Otra serie sobre nada

Se hacen cada vez más series solo para la Web. Una de las más divertidas es Comedians in Cars Getting Coffee, un programa de entrevistas con comediantes, dirigido por el mítico Jerry Seinfeld. Está en www.crakle.com.

2013/08/16

Por Deivis Cortés. Bogotá.

 

Para aquellos que nos resistimos al hecho de que Seinfeld y Curb your Enthusiasm terminaron, llega Comedians in Cars Getting Coffee, la nueva serie de Jerry Seinfeld que ya va por la mitad de su segunda temporada. Se trata de un formato exclusivo para internet donde en cada episodio Jerry conduce un carro distinto, que selecciona de acuerdo con la personalidad de su invitado de turno (otro comediante), con quien conversa durante aproximadamente quince minutos mientras beben café en algún local de Nueva York o Los Ángeles.

Un programa que –tal como lo definía su invitado del episodio piloto, el genial Larry David–, es una vez más “una serie sobre nada”: mítica premisa que fue insignia de Seinfeld y que ha causado muchas discusiones, malentendidos y presupuestos infundados. ¿Qué significa una “serie sobre nada” que es al mismo tiempo la mejor comedia televisiva de todos los tiempos y una de las dos o tres series (en general, sin distinciones de género) mejor escritas? No se trata de que no tenga argumento, sino de que parte de situaciones cotidianas, triviales, nimias, como de las que bebe cualquier artista del stand up, salvo que son desarrolladas y explotadas hasta alcanzar la dimensión de un plot, de una trama dramática sólida. Ese precisamente fue el mérito de Larry David, su cocreador y principal escritor: elevar la lógica del comediante al terreno de la escritura con mayúsculas, entroncando, de paso, con una rica tradición judía que venía desde los hermanos Marx y pasaba por Woody Allen.

Llegados a este punto, muchos se preguntarán cuál es la diferencia entre un cómico y un comediante. Posiblemente Billy Crystal haya sido quien lo explicó con mayor claridad, en la famosa entrevista para el programa Desde el Actor´s Studio. Ponía el ejemplo de un grado universitario, un gran evento solemne donde en pleno discurso del decano, un miembro del auditorio subía al podio y le bajaba los pantalones al orador causando la carcajada general. ¿Quién es el cómico y quién es el comediante en esta situación? El cómico, decía Crystal, es evidentemente el bufón que tuvo la osadía de bajarle los pantalones al decano. El comediante, por su parte, fue quien logró convencer al bufón para hacer eso.

Y es que el artista de stand up, el comediante, está en un terreno intermedio y pantanoso. No es un simple cuentachistes (como lo siguen siendo los supuestos “comediantes de la noche” colombianos), ni desarrolla acciones físicas que causan la risa visceral, casi inmediata, y aunque podría pensarse en él como un intelectual, tampoco alcanza a ser un escritor propiamente dicho. Está justo en el medio, en un terreno donde el desarrollo de la broma no se extiende hasta un argumento sólido pero tampoco se limita a la anécdota, aunque sí comparte con el escritor canónico el hecho de tener un universo propio, una mirada particular, con obsesiones recurrentes, atmósferas definidas y tonos característicos.

Comedians in Cars carece de escritura, por ende no tiene ese valor agregado que ostentaban Curb your Enthusiasm y Seinfeld, pero aun así es encantadora y bastante disfrutable. Se sustenta en conversaciones sin guion, apuntando a una suerte de naturalismo donde tanto los invitados como el anfitrión son ellos mismos y todo se registra como en un documental, con múltiples cámaras instaladas tanto en el carro como en los locales donde beben café. Y aunque el formato, vía montaje, pareciera que apuntara a lo fugaz, al mero retrato de un encuentro trivial, es mucho más que eso, ya que entre chiste y chanza (nunca mejor utilizada la expresión) se van construyendo apuntes a la reflexión sobre la comedia misma y el oficio del comediante, intentando desentrañar ese mecanismo misterioso y a la vez simple que es la risa. Es también la oportunidad de asomarse al proceso creativo, a las conexiones, a la maquinaria industrial de este espectro de show bussiness que no se toma tan en serio al darlo por sentado. Una serie que puede disfrutar cualquier espectador aunque desconozca las carreras de los invitados de turno, pero que con seguridad privilegia al iniciado en el mundo de la comedia, regalándole piezas sueltas de información que lo llevarán a otros productos (como el logrado pero casi desconocido documental Comedian), y momentos supremamente conmovedores, casi hawksianos, como el que tiene lugar en el décimo episodio de la primera temporada, el encuentro con el legendario Michael Richards.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.