Paulo Lins. AFP

Risa y horror en Río

Paulo Lins es por mucho uno de los escritores brasileños más comprometidos con una realidad que, de cara al crecimiento económico, se ha querido ocultar. Autor de novelas, poeta, compositor de samba, ha asumido un compromiso con la escritura y la vida como si fueran una misma cosa.

2014/04/22

Por Camila Moraes* São Paulo

A pesar de ser considerada un clásico contemporáneo, la película Ciudad de Dios, dirigida por el brasileño Fernando Meirelles, es también un puño en la cara. La escena más violenta del cine mundial en años, según muchas encuestas realizadas a críticos de cine, sale de ahí. Dos niños de unos ocho años de edad se ven obligados a elegir si quieren que les disparen en la mano o en el pie. Transcurre un día más en la favela carioca y Zé Pequeno, el líder traficante, ejecuta el disparo sin pudor.

Premiada en todo el mundo y un hito en el cine de Brasil, la película nace mucho antes de su estreno en los cines en 2002, como muchos lo saben. Su guión es una adaptación de la novela homónima de Paulo Lins, escritor carioca que vivió en Ciudad de Dios de los 7 a los 32 años. Allí creció. Desde muy temprano Lins comenzó a escribir, a componer sambas para las escuelas que desfilaban en el carnaval. Hizo parte del cineclub de su barrio y lo dirigió y, sobre todo, padeció –e investigó– la violencia de su entorno.

Cuando uno lee Ciudad de Dios se pregunta si solo es un libro triste. La verdad es que no. No se trata aquí de tristeza, tampoco de melodrama. De hecho, no son raros los momentos de ambas obras, la literaria y la cinematográfica, que nos hacen reír del absurdo de la vida, de cierta incongruencia de estar vivos en un mundo donde las necesidades y ausencias producen llanto y dolor, pero donde el sol insiste en nacer y la risa persiste, ignorando solemnemente la mera existencia de la desgracia. Quienes no hayan visto la película o leído la novela deberían hacerlo pues se trata de dos piezas de indudable calidad y los prejuicios que sobre ellas se ciernen nunca podrán superarlas.

Paulo Lins tampoco es una persona triste, ni mucho menos. Al contrario, no pronuncia tres palabras sin reírse con ganas, y cuando lo hace hay que concentrarse para seguir sus ideas. Me recibe en su apartamento de São Paulo, ubicado en un edificio en un barrio de clase media. Nacido en Río de Janeiro en 1958, Lins se impone de una manera muy carioca sobre el ambiente impersonal y urbano en el que nos encontramos, con sus pantalonetas, chanclas y caminar modesto. Cuenta que se mudó a la capital paulista hace cuatro años para estar más cerca de su hijo menor (tiene tres, dos niños y una niña) y, entre un viaje y otro, escribir.

Desde que o samba é samba, su segunda novela, se publicó en 2012. Quince años después del lanzamiento de Ciudad de Dios que, a su vez, le tomó diez años de trabajo. Aunque ambos libros se relacionan con la comunidad donde creció, el más reciente deja atrás la violencia más cruda y busca rescatar momentos de la formación cultural de Brasil a través de la samba y la umbanda (religión brasileña de origen africano). Antes de involucrase con la prosa, Lins formó parte de una cooperativa de poetas y, en ese contexto, lanzó Sobre o sol, su primer libro, en 1986. Los versos de samba-enredo (un subgénero de la samba) fueron su formación más temprana, aunque se haya graduado en Letras en la Universidad Federal de Río de Janeiro y haya ejercido como profesor de literatura.

“Antes, para escribir, yo prendía una vela roja, ponía música clásica, un foco de luz sobre un libro y otro sobre el computador... Me hacía un té y empezaba. Hoy en día, hasta en la fila del baño soy capaz de hacerlo. Lo que quiero es entregar y listo”, cuenta sin resistir a las carcajadas. El cine, y sobre todo la televisión, le han enseñado el valor de los plazos. Paulo es autor de guiones de películas como Quase dois irmãos, de series como Cidade dos homens y, actualmente, se ha lanzado a escribir libretos para telenovelas.

Al final, para quien ha escrito y leído todos los días de su vida, hay espacios y frecuencias para todo tipo de texto. “De niño, escribía sin saber escribir. Le dictaba a mi mamá mis historias y ella las transcribía. Cuando quería castigarme me decía: “Hoy te prohibo escribir”. Creo que todos tenemos algo. No siempre nos damos cuenta o podemos seguir adelante con eso por alguna razón, pero nacemos con algo que nos gusta hacer. Un impulso. Un juego. En mi vida necesito ficción”. Lins parece haber oído el grito de una sociedad y transformado necesidad y talento propios en algo que nos toca a todos. Su ficción es dura, poética y verdadera, así como su mirada sobre la realidad –que su mente fabulosa tampoco le quita–.

Al hablar sobre la realidad de Brasil, que según él tantos lazos tiene con los vecinos en Suramérica, es lúcido y contundente, como la más violenta escena de la novela que lo volvió conocido mundialmente. “Vivimos en un sistema político idiota, con idiotas detrás de poder, dinero y ventajas. Una democracia sucia en la cual nadie tiene la firmeza para resolver la cuestión. En Río de Janeiro los bandidos asesinan a los policías. Pasa también al revés, y en mayor cantidad, pero cuando un bandido mata a un policía, nos está matando a todos: al Estado y a cada uno de nosotros. Ojo, no es fácil hacerlo. Solamente tiene esa disposición quien nació y fue criado en el infierno y resuelve darle una cachetada en la cara al diablo”, dispara.

La risa otra vez se le asoma, pero esta vez no es capaz de disimular el horror.

 

* Periodista

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