McNeill ha llevado su discurso de apertura hasta Roma.
  • El activismo de McNeill (en el centro, aplaudiendo) lo llevó a encabezar protestas de liberación en los años setenta.

“La homofobia es de la jerarquía católica”

Ordenado sacerdote en 1959, el teólogo y psicoterapeuta John J. McNeill escribió el ensayo 'La Iglesia ante la homosexualidad', en 1976, un hito en la historia de la liberación gay. Arcadia habló con él.

2014/06/20

Por Giuseppe Caputo* Chicago

Para explicar cómo nació su discurso, que abraza a todas las minorías sexuales desde el catolicismo, y para aclarar cómo se enfrentó a la homofobia perpetuada por el Vaticano, el padre John J. McNeill, nacido en Buffalo, Estados Unidos, en 1925, resalta los siguientes momentos de su biografía: su decisión de unirse a los jesuitas luego de haber sido prisionero de guerra en la Alemania nazi; su ordenación como sacerdote en 1959 “sabiendo que era gay y que tenía que ver qué hacía al respecto”; su activismo por los derechos de los homosexuales a partir de 1969, cuando la comunidad lgbti se enfrentó a una redada policial en el bar Stonewall, de Nueva York; la publicación en 1976 de su libro La Iglesia ante la homosexualidad y su histórica salida del clóset en The Today Show ante millones de personas; y, por último, la consecuencia de todo esto: McNeill fue expulsado de la Compañía de Jesús en 1987 por su “persistente desobediencia”, diez años después de vivir abiertamente como un sacerdote gay.

¿Qué escribió el padre McNeill y por qué el ensayo desató la furia del Vaticano? El sacerdote, en primera instancia, desmontó la idea de que “Dios quiere que todos seamos heterosexuales” y que la homosexualidad, por ende, “se desvía del plan divino”. Para ello hizo una investigación extensa, analizó las escrituras y demostró que los argumentos tradicionales contra la homosexualidad “no se basan en un firme concepto de naturaleza sino en estereotipos y falsedades, y en una negativa a analizar de cerca los fundamentos de nuestra cultura” (ver Misoginia y homofobia). Su segundo planteamiento es que las minorías sexuales, en lugar de ser una amenaza para los valores familiares, contribuyen muy positivamente al desarrollo de la sociedad. Y en tercera medida expuso que todo ser humano tiene derecho “al amor y a la intimidad sexual”.

Hoy, cuatro décadas después de la publicación del libro, algunos activistas y teólogos queer consideran que la salida al mercado de La Iglesia ante la homosexualidad es el evento más importante del siglo xx con relación a la liberación gay. Así, el periodista Andy Humm, de Gay usa, sostiene que McNeill produjo una explosión mediática y social, y que “por eso la Iglesia intentó silenciarlo, hasta que lo sacó”.

“Pero antes de que me expulsaran”, comenta el padre, “el Vaticano me dio una orden que me negué a seguir: me pidieron que dejara de trabajar con la comunidad lgbti”. Y apenas dice esto, recuerda que, con los años, el Vaticano se ha vuelto más y más radical en su discurso: no solo ha clasificado la homosexualidad como un “desorden objetivo”, sino que en una ocasión incluso justificó el linchamiento de gays. La institución, además, sigue afirmando que el sexo entre personas del mismo sexo es “seriamente pecaminoso” y ha declarado que los gays no pueden aspirar al sacerdocio, al matrimonio ni a tener una familia.

¿Cómo le sienta haber sido parte de una institución homofóbica? ¿Y por qué no se volcó a una fe incluyente?

Yo no voy a dejar mi fe porque la Iglesia sea homofóbica. Yo le exijo a la Iglesia que deje su homofobia y abrace a todas las minorías.

¿Qué piensa entonces de la apostasía?

