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¿A qué le damos click los colombianos?

¿Quiénes somos los colombianos en la web? ¿Qué leemos en la red, qué compartimos con nuestros amigos, cuáles son nuestros gustos? Recorrido sistemático y caprichoso por portales, páginas web populares, redes sociales y reportes estadísticos para construir un rápido retrato del colombiano digital.

2015/11/20

Por Catalina Holguín * Bogotá

Navego en contra del big data (oh la moda) y de los celos con que las empresas resguardan sus datos, y me aviento sin muchas herramientas a esta tarea de observación. El objetivo es tratar de discernir quiénes son los colombianos a través de sus comportamientos visibles en internet. Visito con repetida frecuencia una serie de lugares que puedan dar una visión relativamente representativa del comportamiento nacional en medios digitales. Registro durante el mes de septiembre y buena parte de octubre las noticias más leídas de El Tiempo y El Espectador así como el top de notas destacadas de Candela Radio y Vice. Paseo por las listas de temas populares de Twitter y reviso las estadísticas de búsqueda diarias en Colombia de Google y YouTube. Así, descubro que no hay noticia más popular que aquella que trafica en el escándalo y la vergüenza ajena, que estamos siempre atentos a aquello que se desvía de la norma sexual o corporal, que atendemos con desmedida pasión los chismorreos políticos (que harto distan, valga aclarar, de un diálogo ciudadano constructivo), que preferimos los videos humorísticos, y que el fútbol y la tv ocupan un espacio bastante importante de nuestra desperdigada atención.

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Según los distintos reportes de la Encuesta de Consumo Cultural del Dane 2014, la encuesta Ipsos Media CT encargada por MinTIC en el año 2012, los informes trimestrales que publica el mismo Ministerio y el reporte Futuro Digital Latam 2015 de la empresa ComScore, el colombiano dedica alrededor de 20 horas mensuales a navegar en internet.

En el país hay cerca de 10 millones de suscripciones a servicio de internet y más del 50 por ciento de la población cuenta con algún tipo de acceso. La franja entre los 15 y 24 años es la que dedica más tiempo a la pantalla y sus principales actividades son: enviar correos, usar redes sociales, mirar videos, escuchar música y visitar portales de noticias y deportes. Según ComScore, las redes sociales más populares son Facebook, LinkedIn y Twitter, pero la que reporta mayor crecimiento en el último año es Instagram con un sorprendente 5.000 %. Es, a todas luces, la red social de moda.

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Según Alexa, la empresa de mediciones y estadísticas de Amazon, entre los portales nacionales más importantes se destacan El Tiempo, El Espectador, 30minutos, Canal rcn y revista Semana. También aparecen las tiendas y bolsas de trabajo tales como Mercadolibre, Linio, olx y Computrabajo en los puestos 14, 19, 21 y 22, respectivamente, mientras que Bancolombia ocupa el lugar 26. A nadie se le escapa el hecho de que internet también es un importante espacio de transacciones laborales y comerciales. En las transacciones de la carne virtual, Xvideo ocupa el puesto 30, y el portal de clasificados Mileroticos, que incluye anuncios de “escorts, travestis, masajistas, amas, gigolós y chaperos”, el escalón 29.

¿Y en qué se traducen esas estadísticas gruesas? Durante el mes de septiembre y parte de octubre, YouTube Trends informó que el joven humorista chileno Germán Garmendia es la estrella principal de la galaxia YouTube colombiana. Al menos dos de los cinco videos más populares del momento son producidos por Germán. El chileno comparte su popularidad en los altos escalafones con artistas como Maluma, Nicky Jam y Silvestre Dangond y con unas pequeñas películas producidas por EnchufeTV, una productora audiovisual digital ecuatoriana que publica semanalmente una serie de videos cómicos.

