El portugués Eusebio (nacido en Mozambique) gue el goleador de Inglaterra 1966.

Portugal: ningun jugador corre solo hacia la portería

"Ningún jugador corre solo hacia la portería. Lleva siempre con él los equipos del pasado, las esperanzas de los demás jugadores, de los seguidores y, bajo su piel, lleva todas las historias que oímos contar, todas las historias que leemos, presenciamos o inventamos."

2014/05/23

Por Afonso Cruz*

Cuando era niño coleccionaba unas láminas con caricaturas de jugadores y conocía a la mayoría de ellos no tanto por sus fotografías sino por los dibujos del álbum. Como me gustaba dibujar, por mi lado intentaba hacer unas caricaturas que se parecieran a las de las láminas, lo cual creaba una impresión aún más distorsionada de la realidad de aquellos rostros. Pero, a pesar de ello, cuando comencé a ver las fotos de los jugadores en los diarios deportivos, lograba reconocerlos gracias al recuerdo de las láminas, y eso fue algo que me intrigó. ¿Por qué razón yo era capaz de reconocer a un hombre a través de un dibujo en el que la nariz aparecía ampliada varias veces, y en el que todas las proporciones habían sido alteradas? El fútbol fue mi primer contacto con el arte abstracto: la realidad no es necesariamente aquello que vemos, sino cualquier cosa esencial que subyace a ella. Podemos distorsionar un dibujo hasta los límites de lo grotesco y, aun así, reconocer aquello que representa, algunas veces incluso de un modo que nos parece más real que la propia imagen fotográfica.

 

Con frecuencia bombardeaba con preguntas a mi tío abuelo, que había sido futbolista: si había conocido a Eusebio, si era amigo de Damas, si Frasco en verdad le había regalado un perro. Él me contaba las historias que sabía y conocía, y con esas mismas historias fui recreando la realidad, aumentándola, transformándola en otra cosa. Cuando veo que un jugador bajo es criticado por su altura, me acuerdo inmediatamente de la historia que me contó mi tío abuelo sobre Albano, quien en alguna ocasión pasó por debajo de las piernas de otro jugador antes de anotar un gol. Y, hablando de dedicación, recuerdo en el acto la historia de Azevedo, el arquero que jugó más de media hora contra el Benfica con el brazo amarrado al pecho. Casi medio partido tapando con un solo brazo. Así pues, todos los partidos traen muchas cosas amarradas, narices largas, cabezas deformes, recuerdos de infancia, rayas y trazos imposibles de ver a simple vista pero que son el hueso de la realidad.

Cuando jugaba fútbol, en la calle, con vecinos y amigos, siempre invocaba estas historias, susurraba el nombre de los jugadores que admiraba, creyendo que con ello adquiría un poder sobrenatural que haría de mí un crack. No ocurría así, pero mi estado de ánimo cambiaba, y si por casualidad hubiera yo tenido algún talento para el fútbol, pienso que el simple hecho de jugar con esos nombres míticos en la boca me hubiera dado una pequeña ventaja capaz de transformar una jugada simple en una jugada de Figo. Cada jugador es un monstruo con muchos ojos, varias piernas, como en un cuadro cubista, un monstruo que lleva adentro maravillosas fintas, días de gran tristeza y días de felicidad, en fin, todo lo que vivimos en el pasado y todo aquello que esperamos del futuro. Una fotografía de nuestra Selección, o de cualquier Selección, es una pálida imagen de su realidad, tan solo su perspectiva más inmediata. Ningún jugador corre solo hacia la portería. Lleva siempre con él los equipos del pasado, las esperanzas de los demás jugadores, de los seguidores y, bajo su piel, lleva todas las historias que oímos contar, todas las historias que leemos, presenciamos o inventamos. Sé perfectamente que en este Mundial, así como en los próximos, veré los partidos de la selección portuguesa con todo el pasado que recuerdo y con todo el futuro que deseo.

Escribí sobre ese tema en uno de los volúmenes de la Enciclopedia de la Historia Universal:

“Son los hijos que aún no nacieron –dijo Muqatil al-Rashid– quienes abren el camino a mi espada. De mis victorias depende su existencia. Si yo cayera en la batalla, ellos no nacerán, y por esa razón son ellos quienes combaten a mi lado. Por eso, cuando yergo la espada, es el ejército de mis descendientes que lo hace conmigo. Mis hijos y los hijos de mis hijos y todos los que de ellos podrán llegar a existir hasta el fin del mundo”.

Pero, en otra ocasión, también dije:

“Cuando yergo la espada, son todos mis antepasados, hasta Adán, quienes la yerguen conmigo. Ningún hombre hace un gesto sin que Adán también lo haga. Todo el pasado blande la lámina de mi espada”.

Cuando fue confrontado con la aparente paradoja de que en unos casos eran sus descendientes quienes lo ayudaban a erguir la espada y, en otros, sus antepasados, Muqatil al-Rashid dijo lo siguiente:

“El tiempo es como mi brazo izquierdo y mi brazo derecho. El pasado no está atrás ni el futuro adelante, sino que se encuentran uno al lado del otro, en el mismo instante, agarrando mi espada, pues yo la sujeto con las dos manos”.

Espero que la selección portuguesa sepa jugar el próximo Mundial tal como Muqatil al-Rashid sujetaba la espada, con ambas manos, con el pasado y con el futuro.

 

* Escritor portugués. Traducción de Felipe Cammaert.


Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación