Gonçalo Tavares

Notas breves sobre los tiempos

Una de las voces más potentes de la literatura contemporánea portuguesa, Gonçalo Tavares, abre el dossier sobre Portugal, país invitado de honor a la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

2013/04/12

Por Traducción de Nicolás Barbosa.

1. Salida de emergencia

Debes cambiar de alma, no de clima. (…) Que andes
de un lado a otro no te ayuda en nada, porque andarás
siempre en tu propia compañía.

Séneca

Siempre que, antes del despegue de un avión, se escucha: “Preste atención puesto que la salida de emergencia puede estar a sus espaldas”, sentimos que se está hablando no de las medidas de seguridad en caso de un accidente, sino de la existencia en general. La existencia individual y de la sociedad.

Europa se embarcó hace muchos años y, en el 2013, seguirán oyéndose las recomendaciones de seguridad: “Preste atención puesto que la salida de emergencia puede estar a sus espaldas”. Y habrá quien señale otras salidas.

En una variación de las paradojas célebres, podemos decir que un continente o un hombre que estén equidistantes de dos salidas de emergencia, en caso de accidente, corren el riesgo de morir, inmóviles, en medio de la vacilación. Y con decenas de salidas de emergencia a igual distancia, un hombre o un continente –además de no salvarse– se enloquecerían.

2. Versos

Los versos de Hölderlin:“Difícilmente abandona su lugar aquel que vive cerca del origen”.

Y el comentario de Heidegger a estos versos:?“Al contrario, quien abandona con facilidad su lugar comprueba que no tiene origen y se limita a estar presente como si fuera por casualidad”.

3. Velocidad

La síntesis del hombre contemporáneo, del europeo que puede decidir y actuar, es la del Hombre con Prisa Dentro de un Ascensor.

La angustia de tener prisa y músculos y energía capaces de acelerar, pero estar dentro de un Recipiente que tiene una velocidad predeterminada y que no altera su velocidad.

La sensación es que entre la sociedad y cada uno de los elementos que la constituyen se comienza a cimentar un desajuste en la sincronización esencial de las velocidades. Aquel Recipiente con motor donde nos ubicaron nunca tiene la velocidad que necesitamos. Pero ya no somos nosotros quienes emitimos juicios sobre el Recipiente, es el Ascensor el que nos juzga. Es el mecanismo del ascensor que le dice al Hombre con Prisa Dentro de un Ascensor: “vas con demasiada prisa, cálmate”.

Siempre vamos demasiado rápido o demasiado lento. Nuestra velocidad se vuelve culpable. La sociedad parece exigir siempre, en cualquier circunstancia, otra velocidad.

Eres culpable porque no diste con la velocidad.

4. Fundamentalismos

En particular, me gusta lo que dice un personaje de Hans Christian Andersen: “Le pidieron que rezara, pero él solo se acordaba de las tablas de multiplicar”.

Dos tipos de fundamentalistas:

El fundamentalista de la lógica pura: me pidieron bondad, pero yo solo me acordaba de las tablas de multiplicar; me pidieron sabiduría, pero yo solo me acordaba de las tablas de multiplicar, etc.

El fundamentalista religioso: le pidieron las tablas de multiplicar, pero él solo se acordaba de rezar.

Hace mucho que Europa se asentó en las tablas de multiplicar. Encima del mapa del Continente podríamos escribir simbólicamente:

2x3=6

o la tabla entera, pero cometeríamos un sacrilegio si escribiéramos una oración, por ejemplo, “Padre nuestro que estás en el Cielo, Santificado sea Tu nombre”.

El sacrilegio cambió de objeto.

En Europa, en el 2013, el discurso religioso que contradiga una suma o una multiplicación será apedreado.?El cineasta Herzog recuerda que, en una de sus películas rodada en África, miembros de la tribu Massai no quisieron entrar a un puesto médico móvil porque estaba elevado del piso. “Por razones misteriosas, no se atreven a subir los escalones. Intentan entrar, vacilan y retroceden. Solo al final algunos massais logran sobrepasar ese obstáculo invisible y subir los tres escalones que conducen al interior”.

Europa, de un modo general, se encuentra así. No sube los escalones; les teme a las alturas, a la pequeña elevación que esos pequeños escalones constituyen. Con los pies en el suelo o cayendo (sin suelo debajo): he aquí como Europa se siente segura.