Garmendia nació en 1990 y publica desde hace cuatro años monólogos humorísticos de unos tres a cinco minutos en los que hace pequeñas divagaciones sobre los regaños típicos de mamá, los comentarios tontos de la gente o los modales desagradables que matan las pasiones. Garmendia también reseñas videojuegos. Su canal de YouTube tiene 24 millones de seguidores y cerca de 130 videos publicados. Cada video arrastra entre 5 y 20 millones de clics y se estima que su canal ha generado un acumulado de 1.900 millones de vistas. Para poner esto en proporciones históricas (esto es, dentro de la historia de YouTube), el video Gangnam style del coreano psy tiene 2.500 millones de visitas mientras que el Waka Waka de Shakira, que ocupa el puesto 14 entre la lista de los videos más vistos de la historia, tiene 900 millones.

Si miramos las tendencias de búsquedas abiertas de Google, muchas reflejan directamente las noticias que ponen a rodar los medios periodísticos principales: “Timochenko” fue la palabra más buscada cuando se anunció el acuerdo de paz y “Nasa” y “luna roja” cuando ocurrió el eclipse. Pero en cualquier día, sin importar la fecha, el fútbol (sea liga europea o nacional, sea un jugador o el otro) protagoniza más o menos el 30 % de las búsquedas diarias en Colombia. Esta abrumadora preponderancia del fútbol la confirma ComScore. La agencia reporta que en toda América Latina, la franja temática de Deportes tuvo un crecimiento comparado con 2014 del 924 %.

Las tendencias de Twitter se pueden observar en Trendinalia, web que arroja los temas del día (también llamados hashtags) en orden de popularidad, según región, país y ciudad. Si bien Twitter refleja el interés exacerbado de los colombianos en deportes y en escándalos cotidianos (i.e. los contratos de Natalia Springer o el tuit de Petro de los Rolling Stones), predominan una serie de hashtags que invitan a la participación guiada. Este tipo de temas define en buena medida el tráfico cotidiano de Twitter. Día tras día, se posicionan siempre uno o varios hashtags que invitan a la gente a compartir su estado de ánimo con relación a un evento coyuntural. Por ejemplo, el Día del Amor y la Amistad, bajo el hashtag #diadenoviosyyo, la gente compartía su estado de humor o actividad en referencia a su soltería justo en el día que todo el mundo celebra lo contrario: “Día de novios y yo… como no tengo me la pasé acostada viendo pelis”.

El canalizador de audiencias

Toda la actividad generada en redes sociales –que haya links recomendados de su periódico favorito en el muro de su Facebook, que un tema del día sobresalga sobre otro, que un video tenga alcance viral– es la labor del community manager o administrador de comunidades. El trabajo de un community consiste en administrar redes sociales y fomentar el volumen de clics, likes y shares de medios periodísticos y/o marcas. Es un empleo de tiempo completo con horario de oficina y metas que cumplir. La labor no es menor si se tiene en cuenta que el grueso del tráfico de un medio periodístico llega referido por Facebook o Twitter. No sobra recalcar que el volumen de tráfico determina el costo de la pauta en medios y la cantidad de big data que un medio puede acumular y explotar económicamente.

Las estadísticas y los datos son el oro de internet. La importancia de los clics, likes y shares –que en la jerga digital se llaman “acciones”– tiene su explicación en la alquimia del big data, término altamente popular por estos días que se refiere a la recolección masiva de datos y su posterior interpretación (usualmente por parte de corporaciones y empresas de publicidad) para la toma de decisiones comerciales y de comunicación. El rastreo de datos permite identificar nichos y tendencias, orientar de forma más efectiva la publicidad, recolectar información demográfica muy específica, apuntalar estrategias publicitarias y de venta, y hasta rastrear enemigos del Estado, como bien lo advirtió hace dos años el informante de la nsa Edward Snowden. Lo que quiere decir que si un contenido genera un buen volumen de acciones (por ejemplo, una noticia negativa sobre Venezuela), este tipo de contenido tenderá a reaparecer de forma constante, hipnótica y casi nauseabunda, dada su tendencia a generar más acciones.

