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Receta para ser feliz

Paul Dola, invitado al Hay Festival de Cartagena 2013

El profesor Paul Dolan y la felicidad

Paul Dolan, invitado al Hay Festival de Cartagena, dice que su trabajo no es de autosuperación, pero se atreve a recomendar métodos para ser feliz. En entrevista con Arcadia, los revela.

Por: Daniel Pardo*Londres

Publicado el: 2013-01-22

Paul Dolan apaga su celular todos los días a las siete de la noche y no lo vuelve a prender durante doce horas para no verse interrumpido. Dice que eso, en parte, lo hace feliz.

Su próximo libro es una definición de la felicidad, algo que según él suele estar ausente en los libros sobre felicidad.

Es profesor del Departamento de Política Pública de la London School of Economics. En su trabajo estudia los factores que influencian nuestro comportamiento y desarrolla medidas de la felicidad que se pueden utilizar en política. Es, de hecho, asesor del Gobierno británico en ese campo.

Cuando habló con Arcadia, Dolan apagó su celular para no desviar su atención. Dice que eso, en parte, lo hace feliz.

¿Qué es la felicidad?

Yo estoy muy influenciado por el trabajado de Daniel Kahneman [estadounidense-israelí ganador del Premio Nobel de Economía y especializado en psicología del comportamiento], quien distingue entre el ser evaluativo –esa parte de nosotros que se pregunta, desde un sillón, por cuestiones globales de la vida– y el ser experimental, que es lo que somos la mayoría del tiempo y está concentrado en las cuestiones concretas del día a día. ?Mi definición de felicidad se basa en el segundo: ser feliz en un sentido del placer y el hedonismo, donde dominan adjetivos como júbilo y alegría en el lado positivo y estrés y ansiedad en lo negativo.

¿Ser feliz es, entonces, estar de vacaciones?

En parte sí, pero la felicidad también se basa en la satisfacción o el fracaso de las cosas que consideramos que merecen la pena. La recompensa, lo gratificante o el cumplimiento son sensaciones que nos dan felicidad en el momento en que las experimentamos pero no se muestran a manera de carita feliz.

Por ejemplo…

Cuando uno le lee un cuento a su hija de diez años por enésima vez no siente placer. Pero al terminar se siente provechoso. Ese sentimiento de gratificación se da en el momento en el que se hace, y no cuando uno realiza esa no muy frecuente reflexión desde el sillón. No me gusta enfocarme en esas preguntas generales, porque me parece que nunca nos las hacemos a menos de que nos las pregunten. En cambio, constantemente sí evaluamos nuestras experiencias desde una mirada del placer, el propósito y la recompensa.

¿Por qué la gente, en general, no es feliz?

Todo se basa en el proceso de escogencia de las cosas a las que les ponemos atención. La atención no solo determina el comportamiento sino también la felicidad. Si usted no es tan feliz como podría serlo, probablemente está distribuyendo mal la atención, un recurso de por sí muy escaso.

Las cosas que uno cree que son importantes probablemente no lo son. El clima es un buen ejemplo de algo a lo que le dedicamos mucha atención pero en realidad no nos es tan importante.

¿Qué nos recomienda para ser felices?

Hay que crear y diseñar el entorno en una forma que haga más fácil para uno realizar sus propósitos sin tener que pensar mucho en ello.

Un ejemplo…

Piense en los celulares, Internet y las redes sociales. Son elementos que nos hacen la vida más fácil y a los que les dedicamos una buena parte de nuestra atención. Pero a la vez nos hacen bastante miserables, porque somos esclavos de la necesidad de estar revisándolos constantemente. ??¿Es decir que los teléfonos inteligentes nos han hecho infelices

Eso sería generalizar demasiado. Los móviles son una tremenda fuerza de liberación y sería tonto decir que estaríamos mejor sin ellos. De hecho creo que estaríamos peor. Pero la clave está en manejar su factor de uso. Facebook es una gran manera de interactuar con los demás, pero tal vez no deberías estar ahí veinticuatro horas al día, porque estarías distribuyendo mal tu atención. ??¿Qué hace uno para distribuir mejor la atención

La gente podría crear compromisos. Empezar una tarea después de terminar otra. Hacer varias cosas a la vez, ir saltando entre una tarea y otra, es un proceso que gasta mucha energía. Uno puede diseñar sus procedimientos en una forma que sabe que le va a ser más satisfactorio. Es más estar alerta de las situaciones que pueden producirse y pueden afectar nuestra felicidad.

Tal vez el consejo sirva con un inglés, que planea lo que va a hacer. Pero con un latinoamericano, por ejemplo, me late que la cultura de la improvisación estaría por encima de esto. ¿No cree que su diagnóstico puede pecar de omitir las variantes culturales?

Acepto que hay diferencias culturales y de contexto. Pero no se trata de que cada receta se siga de la misma manera. Los colombianos son una nación bastante feliz y eso puede deberse a que le dedican una importante cantidad del tiempo a los amigos y la familia. El tiempo, así como la atención, es un recurso escaso, y no me cabe duda de que cada persona sería más feliz si le dedicara veinte o treinta minutos más del día a hablar con sus familiares.

Yo creo que los colombianos registran como los más felices porque les gusta responder en las encuestas que son felices, más allá de que lo sean. Digo: muchas veces la gente dice que cree que es feliz pero probablemente no lo es.

De acuerdo. Mucho de lo que creemos que sabemos sobre la felicidad viene de índices globales de satisfacción. No hay información sobre la felicidad entendida desde la perspectiva experimental. Mi punto no es que los colombianos sean más felices, porque no tengo información sobre sus experiencias, sino que si son más felices es porque están dedicándole tiempo y atención a las cosas que los hacen felices, que probablemente es estar cerca de gente que a uno le cae bien.

¿Es decir que los estudios en los que Colombia registra como el más feliz están errados?

Pues yo prefiero medir la felicidad según la manera como la gente usa su tiempo y atención, a diferencia de estos estudios que se basan en una pregunta reflexiva y general. Lo ideal sería no tenerle que preguntar a la gente para medir su felicidad. Pero es el único método que tenemos. Tal vez la mejor forma sería modificar la pregunta y enfocarla en las experiencias y las expectativas.