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¿De qué se pierde usted si no está en Twitter?

Twitter

10 respuestas contundentes

Twitter ha entrado a competir con los medios de inf ormación tradicionales más poderosos de Colombia. Es hora de responder algunas preguntas sobre la red social que flotan en el aire.

Por: Camilo Jiménez Santofimio. Bogotá

Publicado el: 2013-07-18

1. ¿Es Twitter más popular en Colombia que en otros países?

Sí. En julio de 2012, la consultora Semiocast analizó los perfiles de 517 millones de usuarios y creó un escalafón, en el cual Colombia aparece en el puesto 12 con poco más de 6 millones de cuentas. La cifra sugeriría que 1 de cada 7 colombianos está en la red social. Pero una mirada más detallada es necesaria, pues las cuentas suelen estar inactivas. En febrero de 2013, la consultora Meridian Group contó en Colombia 1’340.000 de cuentas activas, con lo que el país es el décimo más activo del mundo; el número uno es Holanda. Pero volviendo al total de cuentas, Estados Unidos ostenta el primer puesto con 142 millones. Siguen Brasil, Japón, Gran Bretaña e Indonesia con entre 20 y 40 millones. En el siguiente segmento está Colombia, y llama la atención que aparezca junto a otros países mucho más poblados, como India, y más desarrollados, como Canadá. Alemania, una nación con el doble de habitantes y mayor acceso a la tecnología, está en el puesto 19. La obsesión por Twitter no es una particularidad colombiana. Argentina, Venezuela y México manejan cifras similares. Según la consultora comScore, los latinoamericanos están en Twitter 50% más tiempo que el promedio mundial. Los colombianos están conectados 6 horas al día, la mayoría por celular.

2. ¿Es posible debatir en Twitter?


Sí. Quien puede transmitir una idea, puede iniciar un debate. Y en Twitter abundan ambas cosas. La cuestión termina siendo, pues, de nivel. 140 caracteres es el espacio que ocupan dos líneas de texto en Microsoft Word. Transmitir una idea en pocas palabras y con claridad es complejo. En los siglos que precedieron a la era digital, los aforistas hicieron de ello una disciplina. Muy pocos la llevaron a la perfección; piénsese en Arthur Schopenhauer, en G.C. Lichtenberg o en el colombiano Nicolás Gómez Dávila. A los tuiteros, sin embargo, nadie debió explicarles esto para que echaran a volar sus pensamientos. Cada mes, los colombianos emiten 6.5 millones de tuits, de acuerdo con el Meridean Group. A la mayoría le preocupa principalmente no pasarse del límite de caracteres –de lo contrario es imposible publicar– así como lidiar con los # y los @, que quitan espacio, pero son necesarios para participar de un debate o conectarse con los otros usuarios (los aforistas clásicos, felizmente, carecían de este problema). Pero muchos se toman un tuit como un desafío, es decir, como la oportunidad para dar lo mejor de sí y destellar en medio del mar de mensajes. Escribir y debatir en Twitter, como escribió la revista Dinero en un informe del 2012, termina siendo “una competencia de tiro al blanco”. Y en Twitter, donde la única norma es la extensión y no hay moderadores, todo vale.

3. ¿Por qué algunos columnistas de opinión tienen tantos seguidores en Colombia?

El New York Times es el periódico más grande del mundo, y Bill Keller fue su director durante ocho años. Cuando renunció en el 2011, se volvió columnista del diario y sus textos se leen en todo el planeta. En Twitter, sin embargo, Keller tiene apenas 54.445 seguidores. Maureen Dowd, que no dirigió el Times pero es quizás la columnista más famosa de la prensa seria de Estados Unidos, tiene un poco más: 86.158 seguidores. En países menos entusiastas de internet, como los escandinavos, hay directores de medios y columnistas que ni siquiera se preocupan por estar en Twitter. En Colombia, en cambio, pocos comentaristas pueden darse el lujo de ignorarlo. Daniel Samper Ospina tiene casi diez veces más seguidores que el exdirector del Times. Daniel Coronell tiene 267.655; Gustavo Gómez, 150.118 y Félix de Bedout, 299.931. ¿Esto qué significa? Antes de las redes sociales, el acceso a los medios era espinoso. Había lectores, oyentes y televidentes, pero replicar era casi imposible. Twitter acabó con eso. Es un escenario abierto donde el lector está cara a cara con los protagonistas de la opinión pública. Les puede hablar, criticar, mortificar. Y también él es un protagonista.

4. ¿Pueden los políticos y los funcionarios tuitear sus opiniones personales?

Sí. Ellos tienen la libertad de expresarse, y lo hacen, y copiosamente, políticos de la talla del presidente Santos, el expresidente Uribe y el alcalde Petro. Pero sobre todo ellos deben conocer el alcance de esa libertad. Twitter se asemeja a una plaza pública. Pero un político atrae más atención, causa más controversias y es más vulnerable. Twitter permite comunicarse con rapidez y sin la intervención de los periodistas. Muchos ven aquí una ventaja, pero no todos son conscientes de que el tiempo real implica menos reflexión y más riesgos. En febrero de 2013, se conoció una serie de tuits del recién nombrado presidente de la Empresa de Energía de Bogotá, Fernando Gómez Franco. Había escrito cosas como: “El nuevo dorado muy bonito pero toca traer lonchera, no venden ni mier…” o “Amanecí con ganas de emborracharme…”. Que un funcionario con un sueldo de 34 millones de pesos se expresara así causó indignación, y sus tuits le costaron el puesto. En Colombia no hay una jurisprudencia que regule a Twitter. Solo ha habido una insinuación del procurador Ordóñez, quien hace un año dijo: “Los funcionarios públicos tienen un marco funcional dentro del cual deben ejercer sus competencias y la Procuraduría está vigilante para que ellos se adecúen a ese marco”. La declaración generó un escándalo, sobre todo en Twitter, y Ordóñez debió retractarse.

5. ¿Hay detrás de toda cuenta de Twitter una persona de carne y hueso?

No siempre. Muchas cuentas están inactivas y muchas otras son falsas. Las primeras son las cuentas de personas registradas que no usan Twitter. Las segundas son creadas por bandas dedicadas a difundir correos basura, o spam, o son compradas para dar la impresión de que una persona tiene muchos seguidores. Tener seguidores fantasmas no siempre quiere decir que los propietarios de las cuentas los hayan comprado. Pero, según Silvia Parra, experta en redes sociales, pagar para engordar la lista de seguidores es algo común. Lo hace un político cuando está de campaña, un artista cuando necesita promocionarse o una empresa para lanzar una marca. Según Parra, incluso en Ebay existe la opción de comprar seguidores. “Todo por hacer que una persona parezca más influyente de lo que es”, dice. La plataforma Status People ofrece una herramienta gratuita llamada Fake Follower Check, que permite saber cuántas cuentas falsas y cuántas inactivas están detrás de los seguidores de una persona. De los 2’330.607 seguidores de Álvaro Uribe la mitad están inactivos y 20% son falsos. Juan Manuel Santos tiene 1’993.623 seguidores, pero la mitad son falsos y 30% están inactivos.

6. ¿De qué hablan los colombianos cuando tuitean?

En el 2012, la consultora colombiana Meridean analizó lo que comparten los 1’340.000 usuarios activos que hay en Colombia. Ni la política, ni los debates de temas económicos o sociales ocupan a la mayoría de los tuiteros. En Colombia se publican cada mes 6’506.475 tuits. Los cinco temas más recurrentes son la música (13%), las noticias y la actualidad (12%), los deportes (11%), los temas sentimentales (11%) y las frases célebres (9%). La mayoría de los tuiteros no están debatiendo o, indignados, criticando a las élites del país, sino haciendo cosas tan triviales como compartir una canción favorita. Hay otra forma de clasificar las rutinas: por acciones. Dos de cada tres veces, un tuitero está mencionando a alguien. Para ello usa el símbolo @ y escribe junto a este el nombre de un usuario, la mayoría de las veces por cuestiones sentimentales. Una de cada tres veces, está actualizando su estatus y en el mejor de los casos lo hace con una frase ingeniosa. La tercera acción más común (23%) es chatear: interactuar con alguien más para preguntarle como está, contarle un chiste o ponerse una cita. Finalmente, el 15% de las veces la gente está retuiteando, es decir, replicando lo que escriben otras personas. Los días de mayor actividad son los lunes y los martes, sobre todo en la noche.

7. ¿Se comporta alguien en Twitter como se comportaría en el mundo real?


