El neurocientifico David Eagleman es uno de los invitados que hablarán de ciencia en el Hay Festival.

Un ejercicio en el asombro

David Eagleman no es sólo un brillante neurocientífico de vanguardia. Es también un futurista, el proponente de una nueva escuela filosófica y el escritor de un best-seller internacional que explora los posibles escenarios de la vida después de la muerte. Arcadia lo entrevistó.

2011/01/27

Por Rodrigo Restrepo

¿Qué pasaría con nuestra percepción de la vida y de la muerte si de repente descubriéramos que Dios es un organismo gigantesco para el cual los humanos no representamos más que átomos? ¿Y qué si somos el experimento genético de una civilización alienígena? ¿O si nuestra existencia no fuera más que la de simples nodos de información en un dispositivo computacional cósmico?

Estas son algunas de las posibilidades que el neurocientífico y escritor David Eagleman explora en su libro Sum. Cuarenta historias desde la otra vida, una curiosa indagación en la ficción científica con una buena dosis de filosofía, humor frío y ciencia contemporánea. Sum, que en pocos meses se convirtió en un best-seller internacional, puede leerse como una serie de hipotéticas metáforas sobre Dios, la naturaleza de la conciencia y la condición humana en un universo que escapa con mucho a la comprensión actual del hombre. Es una muestra de los paradigmas y mitos científicos que permean a la cultura contemporánea —la inteligencia artificial, la genética, la física cuántica, la vida extraterrestre o la evolución— entretejidos con inteligencia por un cerebro poco común.

Eagleman no sólo es el director del Laboratorio para la percepción y la acción del prestigioso Baylor College of Medicine, donde adelanta investigaciones sobre la percepción del tiempo, la sinestesia —la capacidad de algunas personas de mezclar varios sentidos— y el neuroderecho —una nueva rama que explora cómo la neurociencia puede afectar las leyes—. También es graduado en Literatura británica y americana de la Rice University y es el miembro más joven de la Long Now Foundation, una institución compuesta por algunos de los más brillantes futuristas, inventores y teóricos de la tecnología, que promueve de manera creativa la responsabilidad para los próximos 10.000 años. Además, forma parte de los comités editoriales de varias revistas científicas.

Por si fuera poco, su agitada vida científica es complementada por una prolífica obra en plena ejecución. Además de Sum, acaba de lanzar Why the Net Matters: How the Internet will Save Civilization. Se trata de una aplicación para iPad, mezcla entre libro y página web, en la cual propone una seductora hipótesis: Internet salvará del apocalipsis a la civilización contemporánea. Para este año tiene preparado el lanzamiento de Incognito, una exploración de la ferviente actividad cerebral que ocurre tras bambalinas mientras vivimos. Actualmente trabaja en la contraparte filosófica de Sum, un libro que se llamará Why I am a Possibilian. Y aquí es donde llegamos a la pepa de este complejo personaje: Eagleman es el avezado proponente de una nueva escuela filosófica, el ‘posibilianismo’, un sistema opuesto tanto al teísmo fundamentalista como al ateísmo radical tan de moda en los círculos científicos de nuestros días. Sobre éste y otros temas habló Arcadia con David Eagleman.

¿Qué significa ser un posibiliano?

La ciencia siempre opera manteniendo en mente varias posibilidades interesantes, mientras trabaja para ver cuáles se encuentran mejor apoyadas por los datos. A veces es difícil, o imposible, reunir datos de peso, y en esos casos simplemente nos quedamos con las posibilidades. No nos comprometemos con una versión particular de la historia cuando no hay razón para privilegiarla sobre las otras. Empecé el posibilianismo simplemente como una manera de capturar este temperamento creativo de la ciencia, combinado con una apertura hacia múltiples hipótesis. En oposición a la estricta adherencia a un sistema de creencias (por ejemplo, la religiosidad fundamentalista, de un lado, o el estricto ateísmo, del otro), el posibilianismo estimula una exploración activa de nuevas ideas.