Siento mucho que tantos estén renunciando a la Iglesia católica. Lo que deberían hacer es presionar a la Iglesia para que renuncie a su homofobia, no renunciar ellos a su Iglesia. ¿Por qué dejarle la Iglesia a tus enemigos homofóbicos?

Pero la Iglesia no solo es homofóbica sino misógina. O mejor dicho: la Iglesia es homofóbica porque es misógina. El antifeminismo de la Iglesia no solo es propio de la institución sino de la esencia misma del catolicismo. Los tres referentes femeninos de la religión son una virgen, una prostituta y una mujer que salió de la costilla de un hombre…

Esto es muy complejo, y tienes razón: la Iglesia ha sido y sigue siendo patriarcal. Ese es su pecado: no respetar la humanidad de las mujeres. La Iglesia, sin duda, tiene que reconsiderar su actitud con ellas.

Yo acuso

Para McNeill, la primera y más grave falta del Vaticano es su arrogancia, “ese orgullo autoritario que se hace evidente por el trato que da a quienes considera inferiores”, y arguye que la jerarquía católica debe renunciar a su pretensión de ser omnipresente, pues “eso lleva a que los obispos y curas traten a los fieles como ignorantes a quienes hay que darles todas las respuestas, o como personas incapaces de hacerse cargo de su propia vida espiritual”.

El sacerdote, ahora de 87 años, y a punto de cumplir 50 al lado de su esposo, Charles Chiarelli, subraya que, a pesar de la expulsión, ha podido ejercer su ministerio en retiros espirituales, desde la escritura y desde la psicoterapia. “Y justamente como psicoterapeuta”, dice, “puedo dar testimonio del enorme daño psíquico que los pronunciamientos homofóbicos del Vaticano han producido en los jóvenes católicos gays, que terminan internalizando la homofobia, llenándose de vergüenza y culpa, y odiándose a sí mismos”.

“De la misma forma como se disculparon con los judíos por haber apoyado el antisemitismo durante siglos”, le ha exigido McNeill al Vaticano, “deben disculparse con todas las minorías sexuales por apoyar la homofobia, también durante siglos”.

¿Y sí cree que la institución va a pedir disculpas en algún momento?

He dicho muchas veces que la Iglesia se equivoca en cuanto a la idea que tiene de la homosexualidad y el juicio que hace de nosotros. La Iglesia tiene que reconocer ese error porque es un error que ha destruido cientos de miles de vidas.

¿Cuán responsable es la Iglesia de las golpizas y ataques contra la comunidad LGBTI y los suicidios de jóvenes gays?

Casi enteramente responsables. Su discurso antigay es tan fuerte que muchos, al darse cuenta de que eran gays, perdieron la esperanza de encontrar amor y compañía, y se sintieron tan avergonzados y culpables que terminaron suicidándose. Insisto: la Iglesia debe asumir responsabilidad por toda la destrucción que ha provocado y pedir disculpas.

¿Imagina una suerte de reconciliación entre la comunidad lgbti y la Iglesia?

Tengo fe en que esto suceda. En lo que me concierne, no hay conflicto entre ser gay y ser creyente. El conflicto lo crea la homofobia de la jerarquía católica, pero esa no es la esencia del catolicismo.

Separar el sexo del pecado

“Hay dos pasajes en la Biblia”, continúa el padre McNeill, “en el Evangelio de San Lucas y San Marcos, que narran el gesto que Jesús tuvo con una pareja gay. Es la historia del centurión romano, que desesperado busca a Jesús porque el hombre que ama está agonizando. Él es el que pronuncia las palabras que decimos en misa: ‘Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme’. La traducción de la Biblia al inglés y al español dice que el enfermo era un siervo del centurión, pero en griego está muy claro: el enfermo era el hombre amado del centurión; es decir, su pareja. Jesús le dice: ‘Ve con él, tu amado ha sanado’, y así restauró con un milagro la relación de dos gays. Esta es una indicación clara de que Jesús no tenía ningún problema moral con respecto a las relaciones homosexuales”.

