RevistaArcadia.com

Una celebración de los demonios

La autora de Dioses, brujas y vampiresas y Mujeres perversas de la historia responde por qué el miedo del hombre a lo desconocido ha terminado por convertir las transgresiones de las mujeres en actos casi diabólicos.

2010/03/15

Por Redacción Arcadia

Susana Castellanos nunca se ha sentido conforme con explicar el mundo a partir de lo racional, de las verdades absolutas. Esa razón masculina, que ha dado lugar a las religiones monoteístas, pone a la mujer en un lugar que no le gusta para nada, contra el que se rebela.

¿Qué lugar es ese?

Pues un lugar en el que la mujer no tiene autonomía, un lugar en el que no asume su destino como algo propio. Eso que llaman “la condición humana” tiende a ser una visión masculina de la vida. Cuando uno entra en el mundo de los mitos, siente algo que pareciera salir de otra parte, algo más físico, más inasible, que es lo femenino.

¿De ahí su fascinación con las hechiceras?

Las hechiceras son mujeres libres. En la mitología, son mujeres hermosas y autónomas que se quedan solas. Ulises abandona a Circe, abandona a Calixto. La hechicera prefigura una idea de mujer en la historia del Occidente. Son autónomas en su vida y en su sexualidad, y es por ejercer esa autonomía que los hombres siempre las abandonan. Es un mundo radicalmente opuesto al de la princesa virginal. Las hechiceras son personajes trágicos por excelencia; personajes marginales que no van a terminar como la princesa de cuento. Pero ellas de la única manera que podían actuar, juegan otro juego: ponen las cartas sobre la mesa. Algo muy distinto pasa con, por ejemplo, el mito de la virgen María, o con las princesas morrongas que se conforman con ser un trofeo. Esa es una aberración terrible, una negación del cuerpo. Para mí, la virgen María está en la categoría de los monstruos mitológicos, junto a la quimera, aunque creo que el daño que ha hecho es mucho mayor.

¿Se podría aventurar la interpretación de que el abandono por parte de Ulises de esas dos brujas estupendas es un castigo masculino a una sexualidad independiente y poderosa?

Claro. Las hechiceras, las brujas, las vampiresas, representan el miedo del hombre a todo aquello que no pueda controlar, y que se encarna en lo femenino. Ellas inevitablemente representan lo femenino en su forma más extrema. Y hay un marcado temor masculino a ese universo femenino que se sale de lo racional y lo convencional.

Para usted, lo femenino se construye en contraposición a lo racional. Ellos son luz; ellas, oscuridad; ellos son racionalidad; ellas intuición, emoción. A las nuevas generaciones de mujeres les molestaría profundamente esa idea.

Hoy hay una corriente que busca volver a lo natural, cuestionando lo racional, lo científico. Busca lo místico, lo integral, y ese es el aspecto de lo femenino que me gustaría rescatar y que busca una comunión con la naturaleza. Yo no creo que lo racional sea necesariamente una virtud, y sospecho de las verdades en las que se ha sustentado el monoteísmo patriarcal. Le tengo pánico a todo aquello que pretende ser absolutamente racional como única lógica. Me gustan las visiones más íntimas del mundo, donde no predomina lo racional.

Pero esa idea acentúa el viejo cliché que dice que las mujeres se mueven en el territorio de las emociones, en el mundo de lo privado, y el hombre en el de las ideas, que es el mundo público. ¡Acabamos de nuevo confinadas a la casa!

Si examinamos el mundo actual, entendido como un mundo masculino, la verdad es que no tendríamos demasiadas razones para sentirnos orgullosos. Hace falta cuestionar un poco esa forma que ha sido entendido el mundo a partir de la ciencia y de las religiones monoteístas, cuyas consecuencias todavía padecemos en la forma de terribles conflictos bélicos. Hay algo muy femenino en esa búsqueda contemporánea de, por ejemplo, las religiones orientales. La necesidad de integrar, de no compartimentar la realidad. Pero es verdad que cuando las mujeres han transcendido de lo privado a lo público, se les ha estigmatizado.

Perversas como las brujas….

Las brujas ya son un fenómeno de los siglos XV al XVIII. El cristianismo considera que ciertas mujeres pactan con el diablo, un pacto que también es sexual. Es en esos siglos cuando se da la malevolización de lo femenino. Y la imagen de la bruja se torna fea, arrugada… Se asocia la mujer con la descomposición, y por eso, por ejemplo, se supone que arrugan más rápido que los hombres. Esa fealdad es expresión una cultura profundamente misógina.

Pero ¿no se podría pensar que esas mujeres de la Edad Media que fueron llevadas a la hoguera estaban buscando exactamente lo mismo que los hombres, el conocimiento? Ambos buscaban a través de la razón, con las herramientas que tenían a su alcance…

Pero las mujeres eran parteras, eran yerbateras, conocían las virtudes de las plantas. Los hombres en cambio estaban trabajando con la cábala, las matemáticas, la astronomía… Ellas miraban hacia la tierra y hacia el submundo, mientras ellos miraban hacia arriba… Es distinto.

Pero eso puede ser porque ellas no tenían acceso a la educación.

Sí, de acuerdo, en parte. Durante la Inquisición, el código jurídico con el cual se procesa a las brujas asegura que brujería es un problema femenino. Si disienten, ellos son considerados herejes. Ellas, brujas. Ellos son disidentes intelectuales, ellas en cambio tiene pactos con el mal. Si esta historia la hubiéramos contado las mujeres desde el principio, posiblemente los demonios de la mitología tendrían otras características. Pero me parece importante reivindicar a esos seres femeninos que han sido mal interpretados a lo largo de la historia, acusados desde una idea masculina de racionalidad. Una racionalidad entendida desde lo femenino sería distinta. La naturaleza femenina acepta la contradicción, acepta el territorio de lo posible, lo que no podemos asir del todo. La creencia en un solo dios único y verdadero es masculina, y se ha otorgado a lo largo de la historia el derecho a matar a todos aquellos que piensan de otra manera.

¿No es incómodo que todos estos arquetipos femeninos tengan que ser físicamente hermosos...?

Son atractivas, lo cual no quiere decir que correspondan a un canon establecido por hombres. Ellas definen qué es la belleza. Lilith tenía las piernas llenas de pelo y una cola de pescado. Hay un lado bestial en esas mujeres. La suya no es la belleza de las princesas, sino una belleza aterradora, inquietante, perturbadora. Mientras que la princesa virginal es casi incorpórea, angelical, estos demonios son pura piel, puro cuerpo.

¿Es posible una nueva narrativa en la que la hechicera pueda ser feliz?

Yo espero que sí. Vivimos en un momento en que la historia puede comenzar a ser contada por mujeres.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.