La Chorrera. La Casa Arana, antigua oficina y residencia de los caucheros, albergará un lugar de memoria.

Nueve. La Casa Arana. La Chorrera, Amazonas

¿Cómo hablar de la bonanza cauchera, la que a comienzos del siglo XX se extendió por Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Brasil y Venezuela, sin mencionar a José Eustasio Rivera?

2014/09/24

Por Centro Nacional de Memoria Histórica

Para los que no hemos ido y sabemos poco o nada sobre el Amazonas, un nombre como Casa Arana puede quedarse perfectamente en el mundo literario de La Vorágine. Pero para 30.000 indígenas que murieron a manos de la explotación cauchera, el nombre y el dolor son muy reales.

 La Casa Arana, la compañía cauchera por excelencia, fue fundada por el empresario peruano Julio César Arana del Águila en 1881. Llegó al país en 1899, y, luego de convertirse en una compañía británica, la Peruvian Amazon Rubber Company, fue la principal causante de uno de los genocidios de indígenas más grandes desde la época de la Conquista. A punta de hambre, golpizas y cansancio, la compañía esclavizó y asesinó a miles de indígenas mientras sacaba caucho para suplir la gigantesca demanda mundial. El edificio en La Chorrera, Amazonas, que también se conoce como Casa Arana, sirvió de oficina y residencia para los empleados de la compañía que victimizaron a miles de indígenas de la región. Hoy, más de cien años después, la mención de Arana o la explotación cauchera trae consigo, para los indígenas que quedan en la región, dolorosos recuerdos y una decisión difícil: ¿recordar u olvidar?

 Para muchos miembros de las comunidades uitoto, bora, okaina y muinane, lo mejor sería dejarlo todo atrás, en lo que llaman la canasta del terror, bien enterrado en el olvido. Para otros, la mejor manera de honrar a sus antepasados es precisamente recordándolos a ellos y sus victimarios.

 Es un debate que continúa entre las comunidades, pero desde el año pasado Azicacth, la asociación que reúne a los pueblos uitoto, bora, okaina y muinane, junto con el Centro Nacional de Memoria Histórica, ha estado trabajando en un proyecto que busca rescatar las antiguas oficinas de la compañía cauchera en La Chorrera para convertirla en un lugar de memoria.

 Los espacios, las casas y edificios son recintos que albergan cosas y gente, pero albergan también recuerdos y significados. Así, palabras como Casa Arana contienen, como si fueran recipientes, memorias y significados. Ese significado que adquiere un lugar, especialmente después de terribles injusticias, es casi imposible de cambiar. Casi. Por eso se ha escogido precisamente la Casa Arana como la sede de una “casa de pensamiento”, un lugar en el que los mismos indígenas, usando sus propias investigaciones y sus propias técnicas narrativas, preserven la memoria de su genocidio.

 Los detalles de cómo se organizará la casa se están decidiendo todavía. Lo que se sabe es que el nuevo lugar vaciará la casa de su significado terrible. Como juagándola por dentro, la Casa Arana, donde vivían y trabajan los victimarios, se convertirá en un espacio en el que las comunidades v explotadas puedan reunirse a contar su historia.

 El proyecto, el primero de su clase en el país, abrirá sus puertas en 2015.

 

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