Y si es tan claro, ¿por qué la Iglesia insiste en la homofobia?

Porque las escrituras fueron interpretadas por San Agustín, el fundador de la Iglesia en Occidente, quien pensaba que el sexo es malo. Él decía que todo placer sexual viene del pecado original. Según él, Dios nunca quiso que el sexo fuera placentero. Y desde entonces, esa ha sido la posición de la Iglesia: solo la reproducción justifica el sexo.

(Aquí vale recordar a la teóloga alemana Uta Ranke-Heinemann, que en su libro Eunucos por el reino de los cielos escribió: “Como muchos neuróticos, San Agustín separó radicalmente el amor y la sexualidad. Él es el padre de 1500 años de ansiedades con respecto al sexo y el responsable de toda la hostilidad que existe hacia el mismo. Él dramatizó el miedo al goce sexual, igualando el placer con la perdición de tal manera que cualquiera que intente seguir sus instintos se sentirá atrapado en una pesadilla”).

El rechazo a los transgeneristas es aún más radical que el rechazo a los gays, lesbianas y bisexuales…

Yo los abrazo. Algunos hombres quieren tener el cuerpo de una mujer y algunas mujeres quieren tener el cuerpo de un hombre. Ellos tienen el derecho de cambiar su identidad de género si lo quieren.

Usted habla mucho de las relaciones homosexuales que se basan en el amor. ¿Qué opina de las relaciones sexuales casuales, de la masturbación y la promiscuidad?

Todas las relaciones sexuales consensuadas entre adultos, bienvenidas sean. Todo el mundo tiene derecho a tener una vida sexual. Dios nos creó sexuales. El sexo no es malo.

Matrimonio y familia

Hace unos meses, pocas horas antes de que esta revista hablara con el padre McNeill, la Corte Suprema de Estados Unidos declaró inconstitucional la ley doma, que definía el matrimonio únicamente como la unión entre un hombre y una mujer. Días antes, la organización Exodus International, fundada en 1976 para “volver heterosexuales a los homosexuales”, decidió autodisolverse y mediante un comunicado de prensa pidió perdón a todas las minorías sexuales por el daño que había ocasionado a lo largo de 37 años. Ambas noticias constituyeron dos victorias históricas para la comunidad lgbti en la lucha por sus derechos.

Y mientras esto ocurría en los Estados Unidos, el cardenal Rubén Salazar decía en Colombia que “los gays no pueden pretender derechos a los cuales no tienen ningún derecho”.

Son días felices para la comunidad LGBTI de los Estados Unidos y complicados para las minorías sexuales de Colombia…

Yo creo que el prejuicio que hay en contra del matrimonio igualitario está llegando a su fin. Acabo de leer que, según un representante del Vaticano, la caída de la ley doma es una tragedia. Pero la tragedia es para la jerarquía católica: ya no pueden entrometerse más en esto, ni entorpecer la búsqueda de derechos, ni seguir restringiendo el matrimonio a las parejas heterosexuales.

¿La Iglesia se está autodestruyendo?

Sí. Su negligencia está debilitando su autoridad moral. Aunque también es cierto que, con el escándalo de abuso de menores entre la jerarquía, ya la perdieron.

Usted apoya el matrimonio igualitario. ¿También la adopción de niños y la consolidación de familias no tradicionales?

Claro que sí. Me parece hermoso. Esto es muy indicativo de la bondad de las relaciones homosexuales: que pueden, si quieren, volverse la base de una familia legítima, dando amor legítimo a los niños.

¿Cree que la Iglesia va a cambiar eventualmente su posición con respecto a la comunidad LGBTI?

Mira, una gran mayoría de católicos aprueba el matrimonio igualitario y el Vaticano sigue empecinado en condenarlo. No sé si la jerarquía cambie pero, si no lo hace, lo que con certeza ocurrirá es que perderá su capacidad de controlar a la opinión pública. Eso, de hecho, ya está sucediendo.

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