Entrevisto al community de un medio de circulación nacional para entender los mecanismos que usa para impulsar el tráfico de contenidos. Su meta es elevar el número de seguidores en Facebook y Twitter del medio que lo contrata y aumentar las “acciones” generadas con las noticias. En otras palabras, es un captador de público, un canalizador de audiencias. Esta persona ha pasado el suficiente tiempo observando las redes sociales para saber que los picos de actividad ocurren a las 9:00 de la mañana (cuando la gente llega a la oficina y prende el computador), a las 9:00 de la noche (cuando llegan a la casa y prenden el computador) y el domingo a mediodía (cuando siguen pegados al computador). Sabe que las noticias que más acciones generan son las listas y las recomendaciones (“Las cinco cosas que debes …”, o “Los diez mejores momentos de…”), sabe que los titulares del impreso son demasiado blandos y que él debe extraer el picantico, el sabor de la noticia y ponerlo en el titular y el resumen y, sobre todo, sabe que el editor del impreso lo odia. Lo odia por representar en redes una idea distorsionada del contenido. De hecho, la divergencia entre el contenido que aparece en redes y el impreso es casi de un 40 %. “Pero –dice el chico– a mí me miden por las estadísticas y a él también”.

La tiranía del clic se refleja con bastante claridad en los periódicos nacionales principales. Una mirada constante al top 10 de noticias más leídas de El Espectador y El Tiempo muestra una preponderancia por noticias que hablan de algún escándalo banal y/o vulgar (“Polémica en Ecuador por jurado de reality que criticó a joven que dijo no creer en Dios”), de alguna curiosidad o hecho extraño asociado a la salud o al sexo (“La historia de los niños a los que el pene les crece después de los 12 años”), o de un fenómeno climático o natural (“Las mejores imágenes del eclipse total de la superluna”).

Otra constante es Álvaro Uribe, que merece su categoría propia en este análisis. Por ejemplo, el 28 de septiembre, tres de las diez noticias más leídas de El Espectador eran sobre Uribe, con titulares como este: “Que Anncol, la página del terrorismo, me quiere ver preso… ¿Será eso nuevo?: Uribe”. Las noticias sobre el expresidente, que están siempre presentes en algún top de las más leídas del día en todos los medios principales del país, siempre generan una cadena de comentarios donde uno no puede más que agradecer el anonimato y la distancia física del internauta que emite esas palabras, que cito textualmente: “... salvo las “pruebas” fabricadas por los hijos de puta, el guerrillero cepeda, la perra de las farc enturbantada, el criminal del palacio liévano y otros de la iz-mierda mortecina ....”. Este tipo de comentarios son, al parecer, el oficio de tiempo completo de algunos lectores.

Por fuera del radar

Internet se puede ver como un espacio de masa propicio para el análisis grueso que proporcionan las estadísticas. Las tendencias de los tuiteros más influyentes o de las noticias más compartidas reflejan gustos colectivos o quizá, simplemente, las intenciones de hábiles mercadólogos y communities con un alto compromiso empresarial. Bajo esta lupa, la identidad nacional se reduciría al deseo de escándalo político y farandulero, al amor por la gramilla y la minifalda. Pero internet también es la representación de una sociedad global y diversa, es la posibilidad de leer libremente medios extranjeros, de ver películas de forma legal (Netflix reporta 600.000 usuarios en Colombia), de encontrar oportunidades laborales y becas en otros países o de educarse por medio de videos y tutoriales. Es un lugar apto para autodidactas.

Es, asimismo, un espacio para proyectos fundamentales de documentación y archivo como los de la Biblioteca Luis Ángel Arango, Biblioteca Pública Piloto de Medellín y la Biblioteca Nacional, que liberan para internet los acervos sobre los que se basan nuestra historia y nuestra cultura. Es un espacio para la apertura del diálogo, donde surgen proyectos periodísticos valiosos y divergentes que han logrado encontrar una audiencia interesada en construir un diálogo social, tales como La Silla Vacía, 070 y Razón Pública.

