Reportajes, de Joe Sacco

La crueldad dibujada

El genial periodista gráfico Joe Sacco estará en el Hay Festival 2014. Sacco se vale del cómic para dar cuenta de algunos de los conflictos más desgarradores: del árabe-israelí, al serbio-bosnio y el checheno pero, en realidad, él no habla de tierra, armamento o política, sino de la naturaleza humana. Imperdible.

2013/12/12

Por Lina Vargas. Bogotá.

Hay un momento en los cómics de Joe Sacco en el que todo es profundamente desgarrador, donde los personajes que retrata parecen no tener salida y las situaciones son tan absurdas como dolorosas: una madre palestina que espera siete horas a que los soldados israelíes permitan el traslado de su hijo herido de muerte a un hospital en Jerusalén o una anciana chechena que, por miedo a ser asesinada, no se atreve a salir del establo abandonado donde vive para ir a cobrar su pensión. Sus libros son un desfile de los seres más olvidados del planeta, los más humillados, aquellos para los que no hay justicia, que solo poseen lo que llevan puesto, los indeseados de los que incluso se pone en duda su humanidad: “Nos sentimos como animales”, dice un exprisionero de Ansar III, la cárcel construida en 1988 por el gobierno de Israel para albergar a los palestinos capturados tras la primera Intifada. El trabajo de Sacco –se lee en distintas partes– ilustra algunos de los conflictos más brutales del siglo XX: el árabe-israelí, el serbio-bosnio, el checheno y la Primera Guerra Mundial; pero, en realidad, él no habla de tierra, armamento o política, sino de la naturaleza humana. La crueldad, ha mencionado, es el elemento común en sus historias.

Sacco, un maltés de cincuenta y tres años con pasaporte estadounidense, se graduó como periodista de la Universidad de Oregón hace más de treinta. Es quizás, junto a Art Spiegelman, uno de los iniciadores del cómic de guerra, aunque no así del periodismo del mismo género. Sacco hace parte de una tradición de periodistas de guerra que incluye a Martha Gellhorn, Vassili Grossman y Michael Herr. Su trabajo consiste en informar con precisión, citar y comprobar afirmaciones. Solo que él dibuja.

Ha realizado piezas para revistas como Time, Harper’s y Details, y ha publicado varios libros. Palestina –el único que se consigue en la Red de Bibliotecas Públicas en Colombia– fue Libro de Año de Estados Unidos en 1996, y en el 2001 Gorazde: zona protegida, recibió el Premio Will Eisner a la Mejor Novela Gráfica. Son estos dos territorios, Palestina y Bosnia, los que ambientan la mayor parte de su obra.

Palestina es prologada primero por el crítico e intelectual palestino Edward Said quien dice que, con excepción de uno o dos novelistas y poetas, nadie nunca había recreado el asunto de la ocupación israelí mejor que Sacco, y luego por Sacco: “Este libro es sobre la primera Intifada contra la ocupación israelí. Mientras escribo esto (2001) ocurre una segunda Intifada porque la ocupación israelí y la dominación de un pueblo a otro continúan”.

Lo primero que vemos es el caos –de hecho, hay quienes creen que algunas páginas de Palestina son una montaña rusa–, en el que un Joe Sacco que aparecerá dibujado a lo largo de la historia intenta tener una conversación en El Cairo. Muchos de los elementos de esa primera viñeta –como el resto, en blanco y negro–, son un anticipo del estilo del libro. Como en una pintura expresionista, suceden decenas de cosas a la vez, mientras que en un primerísimo plano aparece un hombre árabe de rasgos exagerados con la boca abierta. Hay allí otra característica fundamental de la obra de Sacco y de su visión frente al periodismo: encontrar lo profundo en medio de lo cotidiano, hacer que un problema menor signifique más que una catástrofe, ser irónico pero jamás banal y, aunque suene a cliché, mostrar la generosidad que surge aun en las condiciones más adversas. La terrible situación de los palestinos refugiados en los campos de Balata y Jabalia, los relatos de los maltratos por parte de los colonos judíos, los niños golpeados por soldados israelíes, la falta de agua portable y atención médica, las detenciones arbitrarias, la demolición indiscriminada de casas y árboles y la repetición de todo esto desde 1948, se mezclan con detalles, como un grupo de jóvenes refugiados que ve una película de Chuck Norris contra los terroristas árabes, que hacen de Palestina un libro real y emotivo.

Sacco dice que hay que ser honesto. Y parte de esa honestidad está en dibujarse como un personaje más. En Reportajes, una antología de piezas periodísticas sobre Oriente Medio, Chechenia, los Balcanes y África, él siempre está presente, no como protagonista, sino como un testigo silencioso, a veces ingenuo, que va tomando notas, fotos y haciendo entrevistas, y encuentra el tiempo necesario para ponerse en los zapatos de los otros y construir una pieza lo suficientemente compleja para convertirse en un documento histórico. “Al admitir que estoy presente en la escena, mi intención es indicar al lector que el periodismo es un proceso con grietas e imperfecciones en el que se ve implicado un ser humano”, escribió en su texto ¿Un manifiesto?

En Reportajes, Sacco no teme decir que se aburre durante los juicios contra criminales serbios, o que tiene hambre y frío en un campo de refugiados chechenos, o burlarse de sí mismo –su autobiografía se llama Memorias de un derrotista y él a veces se muestra como un Woody Allen nervioso e inseguro, tanto que en el prólogo a Gorazde: zona protegida, el escritor inglés Christopher Hitchens lo comparó con el personaje de Allen, Zelig–, o tener sentido del humor al exagerar la expresión facial de un entrevistado y jugar con la tipografía de los títulos.

Tampoco tiene miedo al señalar la brutalidad de los que abusan de su poder frente a la indefensión de los que no tienen ninguno y la responsabilidad de Occidente en los episodios más sangrientos de las últimas décadas. Salih Karabdic, un abogado bosnio que sobrevivió al asedio de Sarajevo y aparece en “Los procesos por crímenes de guerra” dice: “Unos lo ordenaron, otros lo cometieron, otros lo toleraron. Y son todos culpables”.

A propósito, en las notas sobre ese reportaje, Sacco cuenta que acordó una entrevista con dos de las juristas más importantes en los procesos de la antigua Yugoslavia. Sin embargo, ellas no quisieron dar declaraciones porque consideraron que los cómics no eran serios. “Creo que es posible ser riguroso dentro del marco subjetivo de una obra dibujada”, dice. Sin duda, Sacco ha librado una lucha para legitimar el cómic como una forma efectiva de hacer periodismo.

En su texto sobre Sacco, Said recuerda que los cómics –no los de aquel, sino los cómics en general– con su atractiva combinación de dibujos y palabras, dicen lo que de ninguna otra manera se podría decir. “Desafían el proceso ordinario de pensamiento, tan vigilado y reformulado por toda clase de presiones ideológicas y pedagógicas”. Los cómics –añade Said– me dieron la libertad para pensar, imaginar y ver de manera diferente. Todo esto sucede en las historias de Sacco. ¿Por qué? Él lo responde en una línea: “Porque se trata de mostrar los rostros, amigo. De eso es de lo que se trata”. 

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