Después de leer Sum puede quedar la impresión de que el libro transmite una cierta decepción metafísica. Uno es llevado a sentir, una y otra vez, que el mundo es un juego jugado por un extraño demiurgo. De otro lado, usted escribe en el New York Times que el posibilianismo “mantiene múltiples ideas en mente… y no está interesado en comprometerse con ninguna historia particular”. Todo esto me hace pensar en un posible peligro del posibilianismo como propuesta filosófica: el peligro de justificar una actitud indiferente, quizás decepcionada de la vida —e incluso de lo que viene después de la vida—, una actitud carente de un compromiso ético con la sociedad y con la situación mundial. Una actitud que, vale decir, podría ser típica de un individuo promedio en la sociedad contemporánea.

Pienso que el posibilianismo no conduce a una actitud indiferente. Muy por el contrario, el posibilianismo está impulsado por el asombro y la maravilla que lleva a las personas a la ciencia. Es un ejercicio en el asombro y a menudo en la gratitud hacia la existencia. Pienso que el compromiso con el ateísmo en su sentido más estricto —esto es, el existencialismo, en el que somos entendidos como criaturas que se arrastran sobre una piedra que flota en el cosmos vacío— puede más fácilmente conducir a la indiferencia.

¿Usted cree que los seres humanos necesitamos pruebas racionales o científicas para elegir nuestras visiones acerca de la muerte o sobre el sentido último de la realidad? ¿Acaso esas reflexiones trascendentales no reposan en un lugar de la mente más allá (o más acá) de la racionalidad o la lógica científica?

Las pruebas racionales o científicas son las poderosas herramientas que han llevado a la humanidad a donde se encuentra. Siempre que podamos construir dichas pruebas, debemos y tenemos que hacerlo. Pero el posibilianismo entra en escena donde la ciencia se detiene, allí donde las herramientas de la ciencia son inadecuadas para construir pruebas. Cuando se trata de visiones metafísicas acerca de la muerte o sobre el sentido último de la realidad, la ciencia de hoy no puede ofrecer muchas respuestas, pero sí un fértil campo de posibilidades.


¿Cómo puede un neurocientífico elucidar la necesidad humana de encontrar un significado para la realidad, esa necesidad que nos impulsa a buscar explicaciones metafísicas o científicas, o incluso a explorar posibles escenarios para después de la muerte?

Un neurocientífico tiene la buena oportunidad de pensar en ideas fantásticamente creativas durante todo el día y, si él lo decide, de explorar esas ideas mientras escribe ficción en la noche. Pero yo no escribí Sum como un neurocientífico. Lo escribí como una persona curiosa que desea entender las pistas que encontramos alrededor nuestro.

¿Hay algún tipo de necesidad biológica para la creatividad desde el punto de vista neurológico?

Los cerebros son muy buenos para construir posibles escenarios y representarlos. Esto ha sido siempre muy importante para la supervivencia: si tu cerebro puede simular una acción sin que tú tengas necesariamente que llevarla a cabo, entonces dicha idea puede morir en lugar de que tú lo hagas. Pienso que la habilidad para generar futuros posibles es una de las ventajas clave de los cerebros humanos.


¿Es posible que, mientras usamos la Internet, estemos creando como especie una suerte de súper cerebro, como ha propuesto el escritor y editor de la revista Wired Kevin Kelly?

Sí. De hecho, Kevin Kelly y yo estamos empezando una organización para explorar la posibilidad de que la red se esté volviendo consciente. Para ser claros, no estamos sugiriendo que esté volviéndose consciente. Sólo queremos entender cómo empezar a estudiar la red y cómo medir significativamente la respuesta.


¿Podría darnos una posible visión de nuestro futuro como una civilización hiper conectada a través de un mega cerebro de increíble velocidad e información infinita?

Es posible que en 200 años seamos tan post-humanos que nuestros descendientes nos resulten cognitivamente irreconocibles, así como nosotros a ellos.

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