RevistaArcadia.com

Territorios de memoria

El Centro de Memoria Histórica y Arcadia presentan un especial sobre los lugares de la memoria en Colombia, como antesala de la semana por la memoria que se celebrará el próximo octubre.

2014/09/23

Por Gonzalo Sánchez G.*Director del Centro Nacional de Memoria Histórica

Los célebres lieux de mémoire de Pierre Nora trazan una cartografía heroica de la historia cultural de Francia y fijan una idea de nación que se apoya en la memoria colectiva representada en monumentos, personajes y espacios reales o imaginarios que van desde el Panteón hasta la obra monumental de Proust. En América Latina el concepto ha sufrido una vuelta de tuerca: nuestros lugares de memoria proyectan una historia, pero no de la unidad sino de la fragmentación. No aluden a héroes épicos, a batallas gloriosas ni a lugares en donde se forjó una nación, sino a los eventos que la amenazan desde su interior.

Los lugares de memoria surgidos alrededor de las guerras internas y las dictaduras militares en América Latina nos recuerdan que evocar o silenciar son actos de poder. Si la estatua de un héroe del pasado pretende traer al presente el recuerdo de sucesos que mueven a la admiración, un monumento dedicado a los desaparecidos quiere hacer presente una ausencia imposible de olvidar provocada por un hecho infamante.

Cada lugar específico engloba respuestas diversas pero nada tranquilizadoras a la pregunta sobre lo que transcurre en el mapa general de la memoria. Seleccionamos un decálogo de los menos visibles pero no menos memorables.

Algunas iniciativas locales surgen como proyectos de resistencia de comunidades que, además de recordar, buscan recuperar espacios de lo público usurpados por la guerra y convertidos en “paisajes del miedo”. Lugares amenos de la cotidianidad de un mundo cuasi rural se convierten en íconos de la memoria: El Quiosco en Bolívar, el Bosque en el Meta y los Jardines en Medellín. Estos últimos son además una respuesta creadora de la población refugiada en los extramuros de la ciudad que materializa no solo su origen campesino, sino la tierra que tuvieron que abandonar para llevarla consigo como añoranza que siembran en ese otro lugar al que han sido arrojados.

Hay lugares que evocan un conflicto presente, otros uno reciente y otros que se inscriben en duraciones seculares, como los que han victimizado a indígenas o afrodescendientes. La Casa Arana, rescatada tras un siglo de olvido como lugar de memoria del genocidio al que fueron sometidas cuatro comunidades indígenas del Amazonas, nos recuerda que la violencia ha estado asociada no solo al abandono del Estado, sino también a la codicia de inescrupulosos inversionistas extranjeros.

En ocasiones, líderes individuales y emblemáticos se convierten en portadores de memoria: Sonia Bermúdez desafía en La Guajira la pretensión de privar de significación los cuerpos a los que los asesinos despojaron de la vida y también de la muerte, dejando en el vacío los rituales de una sepultura digna. Por su parte, el padre Nelson Cruz, en Putumayo, añadió a su función de soporte moral de una población vulnerable la tarea de documentar la cotidianidad del conflicto a través de su empeño como coleccionista de vestigios y objetos de guerra. La presencia de la Iglesia como propiciadora de iniciativas de memoria es evidente también en la Casa de la Memoria del Pacífico Nariñense en Tumaco y en muchos otros espacios de esta cartografía.

La violencia tiene un efecto de dislocación del espacio, en sentido metafórico y literal. Todo queda fuera de lugar, devastado, allí en donde ha ocurrido una masacre, una explosión, un atentado. Así, la iglesia de Bojayá representa el sufrimiento sin tregua de la población afrodescendiente del Pacífico colombiano, víctima de las acciones de los actores armados que aún hoy se disputan el control sobre su territorio. Asimismo, Granada, en Antioquia, es a la vez una prueba de la devastación a la que han sido sometidos centenares de pueblos de Colombia durante la cruenta historia de violencia de nuestro país y un testimonio rotundo de la capacidad de las comunidades de resurgir de sus escombros y emprender una cruzada ejemplar por el Nunca Más. Este soplo transformador de la memoria es el que se siente por toda la geografía del país.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com