El Placer. Fósiles, ollas, cinturones y otros objetos cuelgan de las paredes del Museo del Padre Nelson en El Placer, Putumayo, para recordar a las víctimas, los combates y los horrores de la guerra.

Uno. Galería Bélica El Placer, Putumayo

Las guerras que conforman la historia de Colombia han dejado más que muertos y desplazados. Quedan también sus recuerdos. Después de cada injusticia, víctimas y sobrevivientes tienen que pelear contra el olvido de un país que vive de crisis en crisis, con poco tiempo para digerir una tragedia antes de que llegue la siguiente. En estos lugares de memoria el país recuerda su pasado para, tal vez, crearse un futuro sin olvido y lleno de paz.

2014/09/23

Por Centro Nacional de Memoria Histórica

Comenzó como una estrategia para atraer feligreses, para robarle creyentes al negocio de la coca y sumárselos a la parroquia del pueblo que, en 1996, tenía seis butacas y años sin llenarse los domingos. Hoy, el Museo Parroquial de la Piedra (también llamado Galería Bélica, Museo de la Memoria o —como todos le conocen— el Museo del Padre Nelson), recuerda la violencia a través de sus objetos. La memoria de una escopeta, de pedazos de cilindros bomba,

de ollas con impactos de bala, uniformes y cinturones cuentan la historia de guerrilleros, paramilitares, soldados y civiles que murieron antes de tiempo en medio del conflicto.

 Cuando el padre Nelson Cruz llegó a El Placer, en 1996, encontró una casa cural en obra negra y una ínfima capilla perdida en un potrero. Encontró también un pueblo en pleno apogeo de la coca, con más discotecas que tiendas y una población con poco tiempo para las cuestiones del espíritu, mucho menos para ir a misa. Esto así, el padre Nelson empezó a buscar maneras para atraer curiosos con la esperanza de convertirlos en feligreses. Empezó con un fósil: lo colgó en la fachada de la casa cural y le puso una etiqueta. Luego encontró otra piedra, quizá tallada por indígenas, y la puso también en la pared. A quienes iban a ver las piedras y demás maravillas naturales de la región, el padre les ofrecía tinto y charla. Así, piedra tras piedra y tinto tras tinto, fue ganando devotos y coleccionistas para su incipiente museo.

 Cuando en 1998 llegaron los paras y empezaron a retar el hasta entonces incuestionado poderío del frente 48 de las Farc, el padre Nelson comenzó a recolectar recuerdos de la guerra. La dirección de Pastoral Social le había pedido que pusiera por escrito su experiencia y la del pueblo, pero él sabía bien que dar testimonios era sentenciarse a muerte. Entonces, ¿cómo contar la guerra sin contarla? ¿Cómo recordar las víctimas, los combates, los horrores sin poner en riesgo la propia vida? La respuesta, por supuesto, era el museo. Mientras la fachada exhibía piedras, fósiles y huesos de animales que el padre y la comunidad habían recolectado, los corredores contaban la historia que todos vivían, pero de la que no se podía hablar. En una metáfora accidental de Colombia y su conflicto, las bellezas naturales de la fachada escondían la triste realidad de nuestra violencia.

 Hoy el padre Nelson ya no está en El Placer. El museo sufrió en las manos de un párroco que quizá no entendió la importancia de coleccionar objetos de violencia para algún día preservar la paz. Pero la comunidad se ha hecho cargo. El museo sigue, ahora en un lugar más grande y más adecuado: las ruinas de la escuela José Asunción Silva, la primera del pueblo y la cual tuvo que ser abandonada hace poco más de un año cuando dos bombas de la guerrilla (que le apuntaban a la estación de policía vecina) la destruyeron en parte. Para Estela María Guerrero, vecina de la escuela, guía, ama de llaves, curadora y  codirectora voluntaria del museo, la escuela tiene una importancia simbólica: el lugar donde comenzó la educación del pueblo es donde ahora se guardan sus recuerdos más dolorosos, debidamente etiquetados y clasificados.

 

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com