El muchacho no osa mirarse

[en lo oscuro,

pero bien sabe que debe

[ahogarse en el sol

y acostumbrarse a las miradas del [cielo, para hacerse hombre.

Cesare Pavese

5. 5 no es 5 no es 5 no es 5

La objetividad pura tiene una potencia violenta. 5 es 5 es 5, he aquí lo indiscutible. Decir que 6 no es mayor que 5, en el 2013, en Europa, sería lo mismo que decir –en la Europa medieval– que Dios no existía.

Cuando alguien dice: esto es objetivo, lo que en realidad está diciendo es que esto no tiene discusión, esto es verdad, tú no tienes ningún contraargumento frente a esto. Así, alguien que se opone a lo que es objetivo solo puede tener una cabeza débil. Cuando se dice esto es objetivo se termina la conversación, y el otro no puede contestar.

Cuando se dice esto es subjetivo, tan solo se afirma que esto es un punto de vista; se permite, entonces, que el otro dé un paso al frente, que contraargumente.

En una entrevista a un periódico francés, Godard dijo alguna vez esta frase tremenda: “¿La objetividad? Significa cinco minutos para Hitler y cinco minutos para los judíos”.

6. La moral de la máquina; o el octavo pecado

Y los niños que podrían haberlo
[cambiado todo
juegan entre piedras y ruinas.
Y no quieren cambiar nada.

Yehuda Amijai

La moral europea es, en parte, la moral de la máquina. Es bueno lo que funciona. Es bueno, no solo en términos de eficacia, sino en términos morales.

La noción de pecado se sociabilizó y entró en la esfera de la tecnología. Alguien que no sepa calcular o que no domine la última versión de Windows comete un pecado. El pecado mayor es la ineficacia. Alguien que no funcione bien se vuelve un pecador.

Los pecados capitales ahora son ocho: gula, avaricia, lujuria, ira, envidia, pereza, vanidad e incompetencia.

El incompetente no entrará al reino de la Tierra.

7. Salvación

La discusión siempre es esta: ¿prefiere ser operado por el médico competente o por el médico de “buen corazón”? Si escogiera a la persona que más lo ama para que lo opere probablemente cometería un error. La salvación ya no viene con la entrada del padre en la casa del enfermo, sino con la del médico; y esta transición radical del siglo XX, analizada por muchos, aún está en movimiento. La salvación que clásicamente tuvo un enfoque religioso o moral tiene desde hace mucho, en Europa, un entendimiento clínico.

Aquí, donde las ruinas quieren
[volver a ser
una casa (…)

Yehuda Amijai

8. Coraje y bondad

La bondad salva cada vez menos, y eso asusta. En el mundo del paisaje técnico en donde los elementos naturales están escondidos –ya casi no hay montañas ni tierra– cada vez se salva más quien sabe dónde conectar o desconectar la electricidad; aquel que sabe operar los controles del cuarto de máquinas.

Y según ese aspecto sería interesante hacer el análisis del hombre europeo que salva a otro en el 2012. Si, en siglos pasados, el coraje, por encima de lo demás, era una de las cualidades esenciales de quien salva, hoy esa cualidad es casi dispensable. ¿Qué podría hacer el hombre más corajudo del mundo frente a alguien que corre peligro en medio de una ciudad moderna? El coraje perdió eficacia; sus efectos eran mucho más evidentes cuando aquello que debía vencer y que estaba frente a él era una fuerza natural: un animal, agua, fuego, otros hombres, etc.

Hoy, el coraje debe, primero, tomar un curso de especialización técnica. Si no lo hace seguirá siendo siempre coraje, sí, pero inconsecuente. Frente a un conjunto de personas encerradas en un ascensor que se ha parado por algún daño, el hombre más corajudo del mundo irá a llamar a la asistencia técnica: he aquí el callejón sin salida en que nos encontramos.

9. Valores morales: y lo que está en medio

Si pensáramos en los diversos valores morales y éticos –bien, bondad, lealtad, altruismo, honestidad, solidaridad, libertad, verdad, justicia, sabiduría, coraje, etc.–, constataremos que, si en medio de ellos funcionara una máquina, estos valores se volverían poco consecuentes. Esta es la anulación moral por parte de las máquinas. La tecnología, en su conjunto, funciona como una máquina de terraplén moral.

