Poesía completa

Poesía

2013/04/12

Por Revista Arcadia

 

La fe del creador
Juan Felipe Robledo* Poeta

El ángel en la hoguera, Augusto Pinilla. Javeriana.

Los poemas del profesor Augusto Pinilla nos sumergen en un mundo donde lo recordado y lo vivido, lo leído y lo percibido, se hacen una realidad única y necesaria que no puede ser cercenada de manera alguna. Walt Whitman, las andanzas de José Martí, la gesta impetuosa de un libertador que se resiste a la muerte, las calles que recorrió Hölderlin, el recuerdo luminoso del duende en la poesía de Federico García Lorca y los mundos poéticos y literarios de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, habitan con intensidad y sabiduría en estos versos.

La sucesión de eventos que se disponen en un día que pareciera ser azaroso y que, sin embargo, habla de la eternidad que revive sin cesar (como lo hace este poeta enamorado del poder que tiene el lenguaje para hacernos distintos y para mejorarnos en la verdad del corazón), son realidades que tocan nuestra ansia de inmortalidad; son sugestivas imágenes capaces de hacernos sentir que podemos habitar un mundo más amplio y más necesario para nuestro devastado corazón, más tocado por la mano del espíritu de lo que nos atrevemos a confesar en nuestra monótona cotidianidad.

La poesía del santandereano Augusto Pinilla, famoso en el ámbito académico por su retórica imparable y ampulosa que enseña y transmite sin reservas el conocimiento a sus estudiantes, cree en la vida que el Verbo encendido entrega, esa forma de revivir que en su corazón de cristiano viejo lo hace creer en el poder de la resurrección que destruye para luego esperar un milagro que transforma lo abolido. Así lo dice en sus poemas: “Hizo correr el agua por la tierra / como un poeta hace correr el fuego / por sus viejos poemas”, construyendo así una suerte de parábola de la muerte que es necesaria para que la vida vuelva a ser posible, encantada y maravillosa esperanza que sus lectores agradecemos como un regalo que la Pascua florecida nos da sin que conozcamos del todo el motivo de la dádiva.

Pinilla, poeta de la intensidad, de la inteligencia y del rumor de la música de las palabras, es también un poeta del afecto y la lucidez. En sus versos encontramos un camino que no disimula el dolor y la rispidez de la existencia sino que nos enfrentamos con él a una lección de fe en la transformación alquímica de la existencia que tiene mucho para decirnos en nuestro amargo transitar. Así, por la gracia de la creación, su poesía se convierte en un himno que repetimos para cruzar la noche cuando todo se hace más oscuro.

Pequeñas joyas

Consuelo Gaitán* Directora de la Oficina del Libro, Mincultura.

Según el platonismo, la tríada que debe regir la sabiduría está conformada por el bien, la belleza y la verdad. Es más, en una hermosa reflexión Platón afirma que “la belleza es el esplendor de la verdad”. Dejando atrás cualquier pretensión filosófica, cuando el lector toma en sus manos los exquisitos libros de poesía de la editorial Frailejón, y abre una de sus páginas y se encuentra con un verso como este de Juan Manuel Roca: “Me da viento/ Escuchar de tus labios/La palabra lejanía”, es imposible no asociar la verdad con la belleza.

Es Medellín la sede de esta empresa que a primera vista puede parecer vetusta. Aquí se hacen los libros enteramente a mano, de forma artesanal: con un diseño que cuida desde el tono de la tinta y su reflejo en los distintos papeles, la tipografía y la armada, las delicadas telas de las cubiertas, el hilo con el que son cosidos, las sutiles formas de los lomos, hasta la limpieza y el equilibrio en la composición de cada página: son unas pequeñas joyas. Y, por supuesto, los contenidos se corresponden con su forma.

Pese a que aún resuena la pomposa frase de que “Colombia es tierra de poetas”, debemos agregar que esta es una árida tierra, pues no hay editores de poetas. Los grandes grupos editoriales poco a poco han ido acabando sus publicaciones de poesía pero, por fortuna, los poetas han encontrado en los editores independientes un espacio para no extinguirse por falta de materia. Es así como Frailejón ha empezado a publicar algunas de las voces poéticas más representativas de nuestro país y proyecta construir un catálogo de primerísima calidad con lo mejor de la poesía colombiana.

Nada desdeñable tener ya en su haber dos libros de poesía de Piedad Bonnett, una antología de Juan Manuel Roca, el libro de Fernando Herrera con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía, un poemario del siempre admirado José Manuel Arango y próximamente el último libro de William Ospina.

Qué placer leer en este formato los poemas en prosa de Fernando Herrera, cuya mirada poética ilumina escenas casi imposibles de aprenhender, como el encuentro amoroso entre dos caballos: “Al asomarnos oímos desde el corredor el deleitable sonido acuático de la cópula, el agua densa y recóndita de la simiente sagrada que abunda y cae también sobre el suelo de Santana”.

Vigoroso, irónico, hondo y maduro, es el libro de Roca; me atrevería a decir que aquí están contenidos sus mejores versos, su voz más esencial: “Y sabrán que es de la misma materia/ la ausencia de un hombre o de un caballo”.

Y esa pequeña joya que es la Antología amorosa de Piedad Bonnett. Este viejo y repetitivo sentimiento es expresado una y otra vez de manera admirablemente original: con rabia y deseo, con nostalgia, con espíritu de venganza, con una infinita añoranza que, por momentos, hace que el lector se vea en la obligación de tomar partido: “Estoy matando a un hombre que nace cada vez como una flor maligna / y se bebe mi aire. / Dejo constancia de que confieso el llanto la impotencia / y que actúo en defensa señor juez de mis restos /dolidos y sangrantes”.

Ambiciosa y compleja

Poesía completa, Paul Auster. Seix Barral.

Esta edición bilingüe de los poemas completos de Paul Auster pone en evidencia por qué es uno de los autores decisivos en el panorama de las letras contemporáneas: sus poemas hablan de lo humano sin hacer alarde de falsos humanitarismos, son concretos, de versos cortos, llenos de intensidad por la vida, cada uno de ellos ideados para provocar una emoción. La poesía, que parece haber salido de cientos de catálogos editoriales, es aquí el más directo camino para llegar a la síntesis humana. Auster no es caprichoso ni finge ser un poeta inspirado, su poesía tiene una espontaneidad bastante rigurosa; no se pone con manierismos ni vueltas de tuerca que hagan incomprensible su visión poética. Es, en definitiva, un maestro de todos los géneros.

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