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Ese desconocido

El primer activista gay en Colombia

Qué paradoja: en la cuadriculada y homofóbica Medellín de los años setenta el activismo gay empezó a hacer carrera en Colombia. He aquí la disoluta y trágica historia de uno de sus primeros líderes.

Por: Ricardo Vargas, Medellín.

Publicado el: 2012-06-28

León, furibundo iconoclasta, curtido intelectual, ira y lucidez, pelo ensortijado, generosa sonrisa. Miraba de frente con ojos abiertos, porque le gustaba dar su mensaje de manera rotunda y visceral. El día en que fue a hablarles a los estudiantes de la Universidad Nacional de Medellín sobre “el desorden amoroso, socialista y libertario” por el que propugnaba, llegó a las diez de la mañana con media botella de brandy que ya iba por la mitad. Habló durante horas de la necesidad de socavar las ideas preconcebidas sobre la sexualidad, defensor como era del ideario sex-pol, que intenta poner el cuerpo y la sexualidad en el centro del debate político. León sabía hablar y creía en sus palabras. Filósofo, lingüista y profesor universitario, se describía a sí mismo como “sexo-izquierdista”. El suyo era un discurso que atraía por su ímpetu contestatario, por su humor inteligente, porque obligaba a repensar nuestras ideas sobre el sexo y la sociedad.

León Benhur Zuleta nació el 18 de noviembre de 1952, en Itagüí. Militante desde su más temprana infancia, encontró en el comunismo una propuesta política acorde con sus ideales libertarios. Criticaba, sin embargo, la postura marxista, anquilosada en estructuras de género heredadas y según la cual el homosexualismo era un producto de la decadente sociedad capitalista. Para la izquierda tradicional, afirmaba, el revolucionario era un ser asexuado que limitaba su accionar a la esfera de lo político, a quien se le negaba el derecho a su cuerpo y al libre ejercicio del erotismo.

A los diecinueve años declara abiertamente su homosexualidad, lo que le costó la expulsión de las juventudes comunistas. No le importó. Su lucha rebasaba las estrechas miras del castrante y anquilosado partido. Por eso, era consciente de que los derechos de los homosexuales eran parte de una lucha más amplia que incluía una reivindicación total de las minorías, de los excluidos, de todos aquellos a los que, de una u otra forma, el sistema patriarcal y machista había relegado a un lado y privado de voz. Participaba en marchas feministas, escribía asiduamente sobre los derechos humanos y trabajó con Amnistía Internacional y el Instituto Popular de Capacitación en proyectos de pedagogía de los derechos humanos.

A finales de 1977, León empieza a publicar El Otro, el primer periódico dedicado a la reivindicación de los derechos de los homosexuales en Colombia. Su lema, “De las sexualidades y la contracultura”, resume muy bien el motivo fundamental de la publicación. Buscaba visibilizar el tema de los derechos de los homosexuales, además de concientizar y movilizar políticamente a este sector de la sociedad. Su tono era marcadamente académico, influenciado por el trotskismo, el psicoanálisis y el postmodernismo.

El Otro fue una empresa individual de Zuleta. Él se encargaba de escribir la mayoría de los artículos (en ocasiones utilizando seudónimos), así como de la impresión y de la distribución en imprentas independientes, universidades, bares y cafés de la ciudad. Era una publicación errática, rudimentaria y de tiraje reducido. Estaba escrita a máquina, pero era común encontrar también fragmentos a mano. Contaba con una sección de avisos clasificados en donde se ofrecían encuentros amistosos y románticos homosexuales. También tenía una sección de poesías, otra de cartas del lector y, en ocasiones, artículos de corresponsales extranjeros.

Aunque había una evidente preocupación por abarcar otras sexualidades, la mayoría de los artículos estaban dedicados al homosexualismo masculino y aquellos que abordaban el lesbianismo eran escritos por hombres. Temas como el travestismo y la transexualidad están ausentes.

El Otro fue siempre criticado por el uso de un lenguaje oscuro y elitista, lejano al público homosexual. Luego de cuatro números, la publicación llegó a su fin.

El activista

La primera marcha gay en el país tuvo lugar en Medellín, a finales de los años setenta. Decenas de personas, casi todos estudiantes universitarios, artistas e intelectuales, marcharon abiertamente por el reconocimiento de los derechos de los homosexuales. La marcha fue convocada por el Grupo de Estudio sobre la Cuestión Homosexual (GRECO), al cual también se afiliaron lesbianas en un primer intento por aunar fuerzas en pos de una causa común.

El GRECO nace a partir del Movimiento de Liberación Homosexual Colombiano (MLHC), fundado por Zuleta y que buscaba responder a la necesidad de enfrentar el cambio social desde una perspectiva más allá de la política y que produjera un nuevo orden simbólico internacional para sustituir los códigos sexuales del capitalismo. Sin embargo, el movimiento tuvo corto aliento y los últimos años de su vida Zuleta fue perdiendo paulatinamente la fe en sus proyectos. Se hundió cada vez más en el alcohol y las drogas. Quienes lo conocieron decían que estaba cansado de vivir, de luchar contra una sociedad que se empeñaba en perpetuar esquemas castrantes, harto de excesos, desengañado y marchito.

La mañana del 24 de agosto de 1993, fue encontrado muerto en su apartamento, en el barrio La Milagrosa de Medellín. Dos puñaladas le habían quitado la vida. Tenía cuarenta y dos años. Muchos han visto en el homicidio un móvil homofóbico, pues no eran pocos los grupos de “limpieza social” que operaban entonces en la ciudad. Sin embargo, nada permite concluir que haya sido así. Las autoridades, por su parte, se apresuraron a clasificarlo como un crimen pasional y cerraron el caso.

Hoy en día, Colombia cuenta con una de las legislaciones más liberales del continente con respecto a los derechos de la comunidad elegebeté. La labor de activistas en todo el país ha dado frutos significativos como el reconocimiento pleno de los derechos a parejas del mismo sexo. Pero la labor que comenzó Zuleta hace ya más de treinta años no culmina allí. Su verdadera lucha, su última lucha, era lograr que los excluidos de todo tipo tuvieran una voz en Colombia. Y esa es una tarea que aún está por hacer.