Twitter es mucho más cotidiano y trivial de lo que se cree. Pero no siempre es así. Además de fungir como un lugar de encuentro, esta red social también es una esfera pública donde la opinión es importante pues, como la radio y la televisión, tiene una audiencia amplia y mucha influencia. Allí, compartir música o escribir refranes es algo secundario. Lo principal es participar en los debates relevantes para el país, con denuncias y opiniones. Según Meridian, 60% de los tuiteros usa su nombre real para identificarse. Y aunque no ha sido medido, basta usar Twitter para enterarse de dos cosas: que una buena parte de quienes opinan a diestra y siniestra son anónimos, y que estos como otros tuiteros con nombre real no se comportarían en la realidad como lo hacen en Twitter. Para bien o para mal. Twitter es, entre otras cosas, una vía para expresarse. Y ahí, un carácter retraído tiene una oportunidad. Muchas veces sorprende que un tuitero prolífico y combativo sea, cuando se presenta en persona, tímido e inseguro. En Twitter uno no le da la cara a una cámara de televisión o a sus interlocutores. Así, opinar (y, a veces, estigmatizar y difamar) es más cómodo. En un programa radial de opinión como Hora 20, los panelistas discuten y se gritan, pero saben que hay un límite. En Twitter ese límite no existe.

8. ¿Debería haber reglas para Twitter?


Roberto Saviano es un famoso periodista italiano que en el 2006 denunció el poder de la mafia italiana en su libro Gomorra. Las amenazas pronto lo hicieron abandonar su país y vivir en la clandestinidad. A pesar de las dificultades, el mundo real le ha ofrecido a Saviano cierta protección. En Twitter, en cambio, él no la tiene. Allí los ataques contra él, los improperios, las amenazas no cesan. Y no puede detenerlos. De ahí que el pasado mayo publicara en varios periódicos europeos un artículo titulado “Fuera matones de nuestro Twitter” para exigir reglas para la red social. La libertad de Twitter tiene un doble filo. Ha servido para desnudar a los poderosos, pero también para matonear y finalmente aplastar a mucha gente. ¿Es esto justo? Los medios tradicionales siguen reglas muy específicas para informar, analizar e, incluso, para opinar. No todos los periodistas las respetan (y muchos tuiteros han servido como vigilantes), pero en una sala de redacción hay filtros e instancias de control y reflexión que en Twitter no existen. Chocar con la opinión no es algo nuevo. Antes de Twitter, por ejemplo, un jugador de fútbol sabía que si había jugado mal no debía abrir el periódico al día siguiente. Pero en Twitter no importa si jugó mal o bien. Y no hay cartas al director, ni abogados que obliguen a un tuitero a rectificar. El único remedio termina siendo bajar la cabeza y apagar el celular.

9. ¿De qué se pierde uno si no está en Twitter?


No de mucho. Y esto en gran parte debido a los mecanismos propios de esta red social. Cada día, los usuarios colombianos emiten más de 200.000 tuits. La gran mayoría trata de cuestiones cotidianas que no merecen mucha atención. Pero aquellos que se ocupan de la actualidad y son, en sí, valiosos están bajo tal nivel de supervisión que tarde o temprano terminan en los medios tradicionales: la radio, la televisión, la prensa escrita. Cualquier usuario puede poner de moda un tema (trending topic) con solo usar el símbolo # y ponerle un título. Si el tema es importante, otros usuarios usarán el mismo título para escribir sobre el mismo asunto. Y si miles o millones de usuarios hacen lo mismo, el tema se vuelve “viral”, es decir, un fenómeno que se esparce como un virus y contagia a todo Twitter. Los reporteros de los medios de comunicación no solo suelen tener cuentas en Twitter, sino estar muy atentos a estos trending topics y sobre todo a aquellos que se vuelven virales. Conclusión: quien quiera estar informado de lo que sucede en Twitter, pero no tenga una cuenta, no debe sentirse desinformado. Siempre y cuando sea relevante, lo que sucede en el mundo de los tuits sale al mundo real.

10. ¿Es Twitter una ganancia para la sociedad?


Sí. Ha significado un avance, especialmente en los países donde no hay o está limitada la libertad de expresión. La Primavera Árabe mostró el verdadero poder de Twitter: les permitió a millones de personas no solo decir sus opiniones, sino también congregarse, protestar e, incluso, tumbar regímenes. En países como Colombia, los efectos de Twitter no han sido los mismos, pues la libertad de expresión está apuntalada en la Constitución. Pero Twitter se ha convertido en un órgano de control. Difundir opiniones ha dejado de ser un privilegio y es hoy un fenómeno de masas. Es caótico, anárquico y permite constantemente equivocaciones, pero a la vez ha hecho colapsar jerarquías que parecían intocables y ha obligado a las élites políticas, sociales y periodísticas a abrirse. Twitter pone en conexión a cualquiera con cualquiera. Las personas más poderosas del mundo están allí. Hay excesos y muchas veces se percibe más un clima de histeria que de reflexión, pero los principios de la mayoría de los tuiteros parecen seguir siendo la transparencia y la defensa de una sociedad libre y democrática.