Internet también es un espacio de lo pequeño, de la expresión microscópica, individual, única. Y en ese otro polo existen también otras formas de hacer comunidad y de ver el mundo. Hay reservorios de nostalgia donde bien se encuentra un sketch de Jimmy Salcedo con Rafael Orozco y el Culebro Casanova, la web Museo Vintage de Andrés Ospina o la película Rapsodia en Bogotá, en la que vemos una ciudad a color, en pleno sol del optimismo de los años sesenta. Hay proyectos de arte, como el Museo Efímero del Olvido, que hace de lo temporal de internet su propia materia, o la recién inaugurada colección de arte del Banco de la República. Todos son proyectos que reafirman que internet no es solo una máquina de escándalos patrocinados. Es también un proyecto colectivo valioso que se basa en la generosidad mutua, en encontrar algo fantástico y útil solo por el hecho que alguien lo subió y lo compartió.

Hace tres años, un realizador uruguayo desempleado decidió capturar y comentar en un video lo que ocurría en YouTube con referencia al Uruguay. Tiranos Temblad se llama este programa semanal de Agustín Ferrando, que lleva 73 emisiones tipo noticiero cargadas de humor, ironía y empatía. “Me interesa mirar con amor y con respeto los hechos cotidianos de la vida”, afirma Ferrando. “Gracias, YouTube, por todo lo que nos das” es el lema de este programa que se nutre justamente de momentos insólitos del YouTube uruguayo, donde aparecen personajes entrañables como la Mamama, una viejita que cuenta historias a la cámara, o pequeños bailes tontos realizados por hombres disfrazados en provincias lejanas del Uruguay. El programa es sobre todo una lección de observación del microinternet, del espacio infinitamente minúsculo que cualquiera puede ocupar en la red y la celebración de la ley de probabilidades que dicta que aunque pequeño todo puede ser encontrado, visto y cliqueado.

*Periodista, editora invitada.

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Ser viral a la colombiana
Juan Andrés y Nicolás Ospina

Hace tres años compusimos dos canciones con la idea de comenzar un proyecto en el que pudiéramos combinar música con humor. Una de las dos canciones, titulada “Qué difícil es hablar el español”, reventó en las redes sociales como un poderoso virus que se regó por el mundo entero en cuestión de días. Aunque creíamos que era una canción que probablemente les iba a gustar a nuestros amigos, jamás pensamos que unas horas después de haberla compartido estaríamos respondiendo entrevistas a medios de comunicación de todo el mundo y recibiendo un bombardeo virtual que llenó por completo nuestras agendas durante las siguientes semanas.

No haber estado ni medianamente preparados para recibir este volumen de propuestas, emails, comentarios, halagos e insultos, hizo que fuera algo estresante lidiar con ese caudal de información; al fin y al cabo no teníamos página web, no entendíamos acerca de monetización de videos en YouTube, y no teníamos sino dos canciones en el repertorio del dúo que apenas comenzábamos (y que aún no tenía nombre).

A los dos años ocurrió un episodio similar con “Jamés pensé”, una canción sencilla que compusimos la tarde en la que Colombia le ganó a Uruguay en el pasado Mundial Brasil 2014, pasando por primera vez en nuestra historia a cuartos de final en una copa del mundo. Nuevamente estábamos en los principales canales de televisión y en las carátulas de varios periódicos de Latinoamérica, y aunque nuevamente el ajetreo fue descomunal, ya para entonces teníamos una plataforma mucho mejor preparada y pudimos sortear el momento con más destreza.

Más allá de la fama fugaz que viene con un fenómeno viral como estos, lo más importante para nosotros de toda esta experiencia fue que nos impulsó a consolidar el proyecto de Inténtalo, Carito (con el que actualmente nos hemos presentado en varios países y con el que seguimos componiendo y subiendo videos para la estela de miles de seguidores que dejó esa gran ola virtual) y que nos conectó con mucha gente que hoy nos sigue en las diferentes facetas de nuestro trabajo como músicos independientes.

Hay videos virales de escándalos, caídas, perritos y gaticos, bebés comiendo limón, discursos emotivos, bailes extravagantes, etc. Nosotros hemos participado de este extraño mundo de la viralidad virtual con canciones que integran la búsqueda creativa y honesta de nuestro trabajo como músicos, y ha sido muy gratificante poder compartir esa parte de nosotros con tanta gente.

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