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¿Respeto o mojigatería?

Felipe Zuleta.

En el clóset

Reflexiones sobre la intimidad de las personas elegebeté famosas que viven en el clóset en Colombia.

Por: Felipe Zuleta y Sergio León Santaella.

Publicado el: 2012-06-28

Oscar Wilde, en 1895, el mismo año en que fue estrenada con gran éxito su obra teatral La Importancia de llamarse Ernesto, resultó envuelto en un largo y tristemente célebre proceso judicial que culminó en su encarcelamiento y en la destrucción de su genialidad creativa. Sin ser el primer caso célebre, se puede decir que el caso de Wilde ha sido uno de los casos más importantes de lo que hoy en día se llama outing, o en nuestro castizo idioma, el hecho de revelar públicamente la homosexualidad de una persona, sin su consentimiento.

El outing de Wilde ocurrió cuando el Marqués de Queensberry dejó en el club social que frecuentaba Wilde una tarjeta de presentación con una sugestiva nota: “Para Oscar Wilde, quien presume de sodomita”. Aunque la  homosexualidad del escritor era un secreto a voces, y él mismo hacía preciosas alegorías del amor homosexual bajo un lenguaje cifrado y decoroso (llamándolo “el amor que no se atreve a mencionar su nombre”), Wilde, alentado por su amante Alfred Douglas (hijo del mismo Marqués de Queensberry), decidió demandar ante los tribunales a su “suegro” por injuria y calumnia. Para desgracia de Wilde, la justicia se volvió en su contra, y no solo dejó al Marqués libre de cualquier acusación, sino que Wilde resultó condenado por sodomía, conducta que para ese entonces era castigada penalmente. Dos largos años de prisión y trabajos forzados fueron suficientes para enterrar la creatividad de Wilde por el resto de su vida.

Obviamente desde entonces han ocurrido miles de casos de outing: personajes famosos, políticos, artistas, empresarios, incluso religiosos, han sido sacados del clóset sin su consentimiento por diversas razones y con diversos objetivos.

El outing ha sido empleado en primer lugar para destruir la reputación de las personas, y por lo tanto, ha sido usado como arma de ataque por enemigos de figuras públicas. Con el tiempo, el outing cambió de objetivo y empezó a ser usado por los activistas de los derechos elegebeté, quienes consideraban que había que “salir del clóset y tomarse las calles” y bajo esta consigna empezaron a sacar del clóset a cuanto personaje público y reconocido pudieran sacar. En ambos propósitos hay tanto de loable como de reprochable. Los activistas usaron el outing para demostrar que la orientación sexual no era impedimento para tener una carrera política, empresarial, artística o deportiva exitosa, aunque esa forma de hacer visibilidad fue y es duramente criticada por quienes consideran que el clóset es un refugio respetable, y más allá de cualquier lucha reivindicatoria, se debe respetar a toda costa el derecho a la intimidad y la privacidad de los individuos.

En países como Estados Unidos los casos de outing son pan de cada día. Por ejemplo, en 2003, activistas elegebeté hicieron pública la homosexualidad de Edward Schrock, congresista republicano que mientras votaba hipócritamente a favor de la Ley de Protección del Matrimonio Heterosexual  (impidiendo la conformación de matrimonios homosexuales) en sus ratos libres buscaba encuentros homosexuales a través de redes sociales.

En Colombia curiosamente no recordamos muchos casos de outing, y los pocos casos en los que la homosexualidad de personajes públicos ha pasado por los medios de comunicación, más bien ha ocurrido de manera tímida y sin escándalos. Y necesariamente surge la pregunta de ¿por qué un país fascinado por los chismes no ha habido casos célebres de outing?

Lo primero que se debe decir es que la falta de casos de outing definitivamente no tiene nada que ver con escasés de personajes públicos elegebeté. Aunque de muchos se sabe por “secreto a voces” y de otros no existe sospecha alguna, la lista de artistas, políticos, empresarios, deportistas y todo tipo de personajes públicos gay y lesbianas es por cierto bastante extensa y diversa, muchos han pasado por nuestras fiestas, y otro tanto por nuestras camas.

Si entonces hay tanto personaje “enclosetado” en Colombia, no es claro por qué los homofóbicos o los mismos activistas elegebeté hagan uso del outing, tanto para perjudicar como para visibilizar, ni tampoco es claro por qué los medios de comunicación no publican historias de este estilo que tanto fascina a cuanta señora chismosa pasa sus ratos en las peluquerías.

Hace algunos años, activistas elegebeté alentaron a la comunidad a sacar del clóset a todos los curas y religiosos que de día predicaban contra la inmoralidad homosexual, y de noche se entregaban a los brazos de sus jóvenes amantes homosexuales. La campaña tuvo poco eco y ningún resultado tangible.

La respuesta entonces se ubica en algún punto entre el respeto a la intimidad y privacidad de las personas que habitan el closet; o más contundente, la explicación se encuentra en el espíritu mojigato y soterrado que nos caracteriza como colombianos. No es de extrañar que un país temeroso de enfrentar su realidad, acostumbrado a barrer debajo de la alfombra todo su suciedad (y sus muertos y sus desgracias), un país acostumbrado a sacar chiste de las más horribles tragedias para poder sobrevivir a su propia realidad, sea un país que no está preparado ni interesado en darse cuenta de que su destino está, en cierta medida, en manos de personas elegebeté. Tan solo la mojigatería que nos caracteriza puede explicar la falta de casos de outing en Colombia.

Debemos concluir, sin miedo a equivocarnos, que las celebridades elegebeté podrán seguir viviendo en el clóset sin miedo a que los expongan públicamente, no porque se respete su derecho a la intimidad, sino porque nuestro mojigato país no está preparado para reconocer que los homosexuales hacemos parte de su realidad y de su idiosincrasia.