse incómodos si triunfan en él. Al contrario, han optado por dejar un pie ahí y mientras tanto hacer lo que siempre han querido. Cada uno es su propia empresa y se encarga de su autopromoción. Para ellos todavía hay mucha tela por cortar. “Hay todo un universo por explotar y nosotros lo estamos haciendo sin esperar a que un grande se fije”, dice Andrea Triana. Parte de ese universo está en las cosas simples. Frente a la consabida desaparición del libro impreso, las editoriales independientes recobran la fe en los libros-objeto y los relatos intimistas. Frente al arte conceptual, los artistas regresan al dibujo. Frente a los millones de dólares que mueve el mundo del arte, los espacios artísticos independientes le dan importancia a la discusión.

Para muchos, todo empezó con la decisión de dejar la universidad o abandonar el empleo para dedicarse a un oficio. John Naranjo de la editorial Rey Naranjo recuerda que a comienzos del 2010 estaba decidido a no entrar a una empresa: “El sueldo es malo, las relaciones jerárquicas y no hay autonomía”. Paula Delgado fue abogada durante diez años hasta que decidió abrir la tienda de ropa La Percha y Melissa Pérez dejó la publicidad para cortar pelo. No siempre es fácil, sobre todo cuando se habla de plata. En muchos casos los proyectos apenas si alcanzan a ser sostenibles y solo unos pocos son rentables. Pero de eso también se trata ser independiente. “Es atreverse a hacer cosas distintas con poco dinero, préstamos familiares y reinversión”, dice Juan Pablo Fajardo de la editorial La Silueta. “Es también tener algo de terquedad, ser subjetivo y a veces hasta vanidoso”, dice Daniel Jiménez.

Hay quienes ven a los independientes como una afortunada coincidencia. Gente con un marcado sentido de la individualidad que, sin embargo, reconoce el valor de trabajar colectivamente. Todos tienen entre veinte y cuarenta años. Son de clase media y media alta. Andan en moto o bicicleta. En Bogotá se mueven entre Chapinero, el centro, La Soledad y Teusaquillo y sus equivalentes en otras ciudades. Muchos trabajan desde la casa. Es una coincidencia porque nada ha sido planeado. Alguien imprime un cómic, un amigo tiene un taller y lo ofrece para hacer el lanzamiento. Al evento llegan artistas y un músico que le pide al del cómic que le diseñe la carátula de su disco. ?Nadie sabe qué es ser independiente y a algunos, incluso, les molesta la palabra. “Es depender de muchas cosas”, dice Carlos Alfonso. “Es un despertar”, dice Juan Peláez. “Es trabajar el doble”, dice Francisco Toquica.


Decálogo de los independientes

1. Se arriesgan a hacer lo que siempre han querido hacer.

2. Encuentran una forma de financiación autogestionada: desde reinversión de las ganancias, hasta préstamos familiares y venta de cerveza.

3. Buscan un nicho que haya pasado desapercibido para el mercado tradicional.

4. Vuelven a las cosas simples.

5. No se preocupan demasiado por cambiar las lógicas del mercado. Les gusta el capitalismo.

6.
Experimentan con distintos tipos de arte: de la composición de una canción a la fotografía hay solo un paso.

7. Todos se arman de un buen computador que les permita crear y estar en red con sus colegas.

8. Tienen paciencia y son juiciosos. Un proyecto independiente no triunfa de la noche a la mañana.

9. Son tercos, se mueven por todos lados y no olvidan jamás que ellos son sus mejores promotores.

10. Dejan de pensar en las profesiones para dedicarse a un oficio.