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La palabra llana

Este investigador del lenguaje ha emprendido una cruzada, desde hace unos años, para insistir en que se escriba con claridad para que los ciudadanos accedan a sus derechos y cumplan sus deberes.

2010/03/15

Por Claudia Rodríguez y Ana María Camacho

En este mundo globalizado y por cuenta de las nuevas tecnologías, la lectura se ha incrementado y las formas de leer han cambiado: leemos en diferentes lenguas y a través de distintos soportes, accedemos a discursos especializados de las ciencias y de la jurisprudencia, nos enteramos de lo que piensan otros a través de foros y chats, divagamos entre motores de búsqueda y webs. En medio de este caudal de información y opiniones de diversa exactitud y profundidad, y en un a época en la que todos, en apariencia, podemos expresar nuestras ideas y puntos de vista, tendríamos que confiar en nuestra capacidad para leer, comprender y reflexionar, para desentrañar las tendencias, sutilezas y discriminaciones que impregnan cada discurso. Es decir, tendríamos que poder recuperar la ideología que hay detrás de cada texto. Este es el centro del proyecto de investigación de “literacidad crítica” que hoy ocupa a Daniel Cassany, profesor de análisis del discurso e investigador de la comunicación escrita en la Universitat Pompeu Fabra, de Barcelona, y quien estuvo en Bogotá en el Seminario Internacional Escritura creativa y creatividad en su enseñanza, enmarcado en las actividades de Bogotá Capital Mundial del Libro.

Quien lee sus libros se da cuenta del interés que usted tiene por expresar de manera clara una serie de planteamientos sobre las posibilidades que tiene cualquier individuo de ser escritor. ¿Qué es para usted un escritor?

Es cualquier persona que escribe por el motivo que sea; eso incluye a los autores de literatura, pero también al conjunto de ciudadanos y ciudadanas que deben escribir en sus profesiones, porque viven en comunidades letradas. Supongo que es más fácil entender que el vocablo escritor tiene dos acepciones. Una, la más corriente, que se refiere a “autor de textos de creación”, y otra, la literal, pero quizá más oculta en las comunidades hispanas, que sugiere “persona que domina las prácticas de producción de discursos escritos”. A mí me interesa más esta segunda acepción porque es la menos trabajada, porque es la que afecta a más personas y porque es la más relacionada con el mundo de la educación.

En este sentido, ¿qué significa leer como escritor?

Significa leer no solo para comprender, para tomar el contenido que nos aporta un discurso, sino leer para adoptar el punto de vista del autor. Significa fijarte también en la forma, en el estilo, en el tono. Es como volver a producir el texto de nuevo, junto con el autor. Dicho de modo más científico, es una manera de distinguir dos formas de lectura: la lectura convencional (leer como un lector) y la lectura que supone aprendizaje lingüístico y estilístico (leer como escritor).

Usted es un abanderado de la escritura eficaz, clara y correcta, que asocia con el lenguaje llano, ¿por qué es necesario ese lenguaje llano?

Porque creo que estamos de acuerdo en que en un mundo democrático vivimos todos mejor, con más derechos y felicidad, y porque, puesto que este mundo también es letrado –escrito– el acceso a los discursos escritos es indudablemente una puerta o una necesidad para incrementar la democracia. No queremos lenguaje llano per se, porque sea más breve o más claro, sino básicamente porque de este modo más personas pueden acceder a los derechos que les pertenecen. ¿Cómo puede esperarse que una comunidad cumpla con sus obligaciones y ejerza sus derechos, si los documentos en que se formulan los mismos (constitución, código civil y penal, sentencias judiciales, lenguaje administrativo) son incomprensibles? También es obvio que cualquiera puede comprender lo que le afecta, lo que tiene incidencia en su vida cotidiana, si se explica con sus palabras, con su mundo.

Usted afirma que los científicos tienen la obligación de hablar en ese lenguaje llano. ¿Y los filósofos? ¿Los sociólogos? ¿También ellos tienen esa obligación?

La denominación científicos incluye las ciencias naturales, las sociales y las humanas. Son tan científicos un genetista o un biólogo como un educador, un lingüista o un geógrafo. No estoy muy seguro de que los científicos sociales tengan menos compromiso que los naturales con la divulgación. Recuerdo buenas disputas entre Jean Paul Sartre y sus coetáneos por el tema de la divulgación de sus teorías filosóficas. El acceso a los textos se complejiza porque, escritos o no en lenguaje llano, llegan a los lectores a través de blogs, chats, páginas de internet, wikis, celulares...

Entonces: ¿Cómo definiría usted al lector ideal del siglo XXI?

Un lector competente es el que puede usar los discursos de su comunidad, en su momento histórico, en las prácticas letradas correspondientes. Lo que ocurre es que los discursos escritos cambian con el tiempo y con el espacio, de modo que hoy en Occidente tenemos también textos electrónicos, además de los analógicos en papel. Luego, con el cambio de los discursos y de sus medios de producción, diseminación y recepción, también cambian los roles de lector y autor. Es en este sentido que hoy la lectura y la escritura es más social, colaborativa, que antes.

Con base en esto usted plantea que se tejen nuevas redes comunicativas donde surgen nuevas culturas: ¿qué pasa con la identidad de los individuos dentro de estas nuevas redes?

Un autor siempre ha sido el resultado de lo que escribe o ha escrito; su imagen depende de lo que piensan sus lectores a partir de lo que han leído de él o ella. Esto sigue siendo así, con la variación de que hoy no solo usamos libros de papel, sino blogs, wikis, correos y el resto de géneros electrónicos. Esto hace que hoy la escritura sea más multimodal, que la letra integre también imagen, audio, video. En resumen, esta identidad, construida con base en lo que escribo y en las lecturas que los otros hacen de mis escritos, gana en complejidad debido a la nueva diversidad de textos y sus especificidades.

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