Estos valores morales clásicos, hay que insistir, fueron pensados en la relación de un hombre con otro hombre o conjunto de hombres, una relación inmediata. Lo que tenemos en el 2013 en las ciudades europeas es otro mundo. Son escasas las relaciones inmediatas, directas, cuerpo a cuerpo y entre hombres. En medio, aunque muchas veces no lo notamos, están las máquinas. La lealtad entre dos hombres solo se podrá manifestar en la ciudad europea del siglo XXI si, por lo menos en uno de ellos, hay un conjunto de capacidades técnicas mínimas.

No te puedo salvar porque no sé operar la máquina: he aquí la frase que, en el 2013, será escuchada muchas veces.

Hay muchos metros entre un animal
[que vuela
Y la escalera que bajo para sentarme
[en el suelo.

Daniel Faria

10. Palabras malas

Si nos diéramos cuenta, de una forma sutil, el vocabulario que usamos comúnmente va constituyendo este mundo joven. Tomemos un ejemplo: la palabra funcionario. Esta palabra tiene una violencia contenida que ignoramos. Funcionario es aquel que ejerce un conjunto de funciones, y función siempre fue una parte que está contenida en algo más amplio e importante. Reducir a una persona a un conjunto de funciones es violentarla.

Pensemos, por ejemplo, en la pregunta inocua: ¿él funciona bien? De hecho, podemos preguntar si Juan, María o el ascensor funcionan bien. Y cuando podemos hacer la misma pregunta acerca de un hombre o de una máquina es porque algo, en efecto, allá detrás, se descompuso.?También es por eso que muchas personas, aquí y allá, comienzan a averiarse.

11. La apatía

Lo que me parece muy claro es que la máquina es el ser apático por excelencia. (La apatía, ese modo en que una cosa se sitúa siempre a la misma distancia de todas las demás, en donde no tiene juicios estéticos, éticos, etc.).

Una fotocopiadora saca fotocopias de un documento neutro y siguiendo una sentencia de muerte, con la misma indiferencia maquinal: la misma velocidad y calidad de impresión. Nunca detiene su movimiento por cuestiones morales, solo por daños. El daño, además, muchas veces es el origen de una tragedia, pero también es cada vez más una de las últimas vías de salvación. (Cada día, cada año, la frase Felizmente, se averió, o la extraña y herética frase Gracias a Dios, se averió, se volverán menos absurdas).

12. Las preguntas humanas

No podemos hacer preguntas sobre juicios estéticos o filosóficos a un animal o a una máquina, y también es por eso que las artes, la cultura y la filosofía, a pesar de todo –a pesar de todo– son importantes. Tampoco podemos hacer preguntas éticas o sobre “estados del espírito” sino a humanos: no le preguntamos a una máquina fotográfica si se entusiasmó al fotografiar algún paisaje.?Sería interesante pensar que permanecemos humanos precisamente porque aún existen preguntas que se les hacen a otras personas y que no se les pueden hacer a los animales o las máquinas. Por ejemplo, preguntas simples: ¿te gusta? ¿Era bonito?

Otro ejemplo de una pregunta naturalmente humana, la de Brodski: “¿Por qué está ausente de la Constitución la palabra ‘lluvia’?”.

13. Lo que ahí viene: pies, ojos

Bienaventurado el que presintió
cuando la mañana comenzó:
no va a ser diferente de la noche.

Adélia Prado

Podemos tener los pies en un terreno feo y los ojos puestos en algo bello. O al contrario: podemos tener los pies en un terreno bello y los ojos fijos en algo feo. En la primera situación, tendremos la sensación de que estamos en un sitio más bello. Y en la segunda situación tendremos la sensación de estar en un sitio feo. Lo que vemos, al frente, siempre se vuelve lo más relevante.

Si estamos con los pies en un sitio feo y los ojos fijos en un sitio feo, pero tenemos una imagen bella en la cabeza, estamos en un sitio bello: he aquí lo que dirá, en contraste con todo esto, el bueno y peligroso, el peligroso y bueno viejo utópico.

Después encontré a mi padre, que [me hizo esta fiesta
y no estaba enfermo y no había
[muerto, por eso reía (…).

Adélia Prado 

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