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Carta de Francisco Tostón

"Habría que redefinir la condición misma del filósofo, su carácter, su existencia misma, sus objetivos, sus modalidades".

2011/04/08

Por Francisco Tostón

¿DÓNDE ESTÁN LOS FILÓSOFOS?

Ésta es la cuestión que propone el último número de la revista ARCADIA, en uno de sus artículos. Me parece un tema apasionante y muy complejo.

Habría que redefinir la condición misma del filósofo, su carácter, su existencia misma, sus objetivos, sus modalidades.

¿Podríamos partir de la imagen y el concepto tradicionales del filósofo? Hagámoslo diciendo algo tan genérico como que filósofo es el hombre (mujer) de pensamiento, que al menos de vez en cuando expresa públicamente sus ideas sobre alguno de los temas que preocupan al hombre de hoy.

Según este punto de partida, además de los filósofos profesionales y reconocidos, que se citan en el artículo de ARCADIA, yo añadiría a algunos de los periodistas que se atreven a afrontar los problemas sociales del día a día y lo hacen con seriedad, responsabilidad, compromiso y cierta dignidad literaria y profundidad de expresión.

Porque, si ya la misma prensa se mueve en un ámbito restringido, ¿qué ocurrirá con los estudios especializados sobre filosofía que solo tienen presencia, y bastante precaria, en los espacios académicos?

Decía Ortega y Gasset que vivir es intervenir. Los filósofos por libre a los que me refiero, lo hacen a través de sus columnas de opinión, dentro de una modalidad que, a pesar de su brevedad, posee una noble ascendencia desde los ensayos de Montaigne hasta “la tercera” de ABC, en que, por ejemplo, el extraordinario pensador y escritor Julián Marías orientó a la opinión española durante muchos años.

Me parece que hay mucha soberbia, mucha megalomanía, mucho celo profesional para guardar y fijar límites; falta humildad para leer y citar a los colegas, por aceptar un debate abierto sobre los temas candentes de nuestra sociedad; me parece que existe poco interés por buscar la verdad, por sus aproximaciones, ensayos, intentos.

Quiero mencionar un solo ejemplo, de ninguna manera único, entre los periodistas que nos brindan sus reflexiones.

“Lo que vivimos habrá ocurrido innumerables veces pero también es verdad que solo ahora ocurre, todos vivimos al borde del abismo universal. Y lo que les ocurrió a las generaciones carece en suma de patetismo, porque lo verdaderamente patético es esta incertidumbre, el patetismo de lo inconcluso que solo nos toca a los que no sabemos cómo terminará todo esto.

Es lo que nos permite maravillarnos y espantarnos con lo espantoso, saber que es ahora cuando hay que estremecerse con los crímenes, conmoverse con las tragedias e indignarse con las tiranías. ¿Otros lucharon por la verdad, por el bien, y por la libertad? Ahora es nuestro turno (…)

Acaso surja esa verdad que le dará sentido a todo, ese ser que justificará tantos esfuerzos, esa revelación que iluminará la tiniebla. Pero si no llegaran, aún sería noble y valeroso gritar como Barba Jacob: “Sé digno de este horror y de esta nada/y activa y valerosa, oh alma mía” (William Ospina, El Espectador, 13 de marzo de 2011).

¿No es esto auténtica filosofía?

Francisco Tostón de la Calle

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