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Carta de Luis Fernando Macías

"El filósofo no es adulador, es crítico, cuestiona, pregunta y formula preguntas, no puede contentarse con las verdades oficiales de los medios de comunicación o del poder. Y es allí donde justamente surge el temor, la duda a intervenir en el debate en una sociedad como la colombiana poco dada al cuestionamiento y la crítica".

2011/04/08

Por Luis Fernando Macías

Se preguntan por qué razón los filósofos no generan una opinión pública o participan de ella. Se traen algunas respuestas, sin embargo es necesario tener en cuenta que el filósofo interviene en el espacio público en la medida en que cuestiona la opinión generalizada y aceptada.

En ese orden de ideas cómo se puede pedir que se piense y se realicen planteamientos críticos si la opinión está controlada. Quiero decir con esto que quien opine en forma diferente a lo “socialmente aceptado” puede ser considerado terrorista, puede perder la visa americana o ser llevado a la muerte civil cuando no a la muerte pura y simple.

Por ejemplo, ¿quién podría cuestionar los miles de descuartizados sin ser acusado de pertenecer a los guerrilleros o terroristas intelectuales?. Entonces,  ¿cómo participar en el debate público sobre un tema de actualidad en el país, donde esa práctica es aceptada por miles de personas que la reivindican como una forma de acabar con el terrorismo de las FARC?

¿O acaso se puede participar libremente y sin temor en un debate sobre la guerra de Irak o más recientemente sobre el ataque a Libia sin riesgo de perder la visa americana? ¿O incluso la misma consecuencia si se cuestiona la seguridad democrática?.

El filósofo solamente existe en cuanto es crítico, cuestiona la realidad dada y verdad supuestamente cierta. El filósofo no es adulador, es crítico, cuestiona, pregunta y formula preguntas, no puede contentarse con las verdades oficiales de los medios de comunicación o del poder. Y es allí donde justamente surge el temor, la duda a intervenir en el debate en una sociedad como la colombiana poco dada al cuestionamiento y la crítica.

Entonces la academia aparece como un refugio neutral, tranquilo y sin riesgo para pensar. La reflexión puramente filosófica que se escucha en todos los escenarios incluidos las universidades y los clubes sociales, no es criticable, simplemente es una forma de vivir, nadie está llamado a ser mártir. El filósofo no está llamado ser el mártir de este mundo unanimista. No se le publica si se aleja de la opinión generalizada y ausente de crítica, por eso no es que el filósofo no participe, simplemente no se le da a conocer, no se le publica salvo si es para adular la opinión políticamente aceptada. En ese sentido habría que cuestionar a los medios pues se han limitado a repetir unas opiniones e ideas dadas y ausentes de cuestionamiento y crítica.

El poder se ha vuelto más violento e intolerante a la crítica y al cuestionamiento, mientras antes, los críticos tal vez solamente eran llevados a una estación de policía, hoy son llevados a sitios oscuros o a Guantánamos sin posibilidad de defensa. Así es imposible participar en el debate público.

Por eso el filósofo no participa en el debate público, por un poco de miedo, de terror, de autocensura, de repliegue ante los embates del poder y la opinión unanimista. Es la necesidad de supervivencia y ello no es criticable

Tal vez yo mismo he sentido temor al escribir estas pequeñas líneas pues no sé las consecuencias que ello conlleve y espero no me lleven a los falsos positivos del poder local o extranjero. Es el miedo, la autocensura la que no deja, o contribuye por lo menos, a guardar silencio. Eso es la filosofía hoy, un espacio cerrado en las disquisiciones teóricas sin conexión realidad para no correr riesgos. A manera de ejemplo de reflexión adjunto un escrito realizado hace varios años atrás y que creo que con el artículo adquiere, al menos para mí, alguna vigencia.

Cordialmente

Luis Fernando Macías